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Las 12 obras extraviadas por la UPNA están tasadas en unos 4.300 euros

El rector compareció este martes 4 de octubre en el Parlamento foral y desveló que 11 de las piezas, excepto el díptico del pintor Fernando Iriarte, son de pequeño formato

Ampliar El rector de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), Ramón Gonzalo, en su comparecencia en comisión parlamentaria
El rector de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), Ramón Gonzalo, en su comparecencia en comisión parlamentariaJ.C. Cordovilla
Actualizado el 04/10/2022 a las 23:03
El rector de la Universidad Pública de Navarra, Ramón Gonzalo García, compareció este martes 4 de octubre en la Comisión de Cultura y Deporte del Parlamento foral, a petición de EH Bildu, para informar de la colección de patrimonio artístico del centro académico y de las labores de investigación que han llevado a cabo para localizar las 12 obras que se encuentran desaparecidas .
El extravío de estas 12 obras había sido reconocido precisamente por la propia universidad el pasado agosto cuando el artista Pedro Salaberri, comisario de la muestra Después de los Encuentros, inaugurada el 30 de septiembre en la Sala de Armas de la Ciudadela y que ofrece una exposición colectiva sobre la influencia que este evento tuvo en una generación de artistas, solicitó a la UPNA La nube, el río y el molino, del pintor Fernando Iriarte, y esta le contestó que esa obra estaba desaparecida y no se encontraba en el campus de Pamplona (al parecer desde 2014, según concretaría poco después el autor).
Se da la circunstancia de que Ramón Gonzalo García es rector de la universidad pública solo desde junio de 2019 (cuatro años después de la desaparición de la obra de Iriarte), aunque sí formó parte del anterior equipo de Alfonso Carlosena (2015-2019) como vicerrector de Investigación.
En su comparecencia, Gonzalo García puso en contexto la magnitud del extravío -12 de un conjunto de 232 obras, que incluyen pintura (50%), escultura (10,8%), obra gráfica (5,5%), fotografía (28,4%) y técnica mixta (5,20%)- y explicó cuáles fueron los principales hitos en la configuración de la colección, adquirida sobre todo de 1990 a 2002. Además dio a conocer cuáles eran las obras extraviadas, relató las acciones que se habían llevado a cabo para localizarzas y recordó el compromiso de la universidad con el arte y los artistas; y, tras su intervención, tomó nota de las preguntas, críticas y sugerencias de los representantes de los distintos grupos políticos.
A continuación se incluye un extracto de los principales datos revelados en la comparecencia.

12 obras, la mayoría en formato A4 y agrupadas en una carpeta azul

El rector especificó que siete de las 12 obras desaparecidas son de Fernando Redón (tres grafitos y cuatro acuarelas sobre la vida cotidiana) de pequeño tamaño (A4), que el autor donó y que “en ningún momento estuvieron expuestas ni encuadernadas”. Además hay dos grabados de Antonio Eslava del mismo tamaño y un grabado de Amadeo Gabino del que no se conserva ninguna fotografía ni datos. Estas diez obras se encontraban guardadas “en una misma carpeta de color azul eléctrico con lazos negros”, que se vio por última vez en 2003, que en 2007 apareció como no localizada y que aunque se procedió a su búsqueda no se encontró. Más adelante, en el siguiente inventario, realizado en 2017, se informó de la desaparición de una fotografía de pequeño formato sin título de la serie Sueños de Ciuco Gutiérrez, aunque “probablemente desapareció mucho antes”. Y la última desaparición, detectada en 2015, esta ya sí correspondiente a una obra de gran tamaño es la de El río, la nube y el molino, de Fernando Iriarte, un díptico compuesto por dos cuadros de 2m de alto y 1,3m de ancho.

Un valor global estimado de 4.300 euros

Aunque Gonzalo García no hizo en ningún momento una estimación del valor global de las obras, sí detalló sus últimas tasaciones. Según sus informes, el valor de las láminas de Redón, Eslava y Gabino varía entre los 200 y 400 €; el de la fotografía de Ciuco Gutiérrez es de 900€; y del díptico de Iriarte apuntó un dato curioso: la tasación de 2007 le daba un valor de 9.000 € y, sin embargo, la última de 2017, solo de 400€. Si se coge este último dato y se suma una media de 300€ por las diez láminas y los 900€ de la fotografía de Gutiérrez, el total asciende a 4.300€. No obstante, en agosto Iriarte desveló que en 1993, cuando la obra fue adquirida por la UPNA, esta le pagó 670.000 pesetas, que equivaldrían a 4.027€.

Obras aseguradas

El máximo responsable de la universidad pública dijo también que las 12 obras extraviadas están cubiertas por el seguro pero que, para activar la póliza, es necesaria la presentación de una denuncia previa, que aún está armándose y que presentarán ante la Policía próximamente.

Sin denunciar todavía ante la Policía

Gonzalo explicó que la denuncia aún no se ha presentado porque “la auditoría jurídica de la universidad exige recopilar bien los hechos antes de transmitirlos a la Policía”. En su opinión, hay que tener en cuenta que la mayoría de los extravíos se produjeron antes de 2007 y que hay muchas personas que pudieron tener contacto con las obras, a las que hay que entrevistar en la investigación interna .

Los múltiples cambios y traslados, causa del extravío

Ante las diferentes críticas realizadas por los representantes de los grupos políticos, en las que se dio a entender, especialmente por Maiorga Ramírez (EH-Bildu), que el motivo de la desaparición de las obras de arte podía ser el “desorden”, el rector de la UPNA se defendió y apuntó a los múltiples cambios y traslados realizados en los primeros años de la universidad como principal motivo de las desapariciones. Y aunque reconoció en varias ocasiones que “hay cosas que se han hecho mal”, aseguró que “han ido aprendiendo de todos estos hechos”.

La UPNA no es “ni un museo ni una catedral”

Gonzalo subrayó que la universidad “no es ni nunca va ser ni un museo ni una catedral” y “que aunque han mejorado desde 2015 todos los protocolos tanto administrativos como en la gestión y el control de las propias obras”, “nunca van a tener cámaras de vigilancia” (una solución muy comprometida, teniendo en cuenta el derecho a la intimidad de los estudiantes), “ni guardas de seguridad apostados en todas las salas, despachos y lugares donde haya colocadas obras de arte”. “La universidad es un lugar muy abierto, por el que circula mucha gente y así seguirá siendo”, declaró.

Compromiso con los artistas y con el cuidado del patrimonio

Para concluir, el rector destacó que los artistas siguen confiando en la universidad pública, a la que acuden de forma continuada para ofrecer su obra y mostrarla en los distintos espacios expositivos, que ellos mismos comisionan. Después, se comprometió a “velar por la seguridad del patrimonio” llegando al final con esta investigación y “tratando de evitar por todos los medios que estos hechos vuelvan a suceder en un futuro”.
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