Helena Maleno: "Cuanto más discurso racista hay, más personas explotadas"
La activista, expulsada por Marruecos en enero después de dos décadas en el país, explicó en Pamplona su labor de defensa de derechos humanos de los migrantes, trabajo por el que los tribunales español y marroquí le abrieron causas


Publicado el 04/04/2022 a las 06:00
Natural de El Ejido, el acento almeriense de Helena Maleno Garzón asoma cuando recuerda sus orígenes. Nació hace 51 años en una familia de jornaleros “muy humilde, pero muy honesta, con valores de lucha y solidaridad”. Su pueblo, explica, era una zona empobrecida hasta que llegaron los invernaderos y “las personas migrantes que son explotadas” en ellos. “Eso me impresionó mucho”, confiesa. Periodista e investigadora, pronto se perfiló como activista por los derechos humanos. Su voz se llena de energía cuando cuenta su primera incursión al otro lado de la valla de Ceuta, en 2002, que la llevó a cofundar el colectivo Caminando Fronteras e instalarse en Marruecos. Del reino alauita fue deportada en enero de este año, en una expulsión que la separó de su hija menor, de 14 años, durante más de un mes. Denuncia una persecución política por su labor: documentan las desapariciones y muertes en las rutas migratorias, colaboran en la identificación de cuerpos y avisan a Salvamento Marítimo de las pateras que se echan al mar. Los tribunales españoles y marroquíes abrieron causas que se terminaron por archivar, cuenta Maleno, porque “no encontraron ánimo de lucro” en su trabajo. La activista ofreció una ponencia en las jornadas ‘Migrar: el derecho a una vida digna’, organizadas por Fundación Alboan en Civivox Condestable.
¿Cómo se encuentra su familia?
Recuperánonos, es como vivir en el exilio. Hemos recurrido la expulsión, nunca tuve información de por qué fue, y estamos esperando que sea la vista. El trabajo seguimos haciéndolo, ha sido más el impacto en la vida personal, salir de tu casa sin nada y no poder recuperar tus cosas, que tu hija no pueda ver a sus compañeros de colegio, el cambio de sistema…
¿Cómo explica su labor a quienes le acusan de ser como una mafia?
Mi trabajo diario es que la gente no se muera, defender la vida. Nadie tiene por qué morir por cruzar una frontera. Cuando nos llega un aviso de una embarcación alertamos a los servicios de rescate.
¿De cualquier país?
Sí, tienen la obligación de organizarse para salvar la vida de esas personas. No lo decimos nosotras, está en la convención internacional de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar; queremos que se aplique. Las organizaciones estamos entre el negocio que tienen los Estados con las empresas de armamento para el control de movimiento y el de las redes criminales, que a nosotras también nos persiguen y amenazan.
¿Ha recibido amenazas?
Y agresiones físicas cuando estamos trabajando. Es lo que les pasa a las personas migrantes: el Estado las persigue con las políticas de control de movimiento, y las redes se lucran a través de ellas y les importa una mierda su vida. Están en medio de todo y son las víctimas.
¿Cómo les llegan los avisos?
Al teléfono de alertas puede llamar la propia embarcación. Pasamos a Salvamento la información. Ahora no sabíamos que una embarcación de Senegal había salido [por el 14 de diciembre], y uno de los familiares nos ha llamado.
¿La pandemia ha influido en estas rutas?
El covid está teniendo un efecto de expulsión. Los argelinos siguieron saliendo cuando todo el mundo estaba confinado. Los marroquíes están saliendo con el empobrecimiento que ha producido la pandemia. Países que viven del turismo están cerrados a cal y canto, y familias que eran de clase media-baja se han quedado sin nada. Como todos los chavales que aparecieron en Ceuta; toda la zona vivía del comercio de la frontera.
¿Cuáles son las cifras de muertos y desaparecidos en estas rutas?
Nuestro trabajo es muy exhaustivo, naufragio por naufragio, desapararición por desaparición. Nuestras fuentes son las propias personas y familias. De ahí verificamos y cruzamos los datos. La ruta que está más activa y donde ha habido más muertes es la atlántica, es la más peligrosa del mundo. Ya en el primer semestre de 2021 se habían superado las víctimas de todo 2020. Este año las cifras van a superar con creces las de años anteriores, incluso antes de la pandemia.
¿Qué postura adopta Marruecos al respecto?
En muchas ocasiones la marina no sale o tarda. O no tiene avión y les decimos, coordínense con España. O se abordan los rescates con embarcaciones que no sirven y hay accidentes. Hay mucha sensibilidad en la identificación de muertos, sobre todo en el norte, porque sus hijos también se mueren en el agua. En los últimos años ha habido un retroceso en derechos humanos en el país; los gestos que hizo el rey de democratización no se han implementado.
¿Cómo fueron aquellos días en los que Marruecos abrió las puertas de la frontera con Ceuta?
Tres días antes las comunidades de migrantes empezaron a llamarnos diciendo que se iba a abrir la frontera. Luego nos llamaron ya marroquíes. Estaba como organizado, les estaban informando. Puse un tuit que no retuiteó casi nadie y, de repente, se dejó pasar a todo el mundo. Por un lado nos dolió mucho que Marruecos usara a su propia gente como chantaje; por otro, que España haya tenido esa política de violación de derechos de la infancia, de deportaciones de niños que el tribunal ha dicho que no se podían hacer. Luego hemos visto cómo los críos se tiraban al agua.
¿Se refiere a los que intentan llegar a la Península desde Ceuta?
Se tiran por las malas condiciones en las que viven. Hay cinco chavales llevan más de una semana desaparecidos de una patera que ni siquiera se está buscando. Ceuta no podía asumir a todos, es un espacio muy pequeño, pero ¿por qué no repartir la solidaridad entre distintas comunidades? Hubiera dado una imagen de un Estado cohesionado y comprometido con los derechos humanos, pero al final ha dado la misma que Marruecos, que usa a los migrantes.
¿España es capaz de asumir toda la llegada de migrantes?
La mayoría entra por avión, pero las pateras es lo que da más dinero a las empresas de armamento que trabajan en control migratorio, y lo que más sostiene el discurso racista de la necropolítica. España es un país de tránsito, muchos van a Francia y otros países de Europa, claro que se pueden asumir. Lo que la mayoría hace es trabajar en situaciones de irregularidad. Hay ver qué pasa para que no se estén detectando todas las situaciones de explotación laboral, por qué Murcia es una de las regiones donde más esclavitud laboral hay y a la vez es donde más se vota a determinados partidos xenófobos y racistas. Cuanto más discurso racista, más personas en situación de explotación.