Entre Navarra y Ucrania

Yulia ya está en Polonia y su hermana respira tranquila en Fustiñana

Yulia Korniienko salió el martes de Ucrania, con su madre y su hermana. Tras una odisea de 24 horas de viaje fueron acogidas por una familia en Polonia. Su hermana Yelena respiró aliviada en Fustiñana

Yulia Korniienko, con su madre, su hermana y tres amigas, en el tren que les llevó camino de Polonia, un trayecto duro, con muchas lágrimas y algunas sonrisas.
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Yulia Korniienko, con su madre, su hermana y tres amigas, en el tren que les llevó camino de Polonia, un trayecto duro, con muchas lágrimas y algunas sonrisas.
Yulia Korniienko, con su madre, su hermana y tres amigas, en el tren que les llevó camino de Polonia, un trayecto duro, con muchas lágrimas y algunas sonrisas.

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 10/03/2022 a las 08:34

Unos 700 kilómetros angostos y oscuros, más de 24 horas de viaje entre Plesets’ke y un lugar de Polonia. Primero un tren, luego otro, después un autobús, uno más, y por fin un coche amigo. Trayectos inciertos, ásperos, con los termómetros bajo cero, el corazón helado y el objetivo de salir de Ucrania, por las bombas que despedazaron cualquier resistencia. Yulia Korniienko llegó ayer a media mañana a casa de la familia polaca que les acoge, con su madre, su hermana de 14 años y otras tres amigas. “Estamos bien”. El mensaje al teléfono de su hermana Yelena fue un bálsamo en Fustiñana, donde reside. Las cuatro están ya un poco más cerca.

La familia de Yulia tomó este lunes la decisión más dura, la que nunca dibujaron en sus días tranquilos en un pueblo de agricultores: escapar. Desde el inicio de la invasión rusa el 24 de febrero, los ecos de bombas, misiles y aviones se escuchaban cada vez más y más cerca, hasta que una explosión agrietó su casa. Solo las mujeres podían salir. Los hombres se deben quedar. “Mi madre no quería, siempre habían estado juntos, con mi padre”, relata Yelena. Las seis mujeres huyeron, maldita paradoja, un 8 de marzo día de la mujer. Un tren de cercanías hasta Kiev, de allí lograron subir en otro, seis horas hasta Lviv (Leópolis), y un autobús a la frontera con Polonia, donde se dieron de bruces con el caos, en medio de la noche, entre el agua, la nieve y el frío que congelaba cualquier ilusión. Exhaustas, a punto estuvieron de desistir y volver. Lourdes Sukuntza es la madre de acogida de Yulia en sus veranos en Lekunberri. Estuvieron en contacto telefónico cuando la endeble red lo permitía: “Me llamó llorando, no podían más. Sigue Yulia, como buena ucraniana podrás, lo conseguirás”, le daba ánimos a 3.000 kilómetros. Tras horas de incertidumbre y el miedo de acabar en un autobús con destino desconocido, lograron contactar con la familia que les ha dado cobijo, calor y fraternidad en su casa. Son los padres de un polaco que vive en Lekunberri. Yulia espera poder viajar pronto a Navarra, en el autobús auspiciado por una ONG, con su madre y su hermana.

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