Invasión
Dos hermanas, a una guerra de distancia: entre Fustiñana y Ucrania
Yelena y Yulia Korniienko, 19 y 17 años. La primera reside en Fustiñana con su familia de acogida; la segunda relata la vida en Ucrania, tras doce días de invasión, y este martes montó en un tren camino de Polonia


Actualizado el 09/03/2022 a las 11:31
Tres mil cuatrocientos kilómetros de distancia por carretera y miles más sustentados en el camino de la sinrazón separan a Yulia y Yelena Korniienko, hermanas de 17 y 19 años, ucranianas. La primera estaba hasta este lunes en su pueblo, a 40 kilómetros de Kiev; la segunda, con su familia de acogida en Fustiñana. Yulia, que pasa los veranos en Lekunberri, describe serena la crudeza de la guerra, cómo se oyen las bombas, los misiles, cómo desgarran cualquier sueño. Resisten y confían, alivia su relato en espera de que la familia se pueda reunir. Los acontecimientos se suceden desbocados y este lunes, Yulia, su madre, su hermana pequeña y tres amigas pudieron coger un tren con destino a Polonia. El padre, de 45 años, se tuvo que quedar.
Dos redactores de Diario de Navarra han hablado con las dos hermanas. Pincha en los siguientes enlaces para leer lo que les contaron.


Yelena Korniienko: “¿Que dónde me gustaría estar ahora? En Ucrania”
A sus 19 años, su futuro estaba junto a su familia de acogida en Fustiñana, villa ribera donde reside
Yelena Korniienko, de 19 años, se encuentra en Fustiñana, a miles de kilómetros de su hogar en Ucrania. En esta localidad ribera ha pasado todos los veranos desde que en 2008 fue acogida por una familia solidaria con los niños afectados por la explosión de la central nuclear de Chernóbil. El mes pasado regresó junto a su “familia de Navarra”, y ahora compagina su trabajo como camarera y cocinera en Fustiñana con sus estudios de grado medio de Auxiliar de Enfermería en el CIP ETI de Tudela. Hace dos semanas, como cualquier joven de su edad, sus sueños hablaban de futuro. Un futuro que, desde el pasado 24 de febrero, con la invasión de Rusia a su país, parece haberse desvanecido en una pesadilla. Ahora solo piensa en su familia, que resiste en Ucrania protegiéndose de las bombas en el sótano de su casa en la localidad de Plesets’ke.
¿Cómo se enteró del inicio de la invasión?
Como todas las mañanas, había ido muy pronto a la parada del autobús de la ETI para estar la primera. El conductor puso la radio y en las noticias dijeron que Rusia había atacado a Ucrania. Decían que habían bombardeado Kiev y me puse muy nerviosa porque mi pueblo está cerca. Escribí a mis padres y me confirmaron la noticia. Esa noche ya la pasaron en el refugio de casa con mucho miedo.
Ese refugio..., ¿estaba preparado desde antes de la invasión?
¡No, no! Es la despensa de la casa donde en invierno guardamos las conservas, las patatas y demás. Es un sótano de 3x4 metros al que mi padre estos días ha conectado luz y calefacción. Cuando cae la noche, mis padres y mis hermanas, junto a otros familiares, se meten allí para estar más protegidos. Al ser una zona rural, cuentan con recursos y alimentos que, quizás, en las grandes ciudades no tengan si hay cortes de suministro.
¿Cómo contacta con su familia?
A través del teléfono móvil y con mensajes de WhatsApp, aunque es cierto que cada vez las comunicaciones son más difíciles. Yo estoy todo el día pegada al teléfono y, por las noches, silencio a todos mis contactos menos a mi familia por si me llaman de madrugada.
¿Qué le cuentan desde allí?
El otro día mi madre me pasó un vídeo de un tanque ucraniano circulado junto a nuestra casa. Eso que dijo Putin de que no iba a atacar a la población civil es mentira. Ha bombardeado el pueblo que está al lado del nuestro y las explosiones se notan en nuestra casa tanto que ya ha empezado de agrietarse. Mi madre le tiene mucho miedo a los ruidos y sé que lo estará pasando muy mal. Ella me tuvo con 16 años y supongo que no le haría mucha gracia ser madre tan joven. Pero yo soy como su confesora. Algo así como una hermana pequeña. Me cuenta todo y se desahoga conmigo, por eso me da tanta pena no estar con ella ahora.
¿Hay posibilidad de que puedan salir de Ucrania?
Están en ello, pero es muy difícil porque, entre otras cosas, no tenemos coche. De todos modos, si lograran llegar a la frontera, mi padre se tendría que quedar allí. Tiene 45 años, es tractorista y ha trabajado como albañil y leñador. Pero ahora tendrá que ir a combatir.
¿Cómo son los ucranianos?
Somos gente valiente y amantes de nuestro país. Hay chicos de 17 años de mi pueblo que ya se han unido a grupos para hacer frente al avance de los rusos. Y ahí está el ejemplo del presidente Zelenski, del que decían que era un payaso por su profesión como actor, y está dando todo un ejemplo. También tengo que decir que el vodka es muy popular en mi país y, cuando hay una fiesta, todavía más..., con lo que eso supone. En mi tierra se suele decir que una boda ucraniana sin pelea entre los invitados no es una boda ucraniana (ríe).
¿Qué le dicen sus amigos de aquí?
Tanto mi familia en Fustiñana como mis amigos y compañeros de la ETI me están apoyando mucho. También la gente del pueblo, como todo el mundo, se ha puesto del lado de Ucrania porque ven que lo que está haciendo Putin no tiene sentido. Mis amigos tratan de distraerme para que no esté pendiente todo el rato de la guerra, pero es difícil. Lo que más me duele es que, hasta hace dos semanas, la vida en Ucrania era muy parecida a la de aquí. Y ahora mi familia está en medio de una guerra contra una potencia como Rusia.
¿Dónde le gustaría estar ahora?
Aquí estoy a salvo con mi familia de Fustiñana pero, si pudiera elegir, preferiría estar en Ucrania.


Yulia Korniienko: "Tenemos miedo, pero somos fuertes y esto pasará"
Tiene 17 años, desde los 6 pasa el verano y a veces las vacaciones de invierno con una familia de Lekunberri. Describe con serenidad cómo transcurren los días en Ucrania, en su pueblo a 40 kilómetros de Kiev, de donde tratan de salir
Yulia Korniienko, ojos enormes, melena tupida, 17 años, tantos sueños detenidos y toneladas de dignidad, describe serena cómo viven la invasión rusa desde su pueblo, Plesets'ke, 7.000 habitantes a 40 kilómetros de Kiev, media hora en coche, 45 minutos en el autobús directo que les conecta cada día. “Estamos bien”, alivia ella. Escuchan las bombas que caen a pocos kilómetros, su sonido devastador, el de los misiles, de uno y otro lado, el de aviones y helicópteros que dejan un rastro cruzado en el cielo de días despejados. Casi es mejor cuando la niebla difumina esas autopistas del horror.
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Yulia conoce bien Navarra, habla castellano y euskera de manera fluida, desde sus veranos en Lekunberri, con la familia Saralegi Sukunza. En uno de aquellos julios, Yulia fue contraportada en este periódico, dentro de la serie Crónicas Menudas. Tenía entonces 12 años. La narrativa es bien diferente cinco años después, la paz que transmite Yulia sigue intacta. “Quiero decir que todas las personas debemos ser libres, en Ucrania, en Lekunberri, en Tudela y en todo el mundo. No os preocupéis, nosotros somos fuertes y esto pasará” , acaba su relato a cielo abierto. La familia pensaba permanecer en el país, pero la situación se complica y este martes, Yulia, su madre y su hermana trataban de alcanzar la frontera con Polonia. Lograron coger un tren. Su padre y su tío se deben quedar.
¿Cómo estáis, Yulia?
De momento bien, aquí somos unos 7.000 habitantes en casas pequeñas, no hay edificios de más de cuatro alturas, que es más peligroso es un pueblo antiguo. Nos da mucho miedo lo que está pasando alrededor. Estos días ha venido mucha gente que vive en Kiev, para quedarse en casa de sus abuelos y abuelas. No han bombardeado aquí, sí a pocos kilómetros. Lo peor fue la primera noche, tenemos muy cerca una base militar y la bombardearon, ya no queda rastro. Nos asustamos mucho porque no lo esperábamos. También destruyeron tres casas a poca distancia. Mi madre es la que más asustada está en nuestra familia.
¿Cómo es el día a día?
Tenemos comida en casa, aunque en las tiendas hay poco y todo lo que reponen se acaba enseguida. Los tres primeros días no hubo pan, ahora sí. A partir de las ocho de la tarde no se puede salir a la calle. De día vamos a trabajar yo a una ferretería, de ocho y media a tres. Por la noche dormimos en un cuarto que antes se utilizaba como nevera para conservar los alimentos, casi todas las casas tienen un lugar así. Hemos bajado camas y tenemos luz. El primer día lo hacían todo de noche, entonces se oían las bombas y los misiles que lanzaban, ahora también se oyen de día.
¿Cuántos sois en casa?
Mis padres, mi tío y mi hermana pequeña, que mañana domingo cumple 14 años. Pero mi padre prefiere quedarse arriba, en casa, solo baja cuando se oyen las bombas muy cerca. Hay que apagar la luz o cerrar todo bien para que no se vea nada. La noche es larga, es mejor el día estás con otras personas, hablas y es mejor así, te tranquiliza. Esperamos que las cosas mejoren.
¿Piensan salir de Ucrania?
De momento nos quedamos aquí. Para salir tendríamos que ir por Kiev, y ahora mismo es muy peligroso cruzar la capital. Podríamos ir por Polonia, pero tampoco tenemos medios ahora, no es fácil, los trenes están llenos... Mi hermano mayor, con su mujer y su niña pequeña están en un tren camino de Polonia. Nosotros esperaremos a que sea más seguro. Además, los hombres no pueden salir y mi padre no quiere dejar a mi padre y a su hermano aquí.
Tu hermana mayor, Yelena, está en Navarra
Sí, vive con su familia de acogida en Fustiñana y estudia en Tudela.
Tú misma preparabas la documentación para estudiar el próximo curso en Navarra
Sí, acabé el equivalente al Bachillerato y estaba haciendo Económicas, como si fuera a distancia y lo compagino con el trabajo. Había acabado mis trabajos en la universidad, pero la de mi amiga la han destrozado las bombas. Derriban cualquier edificio, no miran qué es.
¿Hablas con Lekunberri?
Sí, todos los días, aunque la conexión de internet no es buena y en casa no tengo wifi.
Yulia Korniienko, desde Ucrania

Yelena Korniienko, en Fustiñana
