El relato de una víctima
Una navarra cuenta su historia de maltrato en primera persona
A continuación se reproduce el relato de una navarra que ha sido una víctima de malos tratos por parte de su expareja. En este texto recuerda todas las fases: desde que comenzó la relación, hasta que finalmente pidió ayuda


Actualizado el 08/03/2022 a las 07:08
Ahora soy consciente de cómo empezó todo. Poco a poco, como si yo fuera culpable de pequeñas cosas que a él le hacían daño. Me castigaba con el silencio durante una semana, sin contestarme al teléfono pero dejando mensajes diciendo lo mala persona que era. Luego me perdonaba. ¿Qué me perdonaba? Nada. Realmente no había ocurrido nada. Disfrazaba las cosas para hacerme sentir culpable poco a poco. Cada vez más. Hasta que empiezan los insultos. Puta. Siempre era ese insulto. Hasta que llega el día en que me agarra la cara con fuerza y rabia en la calle, pero nadie lo ve o nadie lo quiere ver. Corrí a mí casa llorando, sabía que eso no lo podía permitir. Mis compañeras de piso me consolaron, las mismas que luego me vieron volver con él. Tenía tanta vergüenza que dejé de hablar de él y hacía ver que todo estaba bien.
Luego llegó el primer escupitajo y la primera patada y las llamadas de amenaza. Y claro, yo le disculpaba porque “el pobre” salía de una relación, lo había pasado muy mal y estaba nervioso. Luego venían sus perdones y sus lunas de miel, y yo volvía a confiar y pensaba que todo había pasado. Pero nunca pasaba. Siempre era un poco peor.
Me convertí en superviviente. Le preguntaba qué iba a hacer y así yo quedaba con mis amigos en la otra punta de donde él estuviera, así no se enteraba. Gracias a esto no me aislé.
Alguna patada, mordiscos, amenazas, insultos.. Y yo seguía sintiendo “amor”.
Luego llegó mi primer ataqué de ansiedad. Empecé a ir al psicólogo, al que mentía... O eso creía yo. Tenía miedo de que él se enterase de lo que hablaba.
Insultos y más insultos. Y el miedo. Cuanto más unido se sentía a mí, peor iba siendo todo. Aumentaban sus inseguridades y las peleas. Claro, porque yo era una puta.
Muchas veces me quedaba inmóvil con los ojos cerrados o haciéndome la dormida esperando que todo pasara cuanto antes.
Me engañó con otra, pero claro, él me decía que esa semana lo habíamos dejado...
La primera patada en el estómago y dejarme tirada en la calle como si nada importase. Luego el perdón y lo mucho que me quería.
Al año y medio hice una entrevista a escondidas para volver a mi ciudad y le dije que luego pediría un traslado para volver con él. Le pareció bien porque en su ciudad no había trabajo.
La despedida. Mi 38 cumpleaños. Fuimos a cenar. Alcohol, celos y otra vez puta . Yo sin escapatoria porque dormía en su casa. Yo ya había dejado mi piso. Me llevaba a empujones por la calle. Yo caminaba rápido. Solo quería que eso terminara cuanto antes. No soy consciente de cómo me llevaba, pero algo terrible tenía que ser porque un padre de familia le paró y empezó a discutir con él. Yo seguí caminando. Me alcanzó. Me dijo que me fuera a su casa y que él se iba por ahí. Pensé “perfecto”. Quería coger mi maleta llamar a una amiga y desaparecer. Al minuto me llama y me dice que vuelva, que alguien ha llamado a la policía. Le habían denunciado. Se mascaba la tragedia. El policía me apartó de él me dijo que le denunciara, que ellos me ayudarían. Yo pensé, “imposible”. Era abogado, con todos sus amigos abogados. Mentí, dije que habíamos bebido y que era una pelea de novios. Esto lo decía sonriendo mientras pensaba, “¿qué quieres, que me mate?”. Nos cogieron los datos y nos fuimos. Se vino conmigo. Aún recuerdo su ceño fruncido y sus ojos ensangrentados por la rabia y el odio. Yo sabía que esa iba a ser gorda. Escribí a mi amiga a ver si podía ir y me dijo que sí.
Entramos en casa de él... Me empezó a gritar que cómo le hacía eso en su ciudad, que le conocían ... Insultos, empujones... Yo hacía mi maleta sin hablar. Solo pensaba en salir de ahí. Empujones, gritos... Cogió los cuadros que yo había pintado y los tiró contra mí hasta romperlos. Exploté, empecé a gritar,“¡¡Para, por favor para, no puedo más!!”. Me hice una bolita encima de mí maleta tapándome la cabeza con mis brazos, mientras mis cuadros seguían cayendo sobre mí. Cuando se dio cuenta de que ya estaba totalmente hundida, vino a mi lado y me consoló, me abrazó y me dijo, “venga no pasa nada”. Nunca llegué a casa de mi amiga.
Las dos semanas siguientes fueron un cuento de hadas.
Empecé a trabajar en mi ciudad. En la distancia me amenazaba diciéndome que iba a llamar a mis padres y les iba a contar lo puta que yo era (ahora sé que nunca lo habría hecho). El día antes de que mi abuela muriese tuve el valor de colgarle el teléfono y no responderle nunca más.
Tardé un año y medio en contárselo a alguien. Supongo que lo único que quería es que eso pasase. Ahora sé que es para siempre. Cambié. Tenía reacciones desmedidas. Al final pedí ayuda en atención a la mujer, creyendo que a lo mejor lo mío no era tan grave para ir allí. A los 6 meses empecé a estar más equilibrada. O eso pensaba yo. Cinco años después he vuelto a pedir ayuda.
Hace unos días, una mujer que había pasado por esto me dijo que hasta que no me perdonara y le perdonara a él, no iba a estar bien. Por fin lo he entendido.
No quiero ser como él, llena de odio y de rabia, así que le perdono, que sepa que todo lo que siento por él es pena. Pena de ver a alguien que sufre tanto, que se siente tan poca cosa que necesita machacar a otra persona para sentirse algo mejor. Le perdono para volver a ser libre y porque no quiero ser como él, llena de odio y de rabia.
Soy consciente de que me queda mucho trabajo por hacer, pero por fin sé que me voy a curar y por eso me siento feliz.
¿Por qué cuento mi historia? Porque me he dado cuenta de que la gente no sabe lo que es maltrato. Luchar contra el maltrato no es pintarse las manos y salir a la calle, es plantarte con tu amigo en cuanto te enteras de que ha abusado de alguien, es plantarte con tu hijo si sabes que es un maltratador... Porque creemos que son cosas que salen por la tele o que no puede pasar en nuestro entorno y BASTA YA de dudar de la mujer que es capaz de denunciar o de contarlo. Y de disculpar al maltratador con frases como, “es que este cuando bebe” o “es que ésta, con lo zumbada que esta”. La mujer que es capaz de denunciar, de contarlo, no miente, o ¿Creéis que es fácil contar esto? Yo no he sido capaz de contarselo a mi familia todavía. BASTA YA
