Rusia invade Ucrania
Ropa militar y de invierno para Ucrania
El ucraniano Denys Kapsha, afincado en Santesteban, solicita colaboración para vestir a civiles enrolados en las tropas de su país. Pretende viajar en una camioneta con ropa de invierno y comida no perecedera que pueda recoger con donaciones


Publicado el 04/03/2022 a las 06:00
Sobre la barra de la Posada Bixen, en la calle Ameztia de Santesteban, hay una vela encendida, un pequeño Sagrado Corazón y una bandera de Ucrania de oficina. “En Ucrania, cuando hay un problema encendemos una vela”. La explicación que ofrece Denys Kapsha contiene una razón creyente. El motivo de su súplica se transmite por la televisión del bar con las novedades que se suceden de la invasión rusa y de las calamidades que castigan a su país. “A la mañana, a mediodía o por la noche, intento estar al tanto de las noticias”. El interés es más acentuado desde que Putin activó su máquina de guerra, que sacudió un terremoto en la conciencia del mundo entero.
Denys, de 41 años, mantiene abierto un puente de comunicación con familiares y amigos a través de las redes sociales. Es mediante este canal por el que supo que amigos y conocidos suyos, algunos de ellos desde temprana edad, han aparcado sus quehaceres para enrolarse en las tropas de apoyo del Ejército ucraniano. La imagen de un hombre, con un fúsil de asalto apoyado en su hombro, delata una necesidad de la que se ha hecho eco y a la que busca una pronta respuesta. “Los civiles no tienen ropa con la que protegerse ahora que son soldados. Necesitan ropa militar, botas, abrigos, protectores, cascos... El ejército puede recibir todo eso, pero hay civiles que no”.
La necesidad escuchada en conversaciones con mujeres, cuyos maridos han partido a primera línea, le condujo el miércoles por la mañana a solicitar la colaboración del regimiento de Infantería América 66, apostado en Aizoáin. Sin obtener respuesta satisfactoria a sus gestiones, acudió hasta capitanía por la propia jerarquía de mando que le fue señalada. Acabó también -dice- en la Subdelegación del Gobierno pero la mañana resultó infructuosa.
Busca otras vías, incluida la de cazadores que opten por deshacerse de su indumentaria mimetizada. Ofrece su bar, que gestiona junto a su madre, Natalya Tytarenko, de 62 años de edad, como referencia para que puedan realizarse las entregas de este tipo de material y de otro que ayude también a la población civil en general a sobrellevar la carencia de recursos y las bajas temperaturas de esta época del año. Como en otros puntos de Navarra, donde se ha encendido la llama de la solidaridad, recoge prendas y también comida no perecedera. Proporciona también su móvil como medio de contacto para los donativos de material e incluso económico, como el recibido por otro establecimiento hsotelero de la localidad, que puedan realizarse (654 95 48 01).
Aunque en alguna ocasión se la ha pasado por la cabeza ir a combatir, una reflexión más pausada le lleva a pensar que una manera de ayudar es reunir material que sirva a compatriotas suyos. Está dispuesto a viajar en una camioneta que le han ofrecido en Santesteban. Un vecino de la localidad se ha prestado a acompañarle. Dice que tiene contactos en localidades ucranianas, como Lviv, Unzgorod e Ivano Frankovk.
"HEMOS LLORADO MUCHO"
A la par de la iniciativa recaudatoria emprendida, su madre y él han podido asegurar un billete de avión para una tía, Olha Ryznyk, que ha cruzado la frontera polaca después de un viaje en tren de tres días. “Queremos que esté con nosotros. Sabemos que ha viajado en un tren en un compartimento para 4 personas en el que iban 18”, relatan madre e hijo. Días atrás, durante los Carnavales, su mente estaba en su trabajo en el bar pero su corazón se encontraba en Ucrania. “Hemos llorado mucho”.

