Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Coronavirus

Juan, alumno de 1º de Bachillerato: “He vuelto a sentirme feliz en alguna ocasión y sé que voy a curarme”

La medicación y la terapia con un psicólogo, insiste, están siendo claves

Ampliar Un aula de educación infantil
Un aula de secundariaEP
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 13/01/2022 a las 06:00
Juan tiene 16 años y desde hace dos meses no se sienta en su pupitre de 1º de Bachillerato junto a sus compañeros. Porque ha dejado de ir al instituto. Una depresión severa se lo ha impedido. “Un día, a principio de curso, toqué fondo y no era capaz de levantarme de la cama. Mis padres no se lo creían. ¿Qué me había pasado? Era incapaz de vestirme y, para mí, los estudios dejaron de tener sentido. ¿Para qué estudiaba?”, se pregunta ahora, ya con un diagnóstico firme y un tratamiento con psicofármacos y psicoterapia. “Parecía imposible, pero ahora estoy mucho mejor. Incluso me he vuelto a sentir feliz. Aunque fuera un momento, en unas pocas ocasiones. Sé que me voy a curar y a recuperarme de todo esto”, explica confiado.
En su caso, recuerda, el detonante fue la ansiedad por los exámenes y la pérdida de algunos amigos. “Los buenos, los que merecen la pena, se han quedado. Los demás, no”, apunta y confiesa que es difícil entender su situación. “Porque ni yo mismo la comprendo. Suerte que mi familia y mis amigos me están apoyando. Sé que esto no va a ser para siempre, lo que me da ánimos para seguir”.
DEPORTE QUE DESPEJA
Juan tuvo que dejar las clases de inglés y la escuela de música. Pero sigue practicando pádel. “Cuando puedo porque estoy muy cansado. Pero mis compañeros lo entienden y me apoyan. El deporte me ayuda porque me despeja y me permite dejar la mente en blanco”, asegura.
Ahora, tras haberse presentado a los exámenes de la primera evaluación y haberlos aprobado todos, se siente más tranquilo. “No he ido a clase y he estudiado por mi cuenta. Y, aunque había conceptos que no entendía, veo que mi esfuerzo ha tenido su recompensa”. De momento, seguirá sin ir al instituto porque le cuesta mucho. “Y no porque tenga problemas con los compañeros sino porque no me siento con fuerzas”. Pero no dejará de lado sus estudios: un profesor acudirá a su casa para que siga al día con las asignaturas. “Seguro que me va a ayudar mucho. Pero a mi ritmo. Al ritmo que yo pueda. Tengo que ver esta situación como un parón”. Acaba de leer ‘Mi perro y yo’, un relato en primera persona de la inglesa Kaye Blegvad, con depresión en la adolescencia. “Me he sentido muy identificado”.
La medicación y la terapia con un psicólogo, insiste, están siendo claves. “Voy notando cómo mejoro y empiezo a ver la luz. Aunque ha habido momentos en que pensaba que no valía la pena salir de la cama, que no había nada más allá y que, en el caso de haberlo, yo no quería ir. Creo que me ha servido tocar fondo. Si no, no me habría podido impulsar hacia arriba”.

“Como madre, cuesta no enjuiciar”

Irene es la madre de Juan, un adolescente de 16 años, diagnosticado con depresión el pasado verano. “Me ha costado mucho no enjuiciar y diferenciar qué es poder y qué es querer. Más cuando estamos rodeados de frases tipo ‘Mister Wonderful’, en las que nos aseguran que todo depende de nosotros. Pues no es así. A veces, realmente no se puede y hay días que no es capaz de levantarse de la cama”, resume. Y recalca la importancia de confiar en los profesionales (médicos, psiquiatras, psicoterapeutas...) “Hay que dejarse acompañar a una edad, la adolescencia, en la que ya todo es difícil y en la que tu hijo, aunque no tenga depresión, cambia y pasa a ser otra persona”. El “ejercicio de aceptación” y la paciencia, subraya, son cruciales. “Vivimos en una sociedad en la que estamos acostumbrados a las prisas, a todo rápido y a tener certezas. ¡Pero esto es un descontrol absoluto!” El colegio, en su caso, ha sido un apoyo crucial, al igual que la familia. “Aunque para todos, es difícil”. ¿Y la medicación? “Al principio, me horrorizaba pero me he dado cuenta de que sirve y mucho”.

Una historia para quitar el estigma

​La ilustradora británica Kaye Blegvad, de 34 años, escribió esta historia personal, sobre la depresión que superó en la adolescencia. Como un grito para que nadie se sienta juzgado, cuenta su experiencia con la enfermedad, que considera como “un perro enorme” que la acompaña desde que nació.

volver arriba

Activar Notificaciones

Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE