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25N

La carta que envió una víctima de violencia de género

"Los moratones del alma", así se llama la misiva de esta mujer que relata sus reflexiones tras un doloroso proceso y agradece al Instituto Navarro de Igualdad por su "cura"

Foto artística
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  • Diario de Navarra. Pamplona
Publicado el 24/11/2021 a las 06:00
Por medio de estas letras, una vez pasado el boom de Rocíito, me gustaría hacer una serie de reflexiones y agradecimientos a tod@s las personas y profesionales que me han acompañado en estos últimos años (incluida pandemia) en todo MI PROCESO, y que lo siguen haciendo sin soltarme.
Quería encontrar un título a este escrito y me ha parecido idóneo este de los moratones del alma porque en mi caso, como en el de muchas mujeres, no hay moratones ni huesos rotos que certificar. Es más, hubiese preferido que los hubiera habido puesto que quizá, y digo quizá, hubiese raccionado antes o mejor… tampoco lo sé.
En mi caso personal y tras muchos meses de tratamiento he podido “entender” y asimilar que he sido una mujer maltratada. Me consideraba una mujer fuerte, trabajadora, luchadora, independiente, gallinita de mi familia, cuidadora, empática... y hablo en pasado porque todavía estoy en proceso de volver a serlo.
He entendido también el proceso de la violencia y de los tipos de violencia que no voy a enumerar aquí pero que exceptuando la física son todos los que yo he sufrido, y cómo estas se van aplicando por los maltratadores al principio de manera sibilina, poquito a poquito, pero luego ya sin ningún pudor cuando la ‘presa’ ya no tiene capacidad de defensa. El cómo te vas haciendo chiquitita, física, psicológicamente y apenas quedan vestigios de lo que un día fuiste, puesto que ya no te queda nada de autoestima, palabra muy trabajada con mi psicóloga.
El proceso es duro, cuesta ‘sudor y lágrimas’, en el mío no ha habido sangre… en otros muchos la hay… sentimientos de dependencia (de todo tipo), culpabilidad (cómo he podido consentir….), por qué a mí, por qué yo, qué hago, dónde voy, cómo salgo de esto, no puedo con mi vida…etc. y no voy a adentrarme en si además a todo esto se añade la presencia de hijos, entonces TODO, se complica mucho más, y esos sentimientos y MIEDO se agudizan puesto que no encuentras una salida y tu maltratador domina la situación y tu vida, él está seguro de sí mismo y tú eres “una piltrafilla”.
En mi caso no denuncié. Como ya se sabe, es muy complicado demostrar según qué tipos de violencia y además creo que ni me lo planteé, sólo pedí ayuda cuando ya no podía más, pero lo hice... y ése es mi triunfo. Perder el miedo, reconocer lo ocurrido y contarlo a las personas que realmente te quieren, expresarlo, no eres la primera y por desgracia tampoco serás la última. ¡¡¡¡Buscad ayuda profesional!!!!
Estoy emocionada escribiendo esta carta porque entiendo que es parte de mi terapia personal. Es una forma de poner fin o más bien punto y aparte, puesto que “moratones en el alma” seguiré teniendo…
He conocido durante este tiempo mujeres maravillosas que también me siguen poniendo “tiritas” en el alma, a las cuales no voy a mencionar, pero ellas PODEROSAS, lo saben.
Quiero por encima de todo agradecer a mi médico de atención primaria, al que me costó contar qué es lo que me sucedía (y mucho), puesto que me estaba costando mi salud mental y física y que me proporcionó el contacto con el equipo de atención integral a víctimas (EIAV) que me corresponde,… a todas las PROFESIONALES, y digo todas porque todas han sido mujeres, que me han dado y me dan, cariño, calor y me “refugiaron” durante todo el proceso…yo era y estaba muy escéptica y poco receptiva, pero me han devuelto a la vida.
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