Precariedad
Una familia con un menor de edad vive en su coche en un parking cercano a Pamplona desde agosto
El chico, de 14 años, cursa un programa especial en Berriozar, cerca del aparcamiento en el que pernocta


Actualizado el 21/11/2021 a las 09:18
“Solo necesito una habitación para mí y mi familia, pero no puedo pagar más de 200 o 300 euros al mes”, asegura con firmeza Dimcho Dimov Paskov, de 63 años. Desde agosto vive con su mujer y su hijo, de 14 años, en su coche y pasan las cada vez más gélidas noches en un aparcamiento de Aizoáin: “No tengo alternativa habitacional”.
Cada dos o tres horas, explica Dimov, arranca el motor del vehículo para encender la calefacción como máximo durante un cuarto de hora y la apaga hasta que la temperatura vuelve a descender. Una manera de descansar que perjudica la salud de su esposa, Mariyana Ivanov Soyanova. Búlgara como su marido y de 53 años, la Comunidad de Madrid le reconoció un 68% de discapacidad. En junio de 2021 le localizaron una úlcera un poco más arriba de su tobillo izquierdo. Por las curas y los cambios de vendaje, cuenta Dimcho Dimov, casi todos los días acuden al centro de salud. Van después de dejar a su hijo, Dimitar, a las 8.00 en el centro Lantxotegi, en Berriozar. El joven cursa un Programa de Currículo Adaptado, que presenta un enfoque más práctico para jóvenes con desfase y riesgo de abandono en los estudios.
Cuando el menor sale de clase, la familia se acerca al comedor social de Paris 365 y si el dinero lo permite van al Centro San Miguel de Cáritas para completar su aseo personal. Después, Dimov escoge un instrumento -la trompeta, el acordeón o la guitarra-, relata, para tocar a cambio de propinas por Pamplona: “Para mí esto se llama trabajo”. No recuerda cuándo empezó a ganarse la vida gracias a la música; en Bulgaria pasó por la banda del ejército, bares y salas de espectáculos. La policía, denuncia, ahora le impide quedarse lo suficiente en la calle; cuando se le denegó la autorización se justificó con la pandemia. Durante ese rato, Dimitar aprovecha para jugar con el balón, una bicicleta o invierte unas monedas para navegar por internet en un locutorio.


UNA SUCESIÓN DE MUDANZAS
Antes de su llegada a Pamplona en septiembre de 2018, la familia había pasado cinco años en Madrid. Cuando la vida del matrimonio se precarizó y agotaron sus estancias en albergues sociales, terminaron pernoctando en la Terminal 2 de Barajas. El hijo estaba interno en un colegio de Leganés y el director del centro y un trabajador social hicieron de intermediarios para que la familia se trasladara a Navarra con la promesa de un contrato con Traperos de Emaús. Dicen mantener ahora con la entidad un conflicto que los tribunales dirimen, y empezaba a resolverse cuando llegó la covid y se encontraron sin empleo ni vivienda.
Tras una sucesión de mudanzas incluso con el estado de alarma, malas experiencias con los alquileres, poco dinero para pagar una renta apropiada y con los albergues “llenos”, la familia resolvió en agosto dormir en el coche. A través de una queja interpuesta en el Defensor del Pueblo, entraron en contacto con el servicio social base de Barañáin. Todavía no cuentan con una solución.