Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Acoso escolar

Policía Municipal: “El acoso es un tema serio. Por eso viene la policía”

Susana Guillén Moler, de Policía Municipal de Pamplona, imparte una sesión sobre el acoso escolar a los alumnos de 4º A de Primaria en el CP San Juan de la Cadena.

Susana Guillén, en su sesión sobre el acoso escolar con alumnos de 4ºA de Primaria del CP San Juan de la Cadena, en Pamplona
Susana Guillén, en su sesión sobre el acoso escolar con alumnos de 4ºA de Primaria del CP San Juan de la Cadena, en Pamplona josé antonio goñi
Publicado el 08/11/2021 a las 06:00
Son las 11.45 horas y el sol se cuela entre las ventanas del segundo piso del CP San Juan de la Cadena. Susana Guillén Moler, agente de Policía Municipal de Pamplona, de 50 años, observa en silencio a la veintena de niños que conforman la clase de 4º A de Primaria. Despiertos, alegres, inquietos y muy expectantes ante la charla que les ha prometido su tutora. “¿Pero dónde está la policía?”, pregunta uno de ellos, esperando quizá una presencia diferente a la de esta mujer, ataviada de calle, con gafas y sujetando varias láminas en las manos. “Aquí”, responde. “Soy Susana y soy policía”. Aprovecha el foco en ella para presentarse y cuenta a los chicos y chicas que ella es osasunista y la agente número 361. “Eso os puede parecer mucho, pero ya hay compañeros que van por el 800. Y más, así que el mío cuenta que llevo unos cuantos años aquí. ¿Cuántos créeis?” . “¡23!”, grita una niña. “Pues casi. Tres más. 26. Y hoy, ¿a qué he venido aquí?”. “¡A hablarnos del acoso escolar!”.
La clase, que sigue la explicación con suma atención, tiene respuestas para todo y, la verdad, la inmensa mayoría son muy atinadas. Como bien les dice Susana, “son una súper clase”. Prácticamente sin ayuda, delimitan el concepto de acoso escolar, un abuso verbal o físico que se repite en el tiempo y que se lleva a cabo en el recinto del colegio. “Es un delito, pero la ley no castiga a los niños. ¿Eso significa que hasta los 14 años podemos hacer lo que queramos?”. “Nooooo”,
“Y tanto que no. El acoso es un tema serio. Por eso viene la policía. ¿Es acoso quitarle el bocadillo a un niño de 1º de Infantil?”, sondea, para dar la solución acto seguido. “No, hacer eso es de abusones. El acoso escolar tiene que realizarse entre próximos en edad”.
Susana dibuja en la pizarra un monigote pequeño al que rodean otros, de tamaño parecido. Muy próximo, hay otro más grande, que casi dobla en tamaño al primero. “El acoso comienza cuando la víctima no sabe defenderse”. Mira a uno de los chicos sentados en primera fila y le ordena. “Levántate, os voy a enseñar cómo se hace. Lo primero que nos enseñan en la academia de policía es a no tener miedo. O a que parezca que no lo tienes. Separar las piernas. No mirar al suelo. Y la voz, que suene convencida. Es una herramienta muy poderosa para defenderse”.
Susana enumera defensas para parar los pies al acosador, que siempre busca al débil. “Actúa donde no está el profesor o un adulto. En el patio, en el pasillo, en el baño... Es una situación muy dolorosa y la víctima lo pasa muy mal. Yo os voy a dar algunas claves para evitar que pase, pero el acoso lo tenéis que solucionar entre vosotros y eso cuesta. Pero es la manera de hacer una súper clase”. Todos en pie, les pide. Uno a uno, sin vergüenza ni miedo, le miran a los ojos y le dicen, con voz firme. “Susana, deja mi estuche”. Así, en la teoría, parece fácil. “Pero, ¿y si no me acompaña el físico? Pues no hay que venirse abajo. Miradme a mí. No mido 1,90 ni soy cachas, pero sin ser agresiva y con un gesto de protección, he defendido mi espacio”. Existen otras armas, les fue contando, como el sentido del humor, “que suele desarmar a los malotes”. El acoso no se repele con violencia, insiste. “Cada uno de vosotros tenéis seguridad y también autoestima. Lo habéis dicho muy claro, protegiendo el estuche. Y no ha hecho falta que os defendiera ni la profesora ni la policía”.
¿Por qué se comportan así los chicos y chicas que abusan?, reflexiona Susana. No es sencillo, pero esta agente lo vincula a una mala gestión de las emociones. “Los acosadores a veces tienen mucha envidia y reaccionan así. Es un problema, porque las emociones todos las sentimos, pero no todo el mundo acosa. ¿Vuestra madre cómo os echa el queso en los macarrones? En bruto o mejor rayado, en tiras”. Sin duda, la segunda opción es la que apuesta por una gestión más ‘ordenada’ de esos impulsos. “Preparamos el queso para comerlo de forma adecuada, pues en este caso es un proceso parecido. Nos gusta mucho el estuche de este compañero, pero en vez de llegar y quitárselo, tenemos que pedírselo, si nos lo deja prestado, o es cribir a los Reyes Magos para que las próximas Navidades nos traigan uno como ese, y no andar quitando”.
Los escolares saben bien de qué les hablan en esta charla. Conocen casos ‘famosos’ o han visto a compañeros sufrir situaciones parecidas. “¿Habéis visto lo que le pasó a una chica de Osasuna femenino el otro día en un partido?” “¡Sí! Que le dijeron que la iban a violar...”, relata una alumna, y da pie a Susana a añadir que el daño verbal también es acoso. “Los motes, por ejemplo. Reírnos de alguien por el color de su pelo, porque lleva gafas o es más gordo que los demás hacen que a esas personas les duela que las llamen de esa manera”.
Aprovechando el momento, se dirige al grupo, y pregunta. “Si alguien tiene un mote y no quiere que le llamen así más, que se ponga en pie ahora y se lo comente al resto de la clase”. No me digáis nada de las gafas, por favor. No me llaméis cuatro ojos. “Una vez que lo habéis expresado, hay que dar tiempo a que la gente cambie. No suele ser inmediato”.
No suele serlo, pero en esa transición juegan un papel clave los ‘satélites’. Su papel es muy relevante y merecen que también Susana se detenga en ellos durante unos minutos. “Los satélites son los chicos y chicas chupiguays que pululan alrededor del abuso, riéndose muchas veces de la situación. Qué guay ese empujón, cómo me he reído, como a mí no me lo han hecho”, ejemplifica.
Traerse a su terreno a estos compañeros puede suponer poner fin al acoso. “Cómo le cuentes algo de todo esto a la profesora, te vas a enterar. El próximo día te romperé el abrigo”. En ese punto, el abusador puede quedar desarmado si un satélite deja de girar en su órbita. “¿Qué le diríais para que dejara de comportarse así?”. Una alumna, muy decidida, suelta la clave. “¿Esto te divierte? ¿Qué quieres? ¿Ser malo toda tu vida?”. No parece un buen plan de futuro, asienten los chavales.
Por si acaso, Susana les desvela además otras estrategias. “Probad, en grupo, a hablar con un adulto. Con la profesora, por ejemplo, y le contáis qué pasa. El círculo se cierra volviendo al principio. ¿Por qué acosan? Esta vez, Susana lo explica haciendo referencia a los sentimientos. “El niño acosado siente tristeza, miedo, angustia, inclinaciones suicidas, enfado, agotamiento, soledad o vergüenza”. ¿Y el abusador? “Risa, fortaleza, se cree guay y divertido”.
En resumen, todo se puede condensar en 6 palabras. “Se puede ser guay sin pegar”. O, con alguna más: “Se puede ser fuerte sin usar la fuerza”. Tras una dinámica de grupo en la que el grupo solventa un conflicto, el supuesto acosado responde a las preguntas que lanza Susana. “¿Cómo te sientes ahora? ¿Pequeño o grande?”. “Grande”. “¿Y quién te ha hecho grande? ¿La policía? ¿La profesora? No. Vosotros. La súper clase. Pero hay que mojarse. Eso marca la diferencia”.
Susana se despide pidiendo a la clase un baile grupal. “Lo podéis preparar para Navidades. Y me lo mandáis”. Para recibirlo, y por si alguien quiere contarle algún problema más, les deja un correo electrónico: educacioncivica@pamplona.es. A veces el agua puede estar un poco fría y, en ese caso, Susana ayuda a mojarse.
volver arriba

Activar Notificaciones