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Obituario

Christoph Charnol (1966-2021), el Astérix belga

Christoph Carnol con su hija Magie Carnol Orte
Christoph Carnol con su hija Magie Carnol OrteDN
  • Ángel Bretos et alii
Actualizado el 10/10/2021 a las 12:36
Julio César se atreve a decir en Astérix en Bélgica que los belgas son el pueblo más valiente del mundo. Eso molesta sobremanera al jefe Abraracúrcix que, ni corto ni perezoso, se planta en el norte de la Galia para desdecir al romano. Cuando llega, se encuentra una escena familiar: los belgas se están dando un banquetazo en su aldea, seguramente no lejos de Eupen. Entre ellos, distinguimos a uno rubio, de mejillas sonrosadas y mirada perspicaz. No es Gueusealámbix, el rudo jefe nerviano; ni Vancolomolóquix, el glotón menapio; ni Maelencólix, ni Vandegórrix, ni Madambovárix… Se trata de Carnólix, el más listo de la clase: el Astérix belga.
Después de múltiples peripecias, Julio César dictamina al final del libro que belgas y galos son igual de valientes y estos celebran el empate como siempre: a la mesa y por todo lo alto. Goscinny falleció en 1979 sin haber terminado Astérix en Bélgica, que hacía el número 24 de la colección. También Christoph Carnol, Carnólix, el Astérix belga, ha fallecido este mes dejando muchas cosas sin terminar, pero sobre todo una vida rica y una legión de gente que le quería.
Astuto e intrépido. Echado para delante. Racional y disfrutón. Valiente. Belgamente -o navarramente, como se explicará después-: así ha vivido sus 54 años Christoph Carnol, entusiasta directivo de empresas industriales en Pamplona y en Alemania.
Eupen es una ciudad de unos 20.000 habitantes situada en la Bélgica valona, al pie de las Ardenas, a doce kilómetros de la frontera con Alemania. Capital de la minúscula comunidad germanófona del país, encrucijada de idiomas, culturas y países, allí nació y allí vivió su infancia Christoph Carnol. Su padre, Erich, amante del tenis, trabajaba como encargado en distintas industrias de la zona; su madre, Marianne, estupenda cocinera, se encargó de la crianza de los tres hijos del matrimonio. Fallecería en 1997. Christoph, el mayor de ellos, fue el único que decidió salir y buscar más amplios horizontes. Antes de eso, estudió en el colegio Pater Damian, de gran tradición en la ciudad, y completó el grado en Administración de Empresas en la Haute Ecole Lucia de Brouckère, en Bruselas.
Comienza aquí una larga trayectoria internacional que le lleva a adentrarse profesionalmente en el universo de la logística y a descubrir la importancia decisiva de la sostenibilidad, una de sus grandes pasiones, también la de su mujer. Pero también a tratar de entender la diferencia, a buscar puentes, a no sentirse extranjero en los lugares donde le tocaba vivir. A disfrutarlos con toda el alma. Y, por ahí, a preocuparse por el futuro de España y de Europa, y a reflexionar sobre los retos de la sociedad actual, mezclando exigencia y esperanza. Sin olvidar el reciclaje ni la formación permanentes, algo en lo que creía a pies juntillas, hasta el punto de que entre 2017 y 2019, pasada ya la cincuentena, cursa un máster en Administración de Empresas en la Universidad de Coblenza.
Como Abraracúrcix y sus dos inseparables galos, aunque sin necesidad de tanto trompazo, Christoph Carnol desembarcó inopinadamente en Pamplona en 2001. No imaginaba lo que le esperaba. Eso sí, la conquistó en un abrir y cerrar de ojos. Valerosa, osadamente. Mucho. Veamos…
Después de diez años en la sede de Schnellecke en Wolfsburg, recién divorciado, llega a nuestra ciudad como “managing director2 de la firma para la península ibérica. Monta en Landaben la planta de la entonces llamada KWD (luego, SIP Logistics y, más tarde, Schnellecke España). Se hace amigo del arquitecto Luis Goñi, de la ingeniería Iturralde y Sagüés, que dirige la obra. Goñi se convierte de inmediato en su cicerone. ¡Y el belga le hace caso!: en seguida, baja a jugar a fútbol en el barro de Villava y, después, no duda en salir por la noche con una cuadrilla inimitable. De la mano de estos y otros piezas, conoce a la pamplonesa Paloma Orte. Se casan en 2006. Marie nace en 2007. (Sus otros dos hijos, Natascha, de 31 años, y Alex, de 28, corresponden al primer matrimomio). Se hace socio de Osasuna. Es habitual todos los viernes en Baluarte para escuchar a la Sinfónica. Y no importa que viaje sin descanso: el 6 de julio no falla. Nunca. Y todo, sin dejar de frecuentar a los amigos, esos “cabrgones”, como decía. Así, durante una década. ¿Era valiente sí o no?
Tras un breve paso por Geodis, los Carnol-Orte deciden hacer las maletas en 2012. Es un hasta luego. Christoph ficha por Gonvarri, perteneciente al grupo Gestamp, y desde Dusseldorf ocupa los puestos de director general para Europa Central, primero, y de director comercial corporativo, a continuación. En 2019 es nombrado CEO de la Autoridad Portuaria del Rhin en Krefeld. Desde este verano, la familia estaba instalada de nuevo en su casa de Gazólaz, a punto de iniciar una nueva etapa. Al belga le esperaba un puesto directivo en San Adrián…
En la foto de perfil de LinkedIn de Christoph Carnol destaca un grupo de paracaidistas que desciende a gran velocidad, en formación circular, agarrados de la mano. No es caprichosa. Dice el belga en esa red social: “Creo que las organizaciones sólo son capaces de abrirse positivamente a nuevos retos si sus líderes están convencidos de ello y saben transmitir al resto del equipo entusiasmo, pasión, tenacidad, dedicación y resiliencia para conseguir objetivos comunes”. No es palabrería: insistía una y otra vez en ello.
Ordenado. Meticuloso. Conciliador, aunque inconformista. Enamorado de su trabajo. Políglota (hablaba con total soltura alemán, inglés, francés, holandés y ese español a lo Robinson de erres guturales). Familiar. Deportista. Amante del mar y de los barcos. Y del vino. Y de una buena mesa. Viajero. Lector. Futbolero. Sobre todo, osasunista…
Es curioso, pero cuando uno tiene que escribir sobre un amigo que acaba de fallecer se da cuenta de que no sabe nada, o muy poco. Y que entonces hay que rascar de aquí y de allí, a unos ya otros, para trenzar un perfil. Este desconocimiento esencial del cercano hubiera dado para una larga sobremesa en Gazteluleku. Ya no podrá ser, pero ni la injusta derrota de perder inexplicablemente a Christoph Carnol nos va impedir celebrar hoy su vida y la de los que le sobrevivimos. Como le hubiera gustado a nuestro Astérix belga, el más navarro de los belgas, hasta el punto de que tendrá su columbario en la capilla de San Fermín: sin pócimas mágicas, simplemente viviendo.
Ángel Bretos, Miguel Bretos, José Luis Calatayud, Alberto Dorremochea, Javier Errea, José María Gaínza, Alberto González, Daniel González, Juan Goñi, Luis Goñi, Alfredo Istúriz, Patxi López de Guereño, Javiertxo Olaso, Dado Oslé, Iñaki Oslé, Pablo Palacios, Diego Paños, Jesús Miguel Santamaría, Fermín Vidaurreta.
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