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¿Qué hay detrás de los brotes de violencia de los botellones?

Expertos en sociología y juventud y responsables policiales analizan la naturaleza de las algaradas protagonizadas por jóvenes en las últimas noches. La pandemia actúa como detonante, pero hay otras razones que alimentan estos comportamientos

Aser Sesma, Luis Campos y Sergio García Magariño
Aser Sesma, Luis Campos y Sergio García MagariñoDN
Actualizado el 28/08/2021 a las 13:29
El fenómeno se viene repitiendo en Pamplona y otras localidades navarras: el ocio nocturno y los botellones derivan en ocasiones en actitudes hostiles donde no faltan los destrozos, las peleas entre los propios jóvenes y el lanzamiento de objetos a los cuerpos de seguridad que intentan controlar las calles. Un comportamiento que resulta nuevo ya que los altercados que salpicaron muchas noches en décadas anteriores estaban ligados a otro tipo de violencia radical de sobra conocida. Explicar esta nueva violencia como reacción a las restricciones y a la frustración de la covid-19 es una opción, pero quizás no suficiente. Desempleo, banalización del alcohol y la droga, polarización y cultura de la violencia juegan un papel larvado y peligroso.
PANDEMIA Y FRUSTRACIÓN
Para el psicólogo y terapeuta familiar Aser Sesma hay un componente de tensión acumulada tras año y medio de pandemia que se está dejando notar y con graves consecuencias en el ámbito familiar. “Hay un montón de tensiones, se están incrementando las separaciones... Todo eso lo estamos notando en la mucha gente que viene a nuestras terapias buscando cómo gestionar la ansiedad”, señala.
Destaca cómo después de los contagios masivos relacionados con el ocio juvenil y las no fiestas, cuando parecía que el avance de la vacunación iba a ayudar a normalizar la situación, “ hemos visto un nuevo repunte de casos. No hay relajación posible y no se ve el final. Estamos muy lejos de la normalidad y la gente, sobre todo los más jóvenes, necesitan sacar toda esa tensión y algunos lo hacen, por desgracia, de forma violenta”.
Como profesional y de cara a gestionar esta ansiedad recomienda potenciar el autocuidado en la medida de lo posible. “A través del ejercicio físico, pero también de los tiempos de desahogo en familia. Ya que no podemos estar tan sueltos como nos gustaría, disfrutemos del ocio en familia”, sugiere Aser Sesma.
Para el director del Observatorio de la Realidad Social del Gobierno de Navarra, Luis Campos, la escalada de violencia que se está viviendo en las calles en las últimas semanas puede obedecer “a la existencia de algún tipo de frustración que estos grupos de jóvenes no saben gestionar”.
Muestra su preocupación por la “violencia gratuita” de las últimas noches y asegura que el hecho de que haya cuadrillas que queden para pegarse “refleja una banalización de la violencia, una pérdida de valores. No sé muy bien todavía por donde encajar lo que está ocurriendo -reconoce-, pero está asomando la patita un fenómeno de violencia que no conocíamos en Pamplona”.
Pese a reconocer que la mayoría de los jóvenes “son pacíficos y se han adaptado a la realidad de la pandemia”, Campos advierte que como sociedad “estamos acostumbrados a tenerlo todo, a la inmediatez, y nos genera una frustración muy grande, sobre todo a los más jóvenes, cualquier límite o norma que seguir nueva, como el uso de las mascarillas o las restricciones a la movilidad”. Añade que con la pandemia habrá que convivir mucho tiempo: “Que nadie piense que el año que viene vamos a tener unos Sanfermines como los de antes de la pandemia, con la aglomeración de miles de personas celebrando el chupinazo. Eso no va a existir el año que viene. No tener soluciones inmediatas, como para la pandemia, genera una frustración grande entre los más jóvenes y eso hay que aprender a gestionarlo”, concluye.
BANALIZACIÓN DEL ALCOHOL
Sergio García-Magariño, doctor en sociología por la UPNA, comparte también que la frustración por la pandemia puede estar ejerciendo de detonante de los comportamientos violentos entre los jóvenes, pero apunta otras claves. “El alcohol se ha normalizado tanto en la sociedad que hemos olvidado que es una de las drogas más peligrosas que existe. En el caso de los jóvenes hay una asociación automática de la diversión nocturna con el alcohol, eso era una tendencia creciente y quizá con la pandemia y los confinamientos no ha hecho sino intensificarse. Es un problema que ya existía y que no tiene fácil solución, salvo que se revise un poco todo lo que tiene que ver con la salud y la tolerancia hacia las drogas”, destaca.
Apunta una segunda clave que tiene que ver con la “normalización” de la polarización y de la violencia. “En las últimas décadas se ha venido apreciando un incremento de la polarización de la sociedad y del conflicto. La música, los videos, la televisión, introducen cada vez más elementos de violencia en las formas de socializacion. Y cuando uno está muy expuesto a la violencia su umbral de tolerancia cada vez es más alto”, defiende el sociólogo.
Finalmente, García-Magariño resalta otro factor: el desempleo juvenil. “Que casi el 30% de la población menor de 25 años esté en paro es muy preocupante”, alerta. Y aunque afirma no conocer todavía los perfiles sociales de los jóvenes que han participando en las últimas algaradas en Navarra, sugiere que la diversidad nacional, étnica y religiosa es un factor que cuando se gestiona bien, “fomenta la cohesión social y la cultura. Pero cuando no se gestiona bien, y se está viendo en conflictos en otros lugares de España, da lugar a identidades cerradas, lo que acaba propiciando más conflictos con aquellos que no son iguales”.
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