Entrevista
Ángeles Amatriain, madre de David Beriain: “Con todo el dolor, si David volviera a nacer le dejaría hacer lo mismo”
La madre del reportero artajonés David Beriain, que murió en Burkina Faso en abril, charla sobre su hijo, su legado y sobre la necesidad de seguir dando voz a las personas que no la tienen


Actualizado el 23/08/2021 a las 07:49
La huella del reportero David Beriain Amatriain está muy presente en las paredes del txoko de su casa familiar de Artajona. A la derecha, nada más entrar, un sable y un trabuco de sus primeros viajes al conflicto de Afganistán, país que visitó siete veces y al que es posible que hubiera regresado en estos días tan convulsos. En la pared de enfrente, dos máscaras, una de El Congo y otra de Amazonia, vestigios de su célebre periodismo de inmersión en las realidades más peligrosas y olvidadas de planeta. Un poco más a la izquierda, destaca una enorme talla con la que regresó de Argentina de sus primeras prácticas, sin haber empezado siquiera segundo de Periodismo. Fue allí donde se inició en la investigación, donde eclosionó su vocación de reportero comprometido con la justicia. Su madre, Angelines Amatriain Jimeno, de 69 años, sonríe al imaginar cómo se las tuvo que ingeniar para introducirla en el avión. Pero lo logró, como casi todo lo que se propuso el periodista artajonés, que murió en una emboscada en Burkina Faso el pasado 26 de abril. Tenía 43 años.
Su foto preferida preside la sala. En ella, se ve a Beriain prender la mecha del cohete de las fiestas de Artajona de 2015, con el lema “¡Vuela libre!”. “Creo que fue uno de los días más felices de su vida y entraña mucho de su alma artajonesa, su sonrisa... enseguida supe que este iba a ser su sitio para siempre”, expresa Angelines Amatriain. Bajo esa imagen, charla sobre su hijo.
¿Cómo está?
Solo tengo palabras de agradecimiento. A instituciones, organizaciones, a todas las personas de este pueblo... Voy al cementerio y siempre encuentro algo: una flor, un escrito... Todo eso me ayuda mucho en el dolor. ¿La pérdida? Es tremenda, creo que solamente la pueden entender las madres que han perdido a un hijo. ¿La circunstancia? Muy dura, porque en la pérdida influye mucho la circunstancia. Y lo demás... intento pensar que donde está es feliz, porque si no tiene que ser muy duro que has perdido lo que más quieres sin un futuro de nada. Los que no piensan así dirán que soy una necia, pero yo me agarro a eso e intento que esté conmigo de la manera que sea y me ayude.
Hace unos días habría cumplido 44 años.
Fue un día muy duro. Porque ese abrazo de oso que nos dábamos, aunque fuera por teléfono, no lo tuve. Y fue muy duro el encuentro con Rosaura (mujer de David). Fue muy duro porque lo tienes especialmente presente. Aunque muchísimas de las veces que cumplió años no estaba en Artajona.
¿Cómo solía ser su cumpleaños?
Lo solía celebrar a final de agosto, el 30, porque ese día cumple Rosaura. Procuraba venir y celebrarlo en El Corral con los amigos, porque para él eso era sagrado. El otro día, el de su cumpleaños, sus amigos hicieron una cena. Los amigos para David eran tan importantes... y él para ellos también. Han sido generosísimos con David.
Estos días, tal y como está Afganistán, quizá estaría por allí.
Si hubiera podido viajar, estaría por allí, por la afinidad que tenía con ese país. Había estado siete veces, y también en Irak, Pakistán... Quizá porque fueron sus primeros años, pero tenía un especial cariño a Oriente Medio. Me lo imagino por allá, por Kabul o lo más recóndito, igual del lado del ejército como el de los talibanes, pero seguro que estaría por allí.
Muy propio de él, ir al lugar del que todos se van y hacer preguntas a aquellos de los que todos huyen.
Exacto. Habría buscado a esa persona no demasiado idónea para nosotros, desde nuestro punto de vista, pero que para él sería tan respetuoso como lo era el de ‘nuestro lado’, por llamarlo de alguna manera. Si algo me enseñó David es que no había un lado ni otro, solo personas en circunstancias diferentes y que actuaban de esa manera porque la vida les había sido tremendamente injusta.
Es algo que caracterizó su carrera desde el inicio.
Y es muy importante seguir haciendo lo que él hacía. No porque lo hiciera él, sino porque es necesario seguir mostrando el lado oscuro de la humanidad, ese que no nos gusta ver pero que existe. Es dar voz a los sin voz. Con la ventaja de que él siempre tenía billete de vuelta y los demás se quedaban... Él valoró mucho que en su devenir de la vida no se le pusiera ningún inconveniente, que por otro lado creo que es algo que ninguna madre hace. Pero ayer me mandaron el whatsapp de un chico y al final él decía que no sabía si, llegado el momento, dejaría a su hijo marchar como yo le dejé a David. Le contesté que yo no le había dejado marchar, que David se había ido, y que desde luego no me penaba, a pesar de este final. Si David volviese a nacer, con todo el dolor del mundo, le dejaría hacer lo mismo.


Así lo plasmó él en una entrevista: “Mis padres, mi familia y mi mujer me han querido de la manera más hermosa que se puede querer a alguien: libre. Aunque eso suponga que un día pueda haber una llamada que les diga que no voy a volver. Es un acto de generosidad del que yo no sé si sería capaz”. En la práctica no sería fácil.
Lo vivíamos de una manera muy natural, solamente se diferenciaba en que tardábamos tiempo en verlo y ya está. No vivíamos esa incertidumbre ni esa tensión. O quizá sea una inconsciente, o puede que con el tiempo me haya hecho un escudo y me haya autoprotegido, o puede que al final me acostumbrara. Es posible. Es una pregunta que me hacen mucho, y no tengo esa sensación. Para nada, ni de dolor, ni de sufrimiento, ni de peligro. Sé que estaba en sitios peligrosos y que un día le podían rajar la cabeza, claro que lo pensaba, pero con el tiempo he pensado muchas más veces en que le podía afectar psicológicamente.
¿En qué sentido?
Él iba y sabía volver. Pero yo notaba que a medida que iba y venía su mochila se iba haciendo más grande. Yo le decía: ‘David, creo que tienes muchas heridas en el alma’. Y él me respondía: ‘Mamá, si no me traigo heridas es que no he sabido ni ir ni volver. Esto me tiene que pesar. Pero tengo que aprender a vivir con la mochila’. Yo tenía mucho miedo, porque andaba con la tensión muy alta. Se había ido a Burkina, después se iba a Colombia, igual después a Jerusalén, la empresa... Tenía muchos frentes. Seguramente él diría que todo esto son paranoias de mamá, pero el miedo que yo tenía era a que le diera un yuyu. A eso le tenía miedo, más que a la peligrosidad, porque este viaje (a Burkina Faso), de peligrosidad nada.
Dentro de su trayectoria, ¿dónde enmarca este viaje?
Era un bypass de un viaje a Colombia. Habían estado ya, pero se tuvieron que volver porque Roberto (Roberto Fraile, el cámara que murió con él en Burkina Faso) se cogió el virus y el contacto que tenían que hacer con los narcos no terminó de salir. Iban a volver (a Colombia), porque por lo visto lo que iban a hacer ya se podía por las fechas. Así que entre medio fueron allí para hacer ese reportaje sobre la caza furtiva. Para nada percibí peligro.
¿Cuándo habló con él?
Me llamó del aeropuerto de París para despedirse y como Roberto me estaba oyendo, le dije: ‘Roberto, cuida a David’. Y él me contestó: ‘Me tiene que cuidar él a mí, que yo tengo dos hijos’. ‘Pues os cuidáis los dos, que para eso estáis junticos’. Y eso fue lo último que hablamos, verbalmente. Después, ya por whatsapp.
¿Cómo se enteran de que está pasando algo?
El lunes 26 de abril, cuando iba a ir a andar con mi hermana, vino con el coche Eduardo (su hijo pequeño) y me dijo que me montara, que David había desaparecido. Yo me quedé cortada, nunca había recibido una noticia así. Que no tuviéramos noticias de él sí, pero que constase que estaba desaparecido por el teléfono satélite y sus claves, no. Fuimos a su casa y por el camino me dijo que había habido un asalto pero que a él no le había pasado nada. Vino su padre y ahí estuvimos todos, a la espera. A eso de las siete u ocho, llegó un email del embajador de Mali aseverando que estaban en búsqueda, que habían salido las fuerzas civiles a buscarlos. A mí en ese momento me pareció que podía ser otra de David; no sé si me quise consolar, pero pensé que pronto dirían ‘aquí están’. A las doce de la noche Rosaura puso un whatsapp de que los habían encontrado, que estaban bien y que los iban a sacar. Me fui a dormir tranquila. Pero a las cinco de la mañana, Eduardo, que iba a trabajar, me escribió para decirme que el embajador había enviado otro email diciendo que no eran ellos y que apuntaba a un secuestro. Un secuestro, qué miedo... A las dos horas, Eduardo se salió del trabajo, vino a casa y ya noté que algo más gordo pasaba. Enseguida, hacia las ocho o nueve, ya comunicaron que habían encontrado a tres personas y que por las señas tenían muchos datos de que fueran ellos. Pero siempre piensas que puede no ser, y más en un país en el que primero te han dicho una cosa y luego otra. Conforme van pasando las horas ya se fue comprobando... y se desencadenó el final.
La lejanía, la confusión de las noticias... tuvo que ser una sensación de irrealidad muy grande.
Sí, totalmente. Yo en ese momento me preguntaba ¿cómo, cómo es posible? Luego ya nos explicaron que se vieron envueltos en una emboscada. Tampoco sabemos si en ese momento murieron, o quedaron heridos, porque parece ser que quedó herido Roberto y a estos les dieron la posibilidad de huir y dijeron que no... pero ya a partir de ahí ya no sabemos nada más. Como dices, fue una sensación terrible de irrealidad. Por lo visto es una zona en la que el ISIS y facciones de Al Qaeda realizaban acciones, sobre todo de secuestros... Pero tuvieron mala suerte.
¿Cómo se lleva no tener todas las respuestas?
Claro que le doy vueltas, y le sigo dando. Pero no me tengo que enquistar en eso y sé que David tampoco querría que me enquistara en eso. Si tuvo tiempo de mirarles a los ojos, posiblemente les habría perdonado. No quiero vivir con rencores, no quiero alimentar odios ni nada de eso. Fue una mala suerte en el sitio que menos pensábamos. Ya está.
“Era un chico normal que amaba a su pueblo con locura y al que le gustaba irse por el mundo”
En estos meses se han destacado mucho las facetas profesional y humana de David. ¿Cómo era como hijo?
Un chico muy normalico de Artajona que amaba su pueblo con toda su alma, muy de su familia, al que le encantaba venir y estar con la gente, y al que le gustaba irse por el mundo. Para mí era eso, mi hijo, un chico muy normal. Quizá su trabajo no era muy normal, o las cosas que hacía no eran muy normales, pero es algo a lo que no le concedo ningún valor extraordinario. Lo decía él, las historias están muy cerquita, lo único que hace falta son ojos grandes para ver esas historias pequeñas.
Pero llegó donde muy pocos o nadie ha llegado.
Porque era muy cabezón... Para mí lo más duro fue cuando en primero de Periodismo se fue a Argentina (empezó a trabajar en el periódico El Liberal, en Santiago del Estero, donde estuvo varios años destapando la corrupción). Se fue solico y entonces yo lo hubiese cogido y lo hubiera atado. Cuando montó en Noáin sentí un desgarro inmenso, tan grande como el de ahora o mayor. Cuando volvió, ya volvió otro David.
¿En qué lo notó?
Primero porque trajo un chute impresionante, ya no quería volver a la universidad, quería irse allí. Yo le dije que terminara y después se fuera donde quisiera. Al año siguiente volvió, y al año siguiente... y ya se quedó. Ahí noté que no iba a estar sentado en una sillica, que iba a volar y que iba a volar lejos. Luego volvió a La Voz de Galicia, después ADN, y en torno a 2011 y 2012 montó la productora.
¿No cree que ahí también está otro de sus grandes logros? Gestar y triunfar con una productora de periodismo de alta calidad.
Le costó muchos sudores, dolores y angustias. La empresa ha tenido muchos logros, pero a él le preocupaba mucho cuando no había trabajo, hacer un ERTE cuando la pandemia... Como su vida era muy austera a él le preocupaban los demás. Poco antes de irse a Burkina Faso, me dijo: “Yo no quiero dejar nada material a mis sobrinos, solo les quiero dejar en herencia haberlos llevado por el mundo, enseñarles culturas, gentes, el respeto, la diversidad... que abran los ojos, que si luego se quieren quedar aquí se queden, pero que sepan qué hay detrás de esta ventana”.
De algún modo lo ha hecho a través de su obra. ¿De todos sus programas qué se le quedó grabado?
A mí el reportaje de los niños sicarios (en Colombia), un niño que se llamaba Felipe, que mataba a sueldo. Y cuando David le preguntó qué quería, él respondió que ver a su mamá. A mí Felipe se me quedó en lo más adentro del alma. Nos hablaba mucho de Cornelio y de Pastor Alape de las FARC, una autoridad en esa facción (logró entrevistarlos en la selva), hasta el punto que el Pastor Alape le regaló su distintivo de las FARC y su gorra. Y del programa de los hmong (la minoría que luchó junto al ejército estadounidense en Vietnam), ese cansancio horrendo que se le ve a David en una imagen en la que él dice que ya no puede más, que es cuando va al encuentro de los hmong. Todos los programas tienen algo. Y esos recuerdos no van acompañados de peligrosidad, sino de ese desgarro que se intuye a través de esa máscara que se ponían los entrevistados para no ser reconocidos. Madre mía qué dolor, qué dolor...
¿Le preguntó alguna vez si le merecía la pena estos riesgos para que estas personas tuvieran voz?
Cuando fui a Madrid al estreno de 'El Ejército Perdido de la CIA' salí al borde del ataque de nervios, era de muchísima tensión. Cuando salimos me eché a llorar y le dije: ‘¿A ti esto te compensa? Porque a mí no’. Me sonrió y me dijo: “Si lo hago es porque me compensa, pero es que no se trata de compensaciones, se trata de contar lo que otros no cuentan’.
David contaba que a todos sus entrevistados les hacía la ‘pregunta del navarro’: “¿Qué opina tu madre de lo que haces?”. Decía que las respuestas eran increíbles. Su madre, ¿qué opina de lo que hizo?
Si lo miro desde la vertiente que lo puedes ver tú o la gente que estáis en ese mundo me puedo sentir una afortunada. Si lo miro con los ojos de madre, me siento muy normalita, creo que todas las madres quieren inmensamente a sus hijos, con locura, y están dispuestas a todo. Creo que en eso no tengo ningún mérito, toda madre haría lo que he hecho yo, la vida que yo le he dado a David. ¿Y qué dice su madre...? Su madre no dice nada, las madres no decimos nada, creo que hacemos silencios, lloramos y nos alegramos con los logros y las luchas de nuestros hijos, y nuestro único objetivo es que sean felices. Con las FARC, en la cadena, en un estrado... donde sea, en cualquiera de los trabajos, todos son igual de dignos. En ese aspecto me queda ese consuelo de que fue feliz, con luces, con sombras, como todo ser humano, pero creo que fue feliz.
DNI
Angelines Amatriain Jimeno. El periodista David Beriáin era hijo de Javier Beriáin Arraiza, natural de Uterga, y Angelines Amatriain Jimeno, de Artajona. Estaba casado con Rosaura Romero y tenía un hermano, Eduardo, y dos sobrinos de 4 y 8 años. Angelines Amatriain, de 69 años, fue profesora durante 40 años, 33 de ellos en el Colegio Urraca Reina de la villa de El Cerco. En sus inicios también impartió clases en Mendigorría y Azona (Valle de Yerri).
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