Voluntarios de Apoyo Mutuo antes de comenzar el reparto de alimentos en el barrio de la Rochapea. A la derecha, Mikel Otazu, maestro jubilado de 69 años
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Voluntarios de Apoyo Mutuo antes de comenzar el reparto de alimentos en el barrio de la Rochapea. A la derecha, Mikel Otazu, maestro jubilado de 69 años

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“Los que vienen no son solo gente de fuera; cada vez vez hay más de aquí”

Comenzaron en 2013 ayudando a 150 familias y esta cifra ha aumentado a 292 (50 más que antes de la pandemia). Hace unos días les anunciaron que posiblemente se queden sin local

Iván Benítez

Actualizado el 11/07/2021 a las 14:47

Parece mentira que en el siglo XXI tengamos que hablar de colas del hambre.

Si nosotros y otras entidades de esta comunidad no realizamos un reparto de alimentos cada semana, la gente pasaría hambre. Las colas del hambre en Navarra no son tan llamativas como las de Madrid, porque aquí hay menos población y se reparte de otra manera para evitar la aglomeración.

¿Qué podemos encontramos los miércoles en la puerta de la Asociación Apoyo Mutuo, en el mismo corazón de Pamplona?

Nos encontramos muchas familias, de todos los sitios, incluidas autóctonas. Familias que vienen a buscar alimentos para sobrevivir en Pamplona.

Y esta cola del hambre en Pamplona concentra más y más gente por semanas.

Sí, con el inicio de la pandemia hubo muchos ERTEs y despidos. La gente dejó de cobrar dinero y entonces nos venían y les dábamos una caja de emergencia. Siempre entregamos. No dejamos a nadie sin comida. Nos decían: “No tenemos dinero ni para comprar alimentos para los hijos”. El servicio ha ido aumentando desde entonces. En el propio Banco de Alimentos se llevaron una sorpresa porque en el último informe que les mandamos habíamos aumentado mucho el número de demanda de alimentos. Hemos llegado a 292 familias, que son casi mil personas.

¿Qué alimentos van a repartir esta mañana de miércoles?

El reparto de alimentos se considera la caja básica que establece Cruz Roja: arroz, garbanzos, un litro de aceite, pasta, pescado (atún, sardinas), azúcar, harina, leche. A esta caja la acompañamos con otra de fruta. Todo esto lo completamos con otros productos que nos entregan el Banco de Alimentos y las verduras frescas de Huertas Amigas. No sé para cuánto tiempo tienen con estas cantidades, quizá una o dos semanas.

El otro día la presidenta del Banco de Alimentos, Marisol Villar, aseguraba que cada vez más personas con trabajo solicitan ayuda del Banco de Alimentos.

Si hubiera trabajo y unos salarios altos esto no tendría razón de ser. Esta realidad también va relacionada con los alquileres y la situación de la vivienda. Si se pagan alquileres de 700 euros y una mujer con tres hijos cobra 900 de Renta Garantizada, ¿qué se puede comprar con los 300 restantes si hay otros gastos?

Y todo esto lleva años enquistado. ¿Por qué no está en la mesa del debate político?

Hemos invitado al Parlamento de Navarra, al alcalde de Pamplona y al Delegado del Gobierno para que lo comprueben en persona. Y nos han planteado de forma positiva que van a venir.

¿Y han acudido a la invitación?

Parlamentarios, a nivel individual, sí lo han hecho, al igual que concejales. Esperamos que vengan como autoridades. Somos pacientes. Les invitamos hace solo dos meses.

Es importante comprobar en persona que esta realidad existe.

Es muy importante que los medios de comunicación la mostréis, para que quede claro que los que vienen aquí no son solo gente de fuera. También son de aquí. Y cada vez más. Suele venir un hombre de 90 años de toda la vida de la Rochapea que está cobrando una pensión mínima. Y viene y le damos lo básico. También viene otra mujer de toda la vida de aquí que la encontramos recogiendo basura de los contenedores porque no le llega para cuidar a toda su familia. Personas que se han arruinado...

Desde que se jubiló como maestro en Ansoáin dedica todo su tiempo a los demás. ¿Cómo se afrontan mañanas como esta?

Es muy triste que tenga que ser la sociedad civil la que se ocupe de la sociedad. Tenía que haber medios administrativos y deberían ser los servicios sociales los que deberían suplir nuestra actividad. Y para eso se necesita mucho dinero. Y parece que a la Administración le cuesta invertir.

Unos veinte jóvenes de la calle de origen magrebí ayudan activamente en el reparto.

Efectivamente (sonríe con satisfacción). Ahora estamos en una nueva etapa con el colectivo de jóvenes migrantes. Son un grupo de chavales que vivía en la calle. Les hemos acogido en Apoyo Mutuo. Les hemos ayudado a encontrar habitaciones y acompañado a las trabajadoras sociales, al médico cuando lo han necesitado... Y ahora son ellos quienes quieren contribuir. Por eso, en señal de agradecimiento vienen a trabajar con nosotros. No nos dejan trabajar. Ellos cargan y descargan. Somos su familia. Estos chavales hacen ahora de mediadores con los nuevos que van llegando.

¿Cuál es la necesidad más urgente ahora en una entidad como Apoyo Mutuo que ayuda a mil personas con ropa, alimentos, asesoramiento jurídico, acompañamiento...?

Nos vamos a encontrar en breve con un problema serio. Hace unos días nos hemos enterado que en la fábrica donde estamos tienen un proyecto urbanístico y que todo esto tiene los días contados. Es decir, necesitaremos en breve un nuevo local.

Si este local desaparece y no hay otro…

Significaría que mil personas van a tener dificultades para alimentarse, para abrigarse o recibir acogimiento, como es el caso de estos chicos. Pero soy optimista. Por desgracia vamos a seguir haciendo estas cosas.

Hay mucha solidaridad.

Mucha, mucha, mucha. Recibimos ayudas de muchas personas. Y hemos recibido una ayuda económica muy importante de la Fundación La Caixa Navarra para rehabilitar este local y nos va a subvencionar para comprar alimentos básicos como leche infantil, papillas, pañales y otros productos de higiene.

Las personas que vienen aquí a por alimentos, ¿qué dicen?, ¿cómo actúan?...

Hace unos días vino una mujer y nos decía que necesitaba algo porque el ERTE le estaba matando de la miseria que cobraba. Solo le daba para pagar la hipoteca y la luz. Pero no tenía para comer. Le pusimos una caja de alimentos básicos más la fruta que le complementa y algo de bollería... La mujer se emocionó y lloró. Nos explicaba que había trabajado toda la vida de camarera y sus hijos son adolescentes. La gente viene y te dice: “No puedo comer, tengo hambre”. Y le damos una caja de emergencia.

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