Justicia
Una navarra, salvada por un grito que solo vocalizó
Todo se descubrió gracias a que la víctima pudo vocalizar la palabra “ayuda” ante un policía local cuando el acusado no miraba.


Actualizado el 21/05/2021 a las 14:46
El Tribunal Supremo acaba de confirmar una condena de 32 años de prisión a un hombre por maltratar y violar a su pareja en una localidad navarra, una de las penas más altas impuestas hasta ahora por delitos de violencia machista en Navarra. Una sentencia acorde a unos hechos que los magistrados relatan con adjetivos tan extremos como “salvaje”, “brutal” e “inhumano”, y que usan para calificar las agresiones que infligió el condenado a la mujer, algunas de las cuales incluso grabó. Un calvario que se descubrió hace cuatro años gracias a un detalle muy silencioso: un policía local acudió a la vivienda alertada por un ciudadano anónimo y la mujer lo aprovechó para situarse fuera de la vista de su agresor y vocalizar tres sílabas sin emitir sonido alguno: “Ayuda”.
El agente de policía local que intervino tiene grabada aquella actuación y la imagen de la mujer esbozando esta palabra en lo alto de las escalera, mientras él estaba abajo. Este jueves 20 de mayo lo recordaba. Ese día de mayo de 2017 recibieron una llamada que alertaba de que se estaba produciendo una pelea o una agresión en un domicilio. Acudió él solo, no recuerda por qué. Tocó el timbre y le abrió el acusado, al que ya conocía. “Le comenté que habíamos recibido una llamada y me contestó que sería en otra vivienda, no en la suya. Le pedí que me dejara entrar de todas maneras, que quería echar un vistazo y ver con quién estaba. Y me dejó”.
Ambos accedieron a la planta baja de la vivienda y el agente le preguntó dónde estaba su pareja. “Creo que me dijo que estaba arriba duchándose o algo así, y le dije que quería hablar con ella y que se quedara en la cocina esperando”. El policía añade que fue hacia las escaleras y nada más pisar los primeros peldaños miró hacia la parte superior. “Ella estaba arriba, a unos diez escalones de distancia. Me veía a mí, pero él no le veía a ella. Y entonces lo vocalizó muy claro, en silencio: ‘Ayuda’. Es algo que tengo grabado”.
El policía local subió las escaleras sin decir nada y acompañó a la joven a su habitación. “Estaba asustadísima, en pánico. Le pregunté qué le había hecho, se subió un poco la camiseta... y se me puso la piel de gallina”, rememora. “Le dije que se quedara quieta en la habitación, que no saliera hasta que yo se lo dijera”, recuerda. Él alertó a la Policía Foral y bajó a la cocina, donde continuaba el ahora condenado. “No le dije nada de lo que había visto arriba, le pregunté si habían discutido o qué... le di coba para entretenerle mientras llegaba la Policía Foral”. La patrulla policial apareció y se llevó detenido al hombre. Solo entonces, bajó la víctima. “Y a partir de ahí salió toda esta historia. Soy incapaz de imaginar lo que tuvo que pasar”, expresa el agente, que de vez en cuando suele ver a la chica. “Me acuerdo de aquello y me alegra mucho verla bien y que haya rehecho su vida”.