Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Discapacidad visual

Adriana Palomo: “Los ciegos no somos personas frágiles”

Adriana practica violín y canto en la Escuela de Música de Burlada, lee cien libros al año y en septiembre comenzará en Vitoria Traducción e Interpretación en la Universidad del País Vasco

Adriana Palomo: “Los ciegos no somos personas frágiles”
Adriana Palomo: “Los ciegos no somos personas frágiles”
Publicado el 14/05/2021 a las 16:37
¿Estás nerviosa? Nos conocimos con 7 años y el 14 de mayo cumplirás 18.
Un poco nerviosa sí.
En aquel reportaje contabas que la noche anterior habías soñado con la nieve. ¿Qué has soñado esta noche?
Uf, con el examen de filosofía de mañana. Marx y Nietzsche es mucho menos bonito que lo de la nieve, pero creo que es lo que he soñado (ríe).
¿Cómo son tus sueños?
Supongo que una persona ciega sueña igual que una vidente, pero excluyendo el sentido de la vista. Yo sueño como vivo. Supongo que no me doy cuenta, pero diría que las sensaciones se incrementan y suplen la falta de visión por el tacto, el oído o el olfato. Por ejemplo, en el caso del sueño que te conté cuando era pequeña, una persona vidente vería la nieve muy blanca y se tiraría con el trineo; en mi sueño toco la nieve para saber que estoy jugando en ella y siento su temperatura, y oigo las voces de mis primos para saber con quién estoy. También hay veces que no me hace falta sentir todo mi entorno, sino que sinceramente tengo la información de antes, es decir, como si se le proporcionara a mi cerebro toda la información para no perderme dentro del sueño. Sé que suena extraño… pero no sé cómo explicarlo de otra forma.
¿Sueñas con imágenes?
Imágenes no se me proyecta ninguna. Sé qué es una imagen en la teoría, pero no te sabría decir qué es en sí, igual que los colores. Nunca he visto ni siquiera luz, así que el cerebro solo transmite lo conocido. Sin embargo, sé que hay personas con resto visual que a veces sueñan sin el sentido de la vista, unas en blanco y negro, otras en color…
En 2010 también preguntabas por la luna.
Tenía mucha obsesión por la luna y creo que siempre me he preguntado por ella por curiosidad, no sé. Supongo que es bonita, pero ya es algo que no me planteo.
En este punto, interviene su madre. “Curiosamente hoy hemos coincidido comiendo en casa y su hermana Aiora -que ya tiene 14 años- ha sacado el tema de la ‘superluna rosa’ y lo hemos comentado. Pero, bueno, estamos en lo mismo. Lo que no lo puede tocar se lo tiene que creer”, aclara Ana.
Vas a cumplir 18 años...
¡Ya puedo votar! (ríe). Tengo mucha ilusión de solicitar el voto en braille.
¿Cómo es Adriana?
Soy tranquila, sosegada y tímida. Igual de curiosa. Muy lectora.
En realidad, Adriana lee unos cien libros al año. Con diez años terminó la saga de Harry Potter, le entusiasma Stephen King y la novela negra de César Pérez Gellida. Este mes, entre exámenes, lee La Regenta
¿Por qué La Regenta?
(Ríe). Me vi una miniserie de televisión del año 95 y me animé a leerlo. Me gusta porque la protagonista es una incomprendida.
Eres tímida y con sentido del humor.
Sí, mantengo el mismo humor negro que mi padre, por eso nos llevamos tan bien.
¿Qué aporta en tu vida el violín y el canto?
Me ayudan a evadirme y relajarme.
Tu profesora y pedagoga terapéutica decía que vivías en un permanente esfuerzo.
Tampoco creo que fuese un permanente esfuerzo. Con 7 años me lo pasaba muy bien. Hago lo que se me pide y trato de hacerlo como cualquier persona. Y si me cruzo con alguna dificultad, intento resolverla. Pero no es obsesivo. No pienso en las dificultades que me voy a encontrar.
Cada día vas sola al instituto, 2 kilómetros al día, ida y vuelta. ¿Qué se siente al caminar?
La primera vez llegué muy bien. No me perdí y fue un subidón. Qué felicidad poder hacerlo sola. Las siguientes ocasiones me liaba y me agobiaba. Me cuesta pedir ayuda.
¿Cómo es la relación con los compañeros?
Estoy en un círculo cerrado. Salimos a la calle, almorzamos, nos sentamos y hablamos.
En esta cuestión interviene su madre. “Adriana se siente muy integrada en clase pero no tiene mucha vida social fuera desde que comenzó la pandemia”, lamenta. Lo que peor lleva de esta época es no poder regresar a los campamentos de la ONCE en Pontevedra. El año pasado tenía la oportunidad de viajar a Edimburgo y se canceló.
Ana, descríbame a su hija.
Adriana es tímida y madura. Siempre ha tenido claro lo que quería hacer. También es muy segura de sí misma. No le importa lo que opinen de ella. Lleva una vida muy normal. Además es muy buena niña.
Adriana, ¿qué vas a estudiar en Vitoria?
Quiero estudiar Traducción e Interpretación. Me gustaría enfocarlo a la traducción literaria. Viviré en una residencia y los fines de semana volveré a casa.
¿Cómo imaginas esta nueva etapa?
Estoy ilusionada por conocer a gente con intereses comunes y a la vez un poco nerviosa porque Vitoria es un terreno desconocido.
¿Tienes miedo?
Creo que estoy preparada para arreglármelas si surge algún contratiempo. Por ser ciega no evito hacer cosas. No hago nada excepcional. No somos personas frágiles. Además, nuestra presencia aporta normalidad y ayuda a evitar prejuicios. Nos podemos integrar donde sea.
¿Cuándo fue la última vez que detectaste algún tipo de prejuicio?
Me estoy acordando de cuando dijimos a una persona cercana que en septiembre tengo pensado ir a la universidad en Vitoria. Y soltó: “Pero, pobrecita, cómo la podéis dejar sola”. Me estaba sintiendo fatal al escucharla. Me da mucha rabia también cuando se dirigen a a mí pero le preguntan a mi acompañante.
¿Qué deseo pedirás al soplar las velas?
Nunca pido un deseo, pero me gustaría superar la prueba de acceso a la universidad y conseguir un perro guía. Son una monada y te hacen la vida más fácil. En cualquier caso, soy consciente de que para conseguir un perro antes es importante ser autónoma con el bastón.
Ana, ¿qué se siente al comprobar que Adriana ha llegado a este punto de normalidad?
Nos llena de orgullo verla capaz de hacerlo todo. La miro y aún recuerdo cuando nació y pensábamos asustados qué pasará con nuestra hija en el futuro. No sabes a lo que te enfrentas y crees que todo van a ser dificultades y que todo le va a costar. Sin embargo, algo que pensábamos que iba a ser muy complicado, en el día a día ha sido muy fácil. No sé si ha sido ella, el entorno, si ha sido un poco todo. Criar a Adriana no ha sido más difícil que con otro hijo. Al revés, porque no da ningún problema.
¿Y tu relación con tu hermana Aiora?
Nos peleamos, pero somos confidentes.
Aiora, ¿hay algo que odia tu hermana?
No le gusta nada levantarse los domingos para comprar el pan. Y si no lo hace ella lo tengo que hacer yo... ¡Y no es justo! (Ríen).
Nerea Juaniz Ilzarbe, maestra y pedagoga terapéutica: “No quiere diferencias con los compañeros”
 

Adriana Palomo: “Los ciegos no somos personas frágiles”
 
“Al escuchar que tenía de alumna este año a una niña ciega y que se llamaba Adriana... ¡me hizo una ilusión loca!”. Es el primer curso de Nerea Juaniz como profesora interina en el IES Ibaialde de Burlada, pero conocía a Adriana porque en Primaria, con diez años, fue su tutora.
Durante este año la labor de esta pedagoga terapéutica se centra en “adaptar” los apuntes y los exámenes que elaboran los profesores para que la alumna los pueda leer en clase tanto en papel como a través de una aplicación en el ordenador con auriculares. Aunque Adriana se maneja principalmente en formato digital gracias a una línea de braille que permite a los invidentes comunicarse mediante los dispositivos electrónicos, parte de las asignaturas también las estudia en papel, con apuntes escritos en braille, previamente preparados por la ONCE, y que Nerea encuaderna. Es tal el volumen de material escolar, que se necesita una estantería en un despacho fuera del aula para poder almacenarlo todo. Por ejemplo, solo el libro de Historia del Arte (ver fotografía) ocupa 17 volúmenes, una balda.
ELLA SOLA TIRA ALANTE
Al describir a su alumna, Nerea no disimula cierta emoción, y se le ilumina la mirada. “Adriana no quiere que existan diferencias con los compañeros. Mantiene los mismos ritmos, apuntes y exámenes”, explica. “Lo que le obliga a mantener una gran capacidad de esfuerzo”, añade. “Pero ella sola tira adelante. Es increíble. Se exige como uno más y se lo pone muy fácil a los profesores”. La pedagoga subraya el trabajo “en equipo” que realizan desde el instituto con el CREENA y la ONCE.
Respecto al examen de la EvAU (selectividad) la profesora aclara que la reforzarán con su presencia durante los exámenes para ayudarla con soporte informático. Y respecto a la universidad, Nerea ya ha contactado con la facultad de Vitoria. “Y me he quedado muy tranquila al hablar con ellos. Allí están muy preparados. Hay estudiantes ciegos y los profesores se han formado muy bien para adaptar el material”.
Latín, su preferida
 

Como profesor de Latín y Griego de Adriana en el instituto, sus asignaturas favoritas, Paco Azcárate reconoce que al principio sintió algo de vértigo al dar clase a un alumno ciego. Una sensación que no tardó en diluirse tras comprobar que su alumna era una más en clase. “Adriana me sorprende cada día. Es una chica tan alegre, vital e inteligente... Trabaja muy bien y atesora un don para las lenguas. La trato como a los demás compañeros”.
Adriana Palomo: “Los ciegos no somos personas frágiles”
 
¿Cómo visualiza la obra de Goya?
 

A sus 30 años de experiencia como Técnica de Rehabilitación de la ONCE, María Jesús Echeverría “Chus” es una de las personas de la organización que mejor conoce a Adriana. Su relación con la joven es tan especial que en la pared del despacho, sobre el ordenador, pegó hace once años la fotografía principal que ilustraba el reportaje que se publicó en Diario de Navarra. Y sigue ahí, descolorida.
¿Por qué esta fotografía?
Me gusta su expresión. Este gesto es lo que representa en la vida. Me gusta porque en la foto se la ve con una expresión al frente y una sonrisa. Esta es su actitud.
¿La conoce bien?
Siempre he estado con ella. Estos últimos años compartimos vacaciones escolares y aprovechamos para avanzar en la formación de su autonomía y movilidad, especialmente en los desplazamientos. También realizamos talleres con otros chavales para que trabajen habilidades cotidianas. Los niños ciegos no cuentan con la imitación visual y esta limitación la tenemos que sustituir con el resto de sentidos. Este es nuestro trabajo, les enseñamos a desarrollar su autonomía personal en los ámbitos de la orientación y movilidad y de las habilidades para la vida diaria.
¿En qué fase se encuentra Adriana a nivel funcional?
Estamos trabajando con ella la movilidad en espacios desconocidos en Pamplona y el manejo de autobuses urbanos. Incidimos en este tema para que cuente con estrategias de orientación propias y se pueda desenvolver en Vitoria, donde le ayudará otro especialista de rehabilitación de la ONCE.
Adriana Palomo: “Los ciegos no somos personas frágiles”
 
Impacta verla recorrer sola 1 kilómetro hasta el instituto.
Hay mucho trabajo previo detrás. Toda una vida, porque desde que son pequeñitos tienen que aprender a utilizar e interpretar la información sensorial no visual en un espacio para buscar referencias para orientarse. Tienen que aprender la postura, la marcha, el tema motriz. Hay mucho trabajo detrás de ese kilómetro hasta que convierte este recorrido en algo cotidiano y mecánico. Pero los primeros momentos fueron duros. La angustia de sus padres al verla salir de casa sola, los momentos en el que Adriana se perdía o se desorientaba o temía cruzar un paso de peatones...
Esa misma mañana de martes, Adriana se examinaba de Goya. ¿Cómo consigue una persona ciega visualizar y comprender una obra de arte?
A través de otras sensaciones. Adriana no sabe qué es el color negro, pero le han descrito a Goya y su trabajo. Y ella, con la información que recibe, empatiza con esas sensaciones y sentimientos. Y, a través de todo eso que le han explicado, subyace la emoción, y ellos son capaces de percibirlo.
¿Qué supone para ella trasladarse a Vitoria a estudiar y vivir?
Un reto. Y mucho miedo y ansiedad para los que viven alrededor. Pero Adriana se lo plantea con ilusión porque le gusta conocer gente y vivir experiencias nuevas. Y como todo esto está por encima de sus miedos y angustias, lo conseguirá. Para la ONCE es un motivo de orgullo y satisfacción pero corresponde a una trayectoria habitual. Nosotros les damos las herramientas y son ellos, con su esfuerzo, quienes salen adelante.
Sin embargo, Adriana quita hierro a su esfuerzo diario.
Porque siente que lo que hace no está por encima de los demás. No siente que su esfuerzo supone un plus respecto a los demás.
ETIQUETAS
volver arriba

Activar Notificaciones