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Obituarios

Alejandro Saiz Fernández, 27 años de profesor en Maristas de Pamplona

Foto de Alejandro Saiz Fernández
Alejandro Saiz Fernández
Cedida
  • Luis Landa El Busto
Actualizada 13/04/2021 a las 08:19

Sabemos cuándo nacemos, pero estamos inquietos por el interrogante de nuestra muerte. Como decía Leonardo da Vinci: “Así como un día bien empleado produce un dulce sueño, una vida bien utilizada produce una dulce muerte”. Esta frase coincide plenamente con la trayectoria de nuestro amigo Alejandro, que se nos ha ido sin hacer ruido.

Alejandro Saiz Fernández nació en Rioseras (Burgos) el 4 de junio de 1935, hijo de Pedro y Felipa. Los primeros años transcurrieron en su pueblo castellano junto a sus ocho hermanos, siempre con un espíritu de aprender los conocimientos básicos.

Su vocación religiosa tuvo mucho que ver con el tío marista, Eufronio, dando los primeros pasos de formación en el municipio guipuzcoano de Anzuola (1947), Balmaseda (Vizcaya) y Liceo de Burgos, donde hizo su profesión perpetua en 1957. Alejandro decía: “Día a día fui asimilando, gracias a los Hermanos, el espíritu y la práctica del caminar marista entre el estudio y el deporte”.
Ante la gran facilidad para las letras, estudió Teología, Sociología y Magisterio y pronto transmitió sus experiencias a los alumnos y familias de los colegios maristas en Durango (Vizcaya), Chamberí (Madrid), Arceniega (Álava), Bilbao y Pamplona. En 1993, quiso entregarse como misionero directo y se trasladó a la ciudad de Koumra en la República del Chad al sur de África, donde trabajó como albañil, jefe de obras, agricultor, además de maestro y guía espiritual. Escuchemos sus palabras: “En África, se desgarró mi modo de vivir contemplando la sencillez de la gente y una pobreza sin límites. Me hizo reflexionar que la vida no consiste en atesorar riquezas, sino en llenar el corazón de alegría y paz interior”.

El hermano Alejandro fue profesor en Pamplona durante 27 años, en cuatro etapas distintas de 1961 a 1999, dando toda clase de especialidades. Sobre todo le apasionaba el dibujo, por lo que ha dejado infinidad de láminas, en especial de flores y mariposas llenas de colorido; confiamos verlas pronto en una gran exposición. En 2018, recibió de APROMAR Navarra (Asociación de Profesores Maristas) un merecido homenaje, juntamente con otros 24 maristas, por su trayectoria en Pamplona.

El religioso Saiz, llamado ‘El Castellano’, amaba y practicaba el deporte, sobre todo el senderismo y montañismo, realizando grandes caminatas por los picos de Navarra y comunidades vecinas, así como Javieradas y campamentos con los estudiantes del colegio de Pamplona. Era socio del grupo de montaña Boscos y los domingos se convertía en guía del grupo, trazando el itinerario. “Nunca nos perdimos, porque preparaba al milímetro las rutas”, manifiestan sus seguidores. Las profesoras Camino Induráin y Socorro Caminos nos afirman: “Ascendimos de Yebra de Basa (Huesca) al monte Oturia (1.921 m), conducidos por Alejandro de modo tranquilo pero sin pausa”. En sus memorias, Saiz afirma: “En Pamplona tuve ocasión de subir a todos los centinelas (cumbres) que circundan el valle”.

Su gran amigo, el hermano Ricardo Izura dice: “Alejandro era el guía seguro, el compañero fiel, el hombre elegante, sereno, fiable y corazón noble y el artista que plasmó la belleza de la naturaleza creada por Dios”. No menos significativas son las palabras del hermano José Luis Lázaro: “Alejandro era, sobre todo, un hombre de oración, entregado a la causa de san Marcelino Champagnat, es decir, a los más necesitados y a la educación de los jóvenes, siguiendo la estela de su fundador”.

Falleció de muerte natural, el pasado 1 de abril, a los 85 años. Nos unimos al dolor de sus hermanas Merce, Pili, Puri, Mary y demás familia. Decenas de exalumnos y amigos se han sumado a la condolencia.

Alejandro dejó escrito, como si fuera una premonición, “recordar es volver a vivir”, porque su ejemplo, como persona íntegra y como marista, nos quedará para siempre. En palabras del pensador Gandhi: “Si la muerte no fuera el anticipo a otra forma de existir, la vida presente sería una burla cruel”.



El autor es amigo del fallecido

 


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