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Pamplona

Tras mes y medio en el coche, Javier durmió en una cama

De 65 años y 50 cotizados, ha logrado que le paguen su jubilación y el jueves entró a vivir en una habitación

Tras mes y medio en el coche, Javier durmió en una cama
Tras mes y medio en el coche, Javier durmió en una cama
Javier vuelve a dormir en una cama tras mes y medio viviendo en su coche
Javier vuelve a dormir en una cama tras mes y medio viviendo en su cocheIván Benítez
Publicado el 29/03/2021 a las 06:00
El jueves pasado Javier volvió a despertar en su coche. Sería el último amanecer. Le habían avisado que ese día cobraría la pensión de jubilación y también entraría a vivir en una habitación en un piso compartido. Nervioso, entumecido por la postura y el cansancio emocional tras un mes y medio en la calle, escribió unas palabras en su cuenta de Facebook: “Hoy me siento vivo”, dijo. Acto seguido, mandó un mensaje al grupo de whatsapp de la Asociación Apoyo Mutuo de Pamplona: “Después de mes y medio hoy duermo en un cama en vez de en el coche. Además, recibo mi pensión. No me dan nada, solo lo mío después de 50 años cotizados y una sinrazón de sentirme invisible para todos los estamentos oficiales. Hoy veo un pequeño rayo de luz. Os quiero dar fuerzas para que sigáis con vuestros deseos. Pero nos queda Juan, tirado en la calle, durmiendo en el coche. No podemos dejarlo dormir en el coche. Yo no lo voy a hacer. Un saludo. Gracias a todos”.
A Javier le desahuciaron el 10 de febrero y desde entonces ha vivido en su coche. La noche anterior a que tuviera que dejar su piso de alquiler, se levantó a las seis de la mañana, metió en el vehículo un juego de sábanas y mantas, donó casi toda su ropa y una televisión a Apoyo Mutuo, y se dejó caer frente al volante. Y sin rumbo fijo, condujo en busca de un lugar poco transitado por la comarca de Pamplona donde pasar la primera noche. “Me convertí en invisible, porque ahora los desahucios son invisibles”. Así arrancaba el reportaje publicado en Diario de Navarra el 7 de marzo en el que se informaba que Javier y Juan, dos pamploneses de 65 y 60 años, vivían en plena pandemia dentro de sus coches. Divorciados y con hijos, los dos coincidían al afirmar que habían llegado a esa situación por diferentes circunstancias personales y laborales, pero solo una causa, la del silencio administrativo y la brecha digital -dejaban claro- les terminó de empujar al margen de la sociedad.
“NO SOMOS INVISIBLES”
Mucho ha cambiado la vida de Javier desde entonces y muy poco la de Juan, que ha empezado a cobrar la renta garantizada sin posibilidad de alquilar una habitación.
Javier, ¿cómo se encuentra?
Me siento muy extraño. Me vienen imágenes de soledad y miedo. La soledad de las tardes dentro del coche. Me encontraba tan solo. Hasta que no se vive algo así no se puede entender nunca.
¿Qué es lo que le ha mantenido en pie durante este mes y medio?
La fuerza de la voluntad.
Tiene 65 años y 50 cotizados. ¿Cómo se llega a esta situación?
Empecé trabajando muy joven de botones en un hotel. Y terminé limpiando sociedades gastronómicas y peñas de la ciudad. Perdí el trabajo al comienzo del confinamiento y pensaba que esto sería pasajero y volveríamos a trabajar. Pero fue terrible. Tardé en solicitar ayudas porque pensaba que volvería a la normalidad. Pero, claro, se me denegaron y tampoco me gestionaban la pensión. En esta situación, acabé en la calle. Invisible. Nunca hubiera esperado algo así, sobre todo porque al principio las trabajadoras sociales me tranquilizaban.
¿Fue un problema burocrático?
Era imposible gestionar una cita a través de internet y mucho menos por teléfono. Yo subía a Pamplona cada dos días a las oficinas y el vigilante jurado me aconsejaba que llamase a partir de las doce de la noche. Pero nada, imposible. Hemos pagado muchas personas por esto.
¿Ha visto a otras personas en condiciones parecidas?
Sí, sí. Donde solía aparcar a dormir, éramos tres coches.
Y de repente llegó el día en el que parecía que todo esto se iba a solucionar. ¿Qué sucedió?
Fue un 25 de febrero. Me ilusioné porque una trabajadora social me gestionó la paga de jubilación. Y en tres días parecía que me lo habían solucionado. Incluso recibí un mensaje confirmándome que se había aprobado todo y que debían pagarme los retrasos. Así que estaba tranquilo. Ese 24 de febrero fui al banco, saqué mil euros para dormir en una pensión y pagar las deudas pendientes a los amigos. Pero, cuál fue mi sorpresa, al día siguiente, 25 de febrero, al volver al cajero y comprobar que me habían bloqueado la cuenta. Se habían quedado con todos los atrasos para saldar mi deuda de autónomos.
¿Qué sintió entonces?
Volvieron los antiguos fantasmas. Dormí cinco noches en la pensión y regresé al coche. Antes, a través de la trabajadora social hice un recurso de alzada.
¿Eso quiere decir que mientras su deuda se saldaba, en plena pandemia, dormías en el coche?
Eso es, hasta hoy 25 de marzo. Un mes después de bloquearme la cuenta es cuando me han desbloqueado la cuenta y he recibido la segunda paga. Hasta entonces había sido imposible gestionar una habitación porque te piden que certifiques unos ingresos.
¿Cómo ha conseguido entonces la habitación?
Alguien del hostal donde me alojé esos cinco días había leído mi historia...
¿Qué sabe de la situación de Juan, el otro pamplonés de 60 años que dormía en su coche?
Ha cobrado su primera paga de la Renta Garantizada pero sigue durmiendo en el coche y me preocupa, porque lleva más de un año así. Estoy en contacto con él, quiero ayudarle. Si vieras cómo le brillaban los ojos cuando le dijeron que le iban a empadronar. Empadronarse significa salir del coche, tener la esperanza de recibir ayudas, vivir con luz y agua caliente. No entiendo por qué nos hacen el vacío cuando caemos en la calle. Pero... ¿por qué no nos ayudan?
La primera noche antes de entrar en una habitación, has decidido participar en una reunión de la PAH del Casco Viejo de Pamplona.
A partir de ahora me voy a volcar en ayudar a otras personas que estén pasando por lo mismo. Solo quiero informarles de que no son culpables de su situación y que peleen. Les he recalcado que exijan que se les trate como seres humanos, y que no somos invisibles. Hay muchas madres con sus hijas con el ánimo muy bajo. Hay mucho miedo a quedarse en la calle.
Y a partir de ahora...
Lo primero que he escrito hoy en Facebook al despertar es que seguía vivo. Mi experiencia tiene que valer para algo y quiero trasladarla. Voy a dar mi tiempo ayudando a la gente.
Apoyo Mutuo sigue luchando para que Javier y Juan y otros cientos de personas, entre ellas niños y niñas, que acuden a este lugar cada semana en la comarca de Pamplona, bien a por alimentos cada semana, ropa, asesoramiento o, sencillamente, el calor de una conversación, puedan sobrellevar esta situación en mitad de una pandemia.
Para colaborar con Apoyo Mutuo. Teléfono de contacto: 608475732.
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