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Domingo de Ramos

La procesión se lleva por dentro

El Domingo de Ramos en la Catedral de Pamplona se celebró con una procesión y bendición de las palmas y ramos en el claustro a la que se sumaron el coro del templo, la Hermandad de la Pasión y los campaneros con su toque manual

La procesión se lleva por dentro
La procesión se lleva por dentro
Publicado el 29/03/2021 a las 06:00
En las escaleras de la Catedral de Pamplona había hojas secas de olivo. Alrededor de las 12 del mediodía, la gente se adentraba en el interior para la procesión de Domingo de Ramos, que se celebró esta vez en el claustro.
El grupo de campaneros de la Catedral de Pamplona se reunió en el atrio para preparar el plan de ese día. Este Domingo de Ramos tocaron de 11.45 a 12 horas, pero solamente dos toques manuales y no tres como es habitual, para permitir que el cabildo se trasladase desde la sacristía hasta el claustro.
Rosa Baigorri Reinaldos es natural de Ablitas, pero reside en Pamplona. Durante la mañana del Domingo de Ramos, paseaba por las cercanías de la catedral para ver si había o no algún tipo de procesión. “Me parece muy bien que se vaya a hacer por dentro, por lo menos para seguir las costumbres y que no se quede sin hacer nada”, opinaba. Al enterarse de que a las doce podía escuchar el toque manual de campanas, cambió su paseo matutino para escuchar desde el atrio a los campaneros. “La verdad es que es muy bonito, y así ya empezamos la Semana Santa”, destacaba.
Sin embargo, Josefa Ruiz, vecina de Pamplona, acudió solo a ver el interior del edificio. “Pensaba que no iba a haber nada porque me parece lo justo en este momento, que no haya procesión ni dentro, ni fuera. Es algo que convoca a mucha gente y el riesgo aumenta”, pensaba la pamplonesa.
Un matrimonio vino desde Falces a pasar el día en Pamplona y llevaban un ramo de olivo en la mano que cogieron en la Iglesia de San Nicolás, pero se quisieron acercar hasta la Catedral de Pamplona para escuchar la misa.
EXPOSICIÓN DE LOS PASOS
Unos metros más abajo, en la calle Dormitalería, otro montón de ramas de olivo se acumulaba en la puerta del local que posee la Hermandad de la Pasión para guardar los pasos que, en la lejana normalidad, hubieran recorrido las calles de Pamplona esta Semana Santa.
Allí están colocados los 12, la entrada de Jesús en Jerusalén, la Última cena, la Oración en el huerto, el Prendimiento, la Flagelación, el Ecce Hommo, Jesús con la cruz a cuestas, la Caída del Señor, el Descendimiento de la Cruz y el Santo Sepulcro. Una figura que falta es el Cristo alzado, que pasará esta Semana Santa a resguardo en la catedral al no haber procesión. También falta la Virgen Dolorosa, a la cual sustituye la Dolorosa de la Hermandad de la Pasión por “no dejar las andas vacías”, comentaba David Sanz Ustárroz -miembro de la junta de gobierno de la hermandad-. Todo el que quiera puede acercarse de manera libre y gratuita hasta el local para ver las tallas. “Ya que los pasos no pueden acercarse a la gente, que sea la gente la que sí venga a ver”, decía Sanz. Estará abierto desde este Domingo de Ramos hasta el propio Viernes Santo, en horario de mañana y tarde salvo en los momentos en los que haya oficio.
Contaba que entre los miembros de la hermandad hay una “sensación agridulce”, porque es ya el segundo año que no pueden salir en procesión. Pero han buscado alternativas para que la actividad no se quede parada. Una de ellas ha sido Apadrina un paso, que consistía en que 12 parroquias de Pamplona y alrededores colocaban una reproducción a gran tamaño del paso apadrinado y así conocer un poco más sobre él de la mano de los jefes de paso o miembros de la hermandad.
Para el próximo año 2022 esperan “salir a la calle sí o sí. Por muy mal que vaya la cosa, porque la gente lo echa mucho de menos”, aseguraba David Sanz. Añadió que este año la pandemia ha sustituido a su peor enemigo en años anteriores, la lluvia.
El paso que debería haber desfilado por los alrededores de la catedral es la Entrada de Jesús en Jerusalén. Para mover sus 847 kilos hacen falta 22 personas. La escultura fue realizada por Ramón Arcaya (Pamplona) en 1924 y costó 11.000 pesetas. Mide 4,25 metros de alto, 2,6 metros de ancho y 3,55 metros de largo. La forma de llevarlo es “al hombro”, describen desde la Hermandad de la Pasión, pero se utilizan unos varales para que puedan colocarse personas de pie por delante y por detrás. Los que se sitúan debajo utilizan calzas para asegurar esos varales y que el paso no se tambalee.
Susana Goñi miraba la Entrada de Jesús en Jerusalén con los ojos llorosos. Confesaba que está “triste” porque la procesión lleva sin salir ya dos años. Jamás falta a ninguna, “ni cuando llueve”, y quiere que “el año que viene ya puedan verse en la calle”.
Kuca Oficialdegui Manterola observaba también los pasos con su familia, entre los que están sus dos hijos, Jose Urrutia Oficialdegui (10 años) y Teo Urrutia Oficialdegui (8 años). Ver las figuras despierta en ella “ese sentimiento de recuerdo, de una celebración muy bonita que se debería mantener y que ojalá que el año que viene se pueda recuperar”.
Hace años que no ve una procesión de Semana Santa en Pamplona porque viajan en estas fechas, pero siempre acuden a las que hay en sus lugares de destino. Sobre la procesión de la Catedral de Pamplona afirmaba que no le parece mal, “lo mismo que están abiertos los bares, por qué las cosas religiosas no se van a mantener”, terminaba.
BENDICIÓN DE LOS RAMOS
A las 11.50 horas acudían doce personas de la Hermandad de la Pasión hacia la Catedral de Pamplona. David Sanz Ustárroz encabezaba la fila con la bandera morada característica de la misma. Desde la Hermandad de la Pasión acudirán a los oficios, ya sea la junta al completo o con una pequeña representación “como puede ser en las Cinco Llagas, que irán el prior y la subpriora”, concreta David Sanz.
En el interior de la catedral, decenas de feligreses esperaban en los bancos el comienzo de la misa, y otros se desplazaban hasta el claustro para coger ramas y palmeras secas de un montón.
A las 12 del mediodía, el cabildo entraba al claustro de la catedral. En su jardín, el coro compuesto por diez personas entonaba canciones sacras, acompañados de un teclado y un fagot.
El arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez González, bendijo y saludó a los fieles que esperaban con sus ramos en las paredes de los pasillos del claustro. Durante la misa, sonó el órgano y el mismo coro entonó canciones en un Domingo de Ramos en el que la procesión se llevó por dentro.
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