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Entrevista
Escritora y periodista

Sonsoles Echavarren: “Estamos viviendo un momento histórico que se debe contar”

‘Camino sin abrazos’ es el último libro de Sonsoles Echavarren, en el que recoge las columnas escritas en ‘Diario de Navarra’ en el confinamiento

Foto de Sonsoles Echavarren, con el libro “Camino sin abrazos”, de Papeles del Duende, en la librería Walden.
Sonsoles Echavarren, con el libro “Camino sin abrazos”, de Papeles del Duende, en la librería Walden.
Actualizada 05/01/2021 a las 06:00

Humor tierno entrelazado con el testimonio de un trozo de vida, el del confinamiento vivido el pasado mes de marzo; tristeza, miedo, angustia y el recuerdo a las víctimas con briznas alegres y optimistas, algo más que briznas, del día a día que pasa. Un cóctel que, vertido en una copa apropiada, como es este libro, toma forma de una prosa precisa, aparentemente sencilla, brillante, donde nada sobra y nada falta. Y, lo más importante, donde la emoción reluce de tal manera que se hace contagiosa, como la sonrisa que provoca. A pesar de todo. Así es el libro 'Camino sin abrazos'. Vivencias y sentimientos en el año de la pandemia, de Ediciones Papeles del Duende, recientemente publicado. La autora es la periodista de Diario de Navarra y escritora Sonsoles Echavarren Roselló (Pamplona, 1976), quien recopila en este su tercer libro, las columnas escritas semanalmente en este periódico durante el confinamiento, en las que se confiesa sin pudor, como hipocondriaca y, a veces, bastante ‘moñas’. Prologado por el psicólogo Javier Urra, quien sitúa a la autora “entre los grandes” articulistas del periodismo actual, este libro está envuelto por una imagen de Eduardo Buxens tomada cuando no se sabía que se iba a publicar este libro, cuando ni existía en la cabeza de la autora. O quizá Buxens, fotógrafo de Diario de Navarra y marido de la autora, ya lo presentía, porque al ver la fotografía resulta imposible pensar que no se hizo para envolver estas historias.

Ha escrito en el libro: “A ver si sigue en pie el sofá cuando termine la cuarentena”. ¿Sigue en pie?
A duras penas. Nos podemos sentar, pero con dificultades. Cuando viene alguien, avisamos que tenga cuidado. El sofá ha sido uno de los efectos colaterales del confinamiento.

Así que el sofá, más o menos, sigue. ¿Y qué se ha derrumbado?
Una forma de vida que llevábamos antes y que no tiene nada que ver con la actual. Hoy una amiga me decía que cómo podíamos llegar antes a todo: festival de villancicos, regalos, cenas de Navidad, reuniones en el colegio… Llevábamos una vida trepidante que ha desaparecido. Para mí estas Navidades van a ser las del descanso. Hemos perdido la cobertura.

¿La cobertura?
El envoltorio, los lazos de la vida que llevábamos encima… Ahora nos hemos quedado con la esencia. Pero también se han derrumbado las vidas humanas, las que se han perdido, esto ha sido lo fundamental. A mí no me ha tocado de cerca, pero sí a amigos que han perdido seres queridos. Además, otro de los efectos es que se han reducido las relaciones humanas.

En ese aspecto, en el de las relaciones humanas, la covid ha tenido entonces efectos positivos y negativos.
Bueno, nos hemos quedado con los que de verdad nos importan. Las relaciones de compromiso se han diluido.

¿Y qué se ha mantenido, como lo ha hecho el sofá?
Lo que de verdad importa: la familia y los amigos, que son lo mismo. Unos, unidos por sangre y otros, por elección. Eso no se ha derrumbado. Sigue, incluso, con más fuerza. Ya no es tan importante qué plan vamos a hacer, sino saber que estamos disponibles. De esto me he dado cuenta, de que igual no necesitamos a muchas personas, pero sí a los que se han convertido en nuestros pilares. Esos van a estar siempre ahí y, a pesar de todo, a pesar de la inestabilidad, van a permanecer, como ocurre con el sofá.

“Podremos sobrevivir uno o dos meses. Después, la vida será más bonita”, ha escrito. Entonces, ¿lo ha sido?
¿Escribí eso? (lo comprueba) Ah, sí. Era al principio de todo. Más bonita, no sé. Ha sido diferente, más auténtica. Yo antes vivía en una vorágine total, todo el día corriendo, sin saber muy bien para qué. Peo ahora el papel del envoltorio ha desaparecido y por eso, por ejemplo, no tengo obligación de quedar con todos los parientes en un espacio de tiempo tan breve. Vivimos con más tranquilidad porque no hay tanta obligación. Si ahora decimos que no, todo el mundo lo puede entender.
¿Por qué hay que contar las experiencias del confinamiento?
Porque estamos viviendo un momento histórico, del que igual ahora no somos conscientes y que merece la pena contar. Un momento como el que se vivió durante cualquier guerra, postguerra… Y lo vivido tiene que perdurar en el recuerdo.

¿Qué es lo que tiene que perdurar?
Los relatos de este momento histórico. Para que no nos olvidemos de lo ocurrido dentro de cinco, diez… años. Estoy segura de que nuestros nietos preguntarán a sus padres si ellos vivieron el confinamiento y que si era verdad que no podían salir de casa durante días y días… Yo, como periodista, tengo la responsabilidad de contar qué ocurre. Y ahora he tenido la oportunidad de recopilar lo escrito en un libro. Para no olvidar lo que ha pasado, no para regodearnos, pero sí para saber que las circunstancias no han sido felices y, algo más, porque de todo se aprende.

También ha escrito: 'Saldremos reforzados'. ¿Es un tópico más o realmente ha sido verdad? ¿Hemos salido reforzados?
Creo que no. Era la ilusión que teníamos entonces. En general pensábamos que saldríamos siendo mejores personas, pero ahora veo que era una ilusión, más que una realidad. Incluso esta situación nos ha hecho más individualistas, nos preocupamos más de lo nuestro, de mi entorno y no tanto de lo de los demás...

Titula ‘Camino sin abrazos’. ¿Habrá más o menos abrazos cuando pase todo? ¿Recuperaremos los abrazos perdidos o nos habremos acostumbrado a no abrazar?
Me gustaría que nos abrazáramos más. Yo tengo en el ‘debe’ de todos estos meses muchos abrazos. Pero puede que sí, que nos hayamos acostumbrado a no tocarnos.

Habla también de palabras curativas. ¿Qué tienen de sanadoras?
De sanadoras y de hirientes. Depende de cómo las utilicemos pueden hacer daño, pueden ser bálsamos o cuchillos. Todos tenemos ambas experiencias. Por eso es importante utilizar la palabra adecuada, personalmente y en la profesión como periodista.

¿Qué columnas escritas en Diario de Navarra ha seleccionado?
En el libro incluyo las columnas publicadas desde el domingo 15 de marzo a finales de noviembre. En el confinamiento al principio es que no pasaba nada, todo era igual. Entonces, yo escribía sobre mis sentimientos. Yo lo pasé muy mal porque soy muy hipocondriaca y las columnas de entonces son las más desgarradoras. Yo teletrabajaba, pero mi marido, fotógrafo de Diario de Navarra, trabajaba fuera de casa y me daba miedo que trajera el virus. Y ese miedo se transmite. El primer día que dejaron salir, el 26 de abril, lo pasé muy mal, me mentalicé, les dije a mis hijos todo lo que tenían que hacer, al volver metí todo en la lavadora… Lo pienso ahora y no puedo entender mi actuación. También incluyo en el libro la vuelta al cole. Me llamó la atención, cuando fui a hacer un reportaje a un centro escolar, una niña que me enseñó todo lo que llevaba en la mochila y me añadió que no podía compartir nada. Era justo lo contrario a lo que siempre nos habían enseñado.

Escribe información y opinión. ¿Con qué se queda?
Con la opinión me he descubierto mucho a mí misma, como periodista y como persona. Con la opinión te desnudas, hablo de temas personales, de la familia… Pero hasta donde uno se siente cómodo. No tiene que ver con escribir un reportaje o una entrevista, géneros para los que te informas y luego dejas que el protagonista sea el otro. Con la opinión, género en el que empecé hace 5 años, todavía hoy me sigo poniendo nerviosa.

Para una información el periodista busca el tema y lo escribe. Pero para opinión, ¿puede ocurrir que no se le ocurra tema?
Muchas veces siento ese vértigo. ¿Y si hay una semana en la que no tengo tema? ¿Y si defraudo con lo que escribo? Pero también es verdad que, en mi caso, para escribir opinión es importante hacer también información porque me nutro de ella, además de inspirarme en mi vida personal y de amistad. Por eso también es importante tener contacto con la vida. Si viviera aislada, difícilmente me enteraría de qué pasa y difícilmente podría contarlo.

El psicólogo Javier Urra, en el prólogo de su libro, elogia la cotidianidad que reflejan sus artículos. Pero, ¿por qué es importante contar la cotidianidad?
Es fundamental. Yo distingo la Historia con mayúscula (la guerra civil, las mundiales, el coronavirus…) de la historia con minúscula, como la muerte de una madre de la que su hijo se despidió por tablet… Esta última es la vida. Con lo cotidiano es con los que se conecta porque es lo que nos une y nos preocupa a todos.

La portada es de su marido, Eduardo Buxens. ¿Trabajar juntos es una ventaja?
En este caso yo quería y tenía muy claro que la foto tenía que ser del confinamiento y de mi marido. Porque fueron meses muy duros y los fotógrafos eran algunos de los que salían a la calle, junto con sanitarios y otros servicios esenciales. Gracias a ellos hemos visto la pandemia. Y esta fotografía de la portada lo refleja muy bien. Nos decían que no saliéramos a la calle y se ve a un señor que recorre un camino con un carro de la compra en soledad. Y ‘camino’ es la primera persona del verbo caminar, es decir, ando sin abrazos. Ha sido una suerte contar con el trabajo de mi marido, ha sido bonito, nos lo hemos pasado bien eligiendo la fotografía y a nuestros hijos les ha hecho mucha ilusión.

Ha escrito tres libros sobre la realidad. ¿Saltará a la ficción?
Me gustaría. En el confinamiento escribí una novela que hacía tiempo que tenía en la cabeza, basada en hechos reales familiares, pero ficcionada. Me ayudó mucho a sacar el miedo al contagio porque también incluye historias del confinamiento y del día a día familiar.

DNI

Sonsoles Echavarren Roselló (3 de enero de 1976) es periodista y escritora. Responsable del área de familia en Diario de Navarra, donde trabaja desde hace más de dos décadas, es también columnista en el mismo periódico. Profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, es autora de otros dos libros: “Las reinas del patio. Historias cotidianas de las familias de hoy” y “Mujeres de novela. Quince vidas extraordinarias del siglo XX”. Ha recibido varios galardones por su trabajo, como el premio “Concha García Campoy” de Periodismo (2017). Está casada con el fotoperiodista Eduardo Buxens y tiene tres hijos.
'CAMINO SIN ABRAZOS'

Autora: Sonsoles Echavarren Roselló.
Editorial. Papeles del Duende.
Número de páginas. 112
Precio. 12 euros.
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