Hostelería
Un homenaje reivindica la huella de las mujeres en la gastronomía navarra
Reyno Gourmet organizó este homenaje a las que considera las primeras embajadoras del producto navarro


Actualizado el 24/11/2017 a las 08:53
La hostelería es un mundo en el que, todavía hoy, el imaginario popular ubica a un hombre entre los fogones. Por esta razón Reyno Gourmet ha querido homenajear a nueve damas de la gastronomía navarra. Mujeres pioneras que han sabido dejar su huella en los seis restaurantes representados para que las futuras generaciones se fijen en ellas. Este jueves decenas de personas abarrotaron el Nuevo Casino Principal de Pamplona para arropar a las homenajeadas en un momento tan especial.
Juana Mari Arza, Manoli Arza y JuliaArza, del restaurante Hartza, Resurrección Armendáriz, del Rodero, Atxen Jiménez, del Túbal, Raquel Elizari y Mari Carmen Elizari, del emblemático Josetxo, MªDolores Huerta, del Beti Jai, y Felisa Goñi, de Venta de Ulzama, recibieron este reconocimiento a su larga trayectoria. Estas mujeres pioneras, primeras embajadoras del producto navarro, subieron a recibir este homenaje entre numerosos aplausos, emocionadas y con la certeza de que, a pesar de una vida muy sacrificada, el esfuerzo había merecido la pena.
La Consejera de Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Administración Local, Isabel Elizalde, agradeció a las homenajeadas, muy emocionada, “su aportación para conseguir una manera de entender la cocina mucho más cercana”. “Sois unas modernas que habéis tenido siempre muy presente la reutilización de los productos”, añadió.
IMPRONTA FEMENINA
Koldo Rodero, hijo de Resurrección Armendáriz, también tomó la palabra. Mientras recordaba anécdotas vividas en cada uno de estos establecimientos, también les felicitó por haber “impregnado de impronta de mujer los restaurantes navarros”. Y confesaba su secreto a los allí presentes: “Yo, cuando como algo que me gusta, ronroneo”. No es de extrañar que después de este dato asegurara que se había sentido gato en cada uno de los seis restaurantes.
También el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, tuvo que reconocer que en un momento u otro había sucumbido a los encantos de estas damas navarras. “Soy de buen comer y he estado en todas estas casas”, contaba mientras compartía algunos de los recuerdos que había vivido en ellas. “Un año me caí de la moto un 4 de julio por lo que el 7 de julio en vez de ir al tendido de sol con mis amigos me fui con mis padres a sombra. Coincidió que Atxen se sentó al lado”, relató al tiempo que confesaba que, cuando esta última sacó unos bocadillos de ajoarriero, se olvidó hasta de quién toreaba aquella tarde.
Entre risas, aplausos y el sonido del piano, el Nuevo Casino Principal vivió este jueves una tarde histórica que emocionó a más de un amante de los fogones y puso en valor la gastronomía y los productos navarros.
Estas tres hermanas han regentado durante años el que fue el primer restaurante llevado por mujeres en la capital navarra. Pero esta no fue la única carrera en la que el Hartza se adelantó. Este establecimiento también fue el primero en conseguir una estrella Michelin que mantuvo varios años.
Navarra le ha dado mucho al Hartza, por lo que no es de extrañar que estas hermanas sean unas auténticas embajadoras del producto navarro. “En nuestro restaurante utilizamos, siempre que podemos, producto local”, explicaba Julia Arza. “Los vinos son navarros, las verduras y las carnes también”, aseguraba mientras Manoli señalaba que sólo emplean productos de fuera cuando no los encuentran en esta tierra. “Hay ocasiones en las que es inevitable, pero intentamos que sean las menos posibles”, apuntaba.
Este premio de Reyno Gourmet lo han recibido también como embajadoras de los productos navarros, a los que Atxen asegura que ha mimado desde siempre. “La verdura que tenemos en Navarra hay que aprovecharla, y más si tienes un restaurante”, decía segura. “Es la base perfecta de cualquier plato”. “Al restaurante viene mucha gente de toda Navarra y también de España y tiene que comprobar los productos tan increíbles que tenemos aquí”.
Su nieta Carlota seguía atenta la entrevista. “¿Te gustaría seguir con el restaurante?”. Y rápidamente contestaba: “Yo creo que no, porque cuando todos están por ahí tú tienes que estar trabajando”. Y Atxen reía: “Yo como lo he disfrutado tanto, no me ha parecido sacrificado”.
Le ayudó el tesón que aprendió de sus padres. “¿Tú sabes lo bonito que es que hagas algo y la gente lo valore y te diga ‘qué a gusto he comido’ o ‘qué bien he estado’. Eso no tiene precio”.
Lo pasó mal cuando sus hijos cogieron las riendas del negocio. Al miedo como madre se le unió la tristeza de tener que apartarse de los fogones, “pero en este momento de mi vida me siento muy llena, muy satisfecha, disfrutando de la calma, de mis nietos...” Y muy feliz con el reconocimiento de Reyno Gourmet. “Fíjate la de alcachofas que habremos limpiado, los espárragos...”
“Siempre hemos procurado que fuesen de las cercanías, productores conocidos, que sabíamos que todo lo hacían bien... Es lo que al final te da la seguridad de servir una cosa buena”. Ha disfrutado tanto de su trabajo que nunca lo ha considerado sacrificado. “Además, si vives en un sitio como nuestra casa no es duro, porque tienes mucha libertar para descansar, para relajarte con los paisajes, con el campo...” El secreto lo tiene claro: “Siempre hemos estado muy contentos con lo que hacíamos y así se lo hemos transmitido a nuestros hijos”.
Le apasiona tanto el que ha sido su trabajo toda la vida, que a sus 80 años sigue tomando las comandas en el turno de mediodía. Ella tiene claro el motivo de su éxito: “Hemos tenido la gran suerte de haber tenido una clientela muy estupenda, de mucha clase y es muy bonito trabajar con esa gente”. De hecho se acordó de ellos cuando recogió su premio en el escenario. “Muchas gracias por todo lo que nos habéis dado. Eskerrik asko”, dijo emocionada.
Fue su madre Felisa quien comenzó con aquel restaurante Josetxo, situado entonces en la calle Estafeta, el que consiguió la primera estrella Michelin de Navarra en el 74.
“Me vienen ahora a la mente recuerdos maravillosos de mis padres, de Pamplona”, dijo emocionada cuando recogió el premio de manos de Paquita Oiz, quien trabajó y cuidó a ‘las Pocholas’ durante 53 años. También en su restaurante apostaron siempre por la verdura y por los productos navarros. Fueron junto con el resto de premiadas, las mejores embajadoras. “Hemos tenido clientela no sólo de Navarra sino del mundo entero”, contó Elizari orgullosa.