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INFANCIA Y EDUCACIÓN

La niña que vino del frío y habla mediante signos

Itziar Izuel, barcelonesa e hija de tudelano, adoptó a Lucía en Rusia. La niña tiene ahora 10 años y sufre autismo derivado del alcoholismo fetal

Itziar Izuel, de 43 años, con su hija Lucía, de 10, a la que adoptó en un orfanato de Rusia en 2010, cuando la niña aún no había cumplido los 3.
Itziar Izuel, de 43 años, con su hija Lucía, de 10, a la que adoptó en un orfanato de Rusia en 2010, cuando la niña aún no había cumplido los 3.
Actualizada 24/08/2017 a las 10:09

Itziar Izuel Alegre tenía 33 años y una gran ilusión por convertirse en madre. Tras superar un arduo e interminable proceso de adopción, voló por fin hasta Rusia para conocer a la que iba a ser hija. Y aterrizó en Smolensk, una ciudad al oeste del país y muy cerca de la frontera con Bielorrusia. Allí, en un orfanato, recogió a su niña, a la que llamó Lucía. Era enero de 2010 y la pequeña tenía entonces 2 años y siete meses. “Pesaba 7,8 kilos, cuando lo normal a esa edad es superar los 10. Pero estaba sana y achaqué el bajo peso a haber estado en una institución”. Madre e hija regresaron a Barcelona, donde Itziar trabaja como enfermera, y comenzaron la adaptación. “Enseguida empezó a ganar peso. Pero el tiempo pasaba y la niña no hablaba. Me decían que era normal por la adopción pero yo veía que pasaba algo”. Y el diagnóstico fue demoledor: Lucía tenía autismo motivado por el Síndrome del Alcoholismo Fetal (SAF); el acohol que su madre biológica había bebido durante su embarazo. “Fue un jarro de agua fría”, confiesa Itziar Izuel, nacida en Barcelona hace 43 años y con orígenes navarros (su padre es tudelano y sus abuelos paternos, de la zona de Cinco Villas). Madre soltera, Itziar no se amedrentó frente a la adversidad. Lucía tiene ahora 10 años y su madre escribe un blog (www.sabervivirconsaf.es) y es la presidenta de la Asociación de familias de niños y niñas con TEAF (trastorno del espectro del alcoholismo fetal) dentro del SAFgroup (grupo del síndrome de alcoholismo fetal), que agrupa a más de sesenta familias de diferentes comunidades autónomas.


EL 'DUELO DEL NIÑO SANO'


Con el diagnóstico en la mano, Itziar tuvo que hacer el “duelo del niño sano”. “Todos los padres queremos que nuestros hijos sean los más guapos, los más inteligentes... Y cuando no es así, hay que hacer el duelo por el niño soñado que no ha sido”. Tras visitar a numerosos neurólogos en Barcelona y Pamplona, aceptó que Lucía tenía autismo y que no se iba a curar. Fue una psiquiatra del colegio Carrilet de Barcelona (un centro de educación especial) la que determinó que el trastorno de Lucía estaba motivado por una lesión cerebral derivada del alcohol que su madre biológica había bebido en el embarazo. “¿Alcoholismo qué”?, le preguntó Itziar a la psiquiatra. “Nunca había oído hablar de ese trastorno. Y eso que soy enfermera”.


Así, Itziar empezó a aprender el lenguaje de signos, como si fuera un idioma nuevo. “La niña dice algunas palabras sueltas, como ‘mamá’, ‘agua’... Pero ninguna frase completa. La lengua de signos ha sido una solución para comunicarme con ella y saber qué siente, qué le ocurre, si le duele algo...” Aunque es muy duro, insiste, ha aceptado que “la niña es como es” y agradece haberse encontrado con “muy buenos profesionales”. “Me dejo aconsejar por los psicólogos, psiquiatras... Me dijeron que era bueno que la niña hiciera deporte y, aunque al principio me asustaba, les he hecho caso”. Y con Play &Train, una asociación de deporte adaptado de Gerona, Lucía ha aprendido a esquiar, a hacer surf... “Al principio, costó mucho que se pusiera un casco. Pero, al final, aprendió no solo a esquiar, que es lo de menos, sino a ponerse el equipo, las normas de comportamiento...”


Izuel explica que el caso de su hija no es el prototipo de niño afectado por el SAF. “Lo habitual es un niño que se porta mal, molesta, es agresivo... Un problema que se acentúa en la adolescencia, con el cambio hormonal”.


Para que un niño sufra las consecuencias del alcoholismo fetal, recuerda, no es necesario que su madre sea alcohólica. “Basta con que haya bebido alcohol. Cada copa es un número de lotería para que te toque pero cuantos más números tienes, más posibilidades hay. La única garantía de que el bebé no sufra SAF es no beber nada de alcohol”. En los países del este de Europa, detalla, la mayoría de las personas beben vodka y destilados; y en América Latina (Bolivia, Ecuador...) está bien visto beber. Distinta es la situación en África, dice, donde las mujeres no beben. “Pero los niños adoptados vienen con otros problemas, como el Sida. Yo no quise adoptar allí por evitar ese problema. Pero ahora pienso que, si mi hija tuviera Sida, disfrutaría de una vida mejor”.


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