DEPORTE INCLUSIVO
Pádel sobre ruedas
Una docena de personas se entrena en Berriozar en la primera escuela de pádel para personas con discapacidad de navarra, gracias a un acuerdo entre el municipio y el club deportivo Ibili Kirolak


Actualizado el 02/04/2017 a las 06:00
Joaquín tenía mujer, dos hijos y una vida hecha cuando, con 40 años, un accidente de moto le robó la capacidad de andar. De eso hace ya un lustro, pero el recuerdo del impacto permanece indeleble en su memoria. “Es un cambio brutal”, repite, “aunque peor lo han tenido ellos. A mí al menos me pilló ya con la familia formada”, reflexiona.
Ellos son Íñigo y Mikel, de 26 y 33 años, respectivamente. También fue un accidente de tráfico lo que les obligó a aprender a vivir con la silla de ruedas como compañera de fatigas. El primero tenía sólo 19 cuando el siniestro truncó sus planes de emplearse en la granja de su familia en su pueblo, Berdún (Huesca). A Mikel el accidente le quitó la capacidad de desplazarse sobre sus piernas pero, paradojas de la vida, le brindó algo que antes no tenía: tiempo. “Desde entonces hago muchas más cosas”, asegura.
EL GRUPO DE COMPETICIÓN
La rutina de los tres se entrelazan todas las semanas desde hace meses sobre una pista de pádel. Joaquín Redín de Miguel, Íñigo Orduna Lasaosa y Mikel Bidaurre Barandaya son tres de los participantes más avanzados de la primera escuela de esta modalidad deportiva adaptada. “Son deportistas, atletas, con discapacidad física”, resuelve la duda terminológica su entrenador, Jabi del Fresno Bernal, bilbaíno afincado en Pamplona, entrenador personal, experto en deportes adaptados y técnico deportivo en las piscinas de Berriozar. “Hay distintos niveles, pero ellos están en el grupo de competición, en el top”, describe. Junto a ellos juegan Adrián Vela y Mikel Aldaya.
UN "SUEÑO" DE INSTALACIONES
La escuela echó a andar en octubre gracias a un convenio entre la empresa que gestiona las instalaciones deportivas de Berriozar, Berrikilan, e Ibili Kirolak, el club de la Asociación Ibili, que trabaja en pro de la inclusión.
Una docena de personas de edades comprendidas entre los 18 y los 50 años asiste todas las semanas, repartidos en cuatro grupos, según categorías: ocio, precompetición, competición y entrenamiento. Sólo hay una chica, Carmen Velasco. “Son pocas, pero las que vienen, son muy guerreras”, apunta Del Fresno, que admite “la dificultad” de atraer a más mujeres con discapacidad hacia el mundo del deporte. “Es un público complicado, sí”.
Redín, presidente de Ibili Kirolak, no escatima elogios hacia el espacio cedido. “Es un sueño cómo está adaptado. Los vestuarios, las pistas, todo. No encuentras ni un escalón”, enfatiza. “Para mí lo más importante es que te escuchan, están con los oídos abiertos y tienen la voluntad de ponerte las cosas fáciles, cosa que en otros momentos y en otros lugares no hemos sentido”, desarrolla Bidaurre, un deportista todoterreno, amante de “las emociones fuertes”, que ha llegado a proclamarse campeón nacional de vela. Íñigo Orduna, que está estudiando 4º de Ingeniería Agrícola en la UPNA, admite que el pádel ha conseguido “engancharle” de una manera que no habían logrado otras disciplinas, ni antes ni después del accidente. “Antes, porque era malo al fútbol y ya sabes, parece que no hay más cosas...”, se ríe. “Después, los estudios no me han dejado mucho tiempo”, añade.
Los tres coinciden en lo bien que le sienta al cuerpo “sudar un poco”, aunque enseguida apostillan que quizá sea todavía más importante “la liberación mental” que experimentan. “A ratos parece que estás jugando de pie”, describe Redín, que antes del accidente era ya un habitual de los frontones.
LAS SILLAS, LA CLAVE
Igual que a nadie se le ocurriría “ponerse zuecos de madera para correr”, tampoco cualquier silla de ruedas sirve para hacer deporte. Ellos acuden con la suya propia hasta la pista, y allí mismo hacen el cambio. Las que utilizan para practicar pádel las ha sufragado Ibili. Son cuatro y tienen un coste elevado, de “unos 3.000 euros cada una”. Entre otras fuentes de financiación, el club agradece las aportaciones de Fundación Caja Navarra y Bankia. “Tienen sistema antivuelco, las ruedas están inclinadas”, explica el entrenador. Tres de ellas son de dimensiones iguales y la cuarta, más amplia. “Estamos intentando conseguir otras dos de competición, a diferencia de estas cuatro, que son de entrenamiento, más modestas”, apunta el entrenador.
El reglamento por el que se rige el juego está adaptado. Por ejemplo, se permite “un doble bote”. “Año tras año se trabaja para mejorar, porque el pádel en silla es un deporte muy joven. Un impacto en la silla o en el cuerpo, que antes era mala, ahora ya no”, pone como muestra.
Desde que se puso en marcha, la escuela ha ido creciendo en alumnos y en actividad. “La acogida que ha tenido ha sido buenísima, mejor de lo que yo esperaba”, admite Redín. “Nos hemos inscrito en la Federación Española de Deportes de Personas con Discapacidad Física (FEDDF) y nos hemos federado en la liga nacional, donde hay dos modalidades: la federativa, que exige una clasificación de no más de 5 puntos entre los dos jugares; y la APS (asociación pádel-silla), para jugar libre donde y con quien quieras”, añade Del Fresno, que también destaca “la brutal receptividad” que percibe en sus alumnos. “Cada vez son más autónomos, ellos se manejan y me esperan casi en pista ya”.
UN PROGRAMA MÁS AMPLIO
Aunque la escuela de pádel sea la actividad más novedosa, el programa deportivo es más amplio. Así, los usuarios de Ibili que acudan a Berriozar (estar asociado es requisito imprescindible y cuesta 20 euros anuales) pueden recibir también sesiones de intervención acuática, “que no es natación, sino que engloba muchísimas más cosas”, matiza el ‘coach’, y de entrenamiento personal, en el que “cada cual busca sus objetivos en función de su estado”. “Desde aumentar masa muscular hasta mejorar el rendimiento en algún deporte concreto”, puntualiza el instructor.
Algunos de los usuarios se animan a más de una actividad. Otros, se quedan con una. “El pádel, por ejemplo, no es para todo el mundo. Hace falta que esa persona pueda hacer un agarre adecuado de la pala y tiene de negativo que se sufren vibraciones”, explica. En total, unas 25 personas acuden todas las semanas. “No hay mes en el que alguien no se ponga en contacto con nosotros”, sostiene satisfecho el entrenador. “Creo que la diferencia con otros sitios es que aquí yo estoy siempre con ellos, se genera una confianza especial”, valora.
PRÓXIMO PROYECTO: EL RUGBY
Un nuevo sueño le ronda la cabeza al técnico: lograr que en Pamplona las personas en silla de ruedas puedan jugar a rugby, un juego que resulta “agresivo de ver” y que, sin embargo, “suelen practicar los tetrapléjicos”, los más afectados. “Llevan una sillas tan protegidas que parecen autos de choque”, describe. Le parece una buena oportunidad porque es una modalidad deportiva que no se practica en ninguna zona limítrofe. “El objetivo es que se cree un equipo aquí, atraer a la gente de provincias cercanas y poder competir con los de Zaragoza, Madrid y Barcelona, ciudades con las que hay una buena comunicación”.