SEGURIDAD CIUDADANA
Tras la huella del cobre, el oro rojo
Agentes del equipo de investigación y del Seprona de Guardia Civil inspeccionan habitualmente las chatarrerías y vigilan lugares susceptibles de ser robados para combatir la sustracción de cobre. Así transcurre un día de su jornada laboral


Actualizado el 17/03/2017 a las 10:39
Al igual que el petróleo o el oro, el cobre es otra de las materias primas cuyo valor fluctúa en los mercados. Su cotización la fija todos los días la Bolsa de Londres. Ahora mismo, el precio de un kilo de cobre quintuplica al de otros metales, como el aluminio: 5 euros frente a 1 euro. El precio de una tonelada de este metal se duplicó a principios de 2007. De 3.348 euros por tonelada pasó a costar casi 5.000. El valor del cobre se ha revalorizado en un 214% durante la última década.
¿El motivo? La proliferación de la clase media china disparó la demanda en el mercado. Además, se prevé que su precio siga aumentando. Más de 2.500 mineros de La Escondida, la mayor mina productora de cobre del mundo, ubicada en el norte de Chile, se encuentran en huelga de hambre por lo que los mercados temen que se desabastezcan.
Todo este contexto, unido a la crisis económica, provocó que su venta se convirtiera en el modo de vida para un importante número de personas. Robarlo era relativamente sencillo. Casas de pueblos abandonadas, urbanizaciones de nueva construcción, empresas industriales que habían quebrado, polígonos... Todos estos lugares se convirtieron en objetivos para los ladrones. Sin apenas vigilancia podían hacerse con kilos y kilos de este material. “Durante el día provocaban un cortocircuito con un trozo de hierro, y de noche, lo robaban. En el caso de un robo de cobre en el polígono industrial de la Cruz Blanca, en Orkoien, los ladrones iban vestidos con monos de trabajo que imitaban a los de una compañía eléctrica. Así, pasaban desapercibidos para muchos vecinos que pensaban que lo estaban arreglando”, explica el sargento del grupo de investigación de la Guardia Civil.
De aquí se pasó a todo aquello que se encontrase al aire libre, cableado de molinos eólicos, subestaciones eléctricas, arquetas e incluso esculturas de cementerios, como ocurrió en mayo del año pasado en el camposanto de Pamplona, de donde se llevaron 46 figuras de bronce de distintos panteones.
Y no sólo eso. Detrás de estos robos se encontraban bandas criminales con un alto grado de profesionalización. Entre sus objetivos había incluso chatarrerías de Pamplona que contaban con importantes medidas de seguridad: alarmas, sensores de movimiento o videovigilancia. Agentes de la Guardia Civil frustraron un robo en uno de estas empresas. Detuvieron a un camión cuando pretendía llevarse 25 toneladas. Su valor en el mercado hubiera alcanzado los 125.000 euros. Los ladrones trabajaron durante toda la noche para hacer un butrón, pero gracias a la llamada de un vecino que vio cómo el camión se quedó parado con toda la carga, consiguieron detener a los ladrones.
INSPECCIONES IN SITU
La salida que le dan los ladrones al metal robado siempre es la misma: chatarrerías. Aquí es donde ponen el foco tanto agentes de la Policía Foral como de la Guardia Civil.
La legislación obliga a las chatarrerías a realizar un registro diario con la procedencia de todo el material que compran. Ha de figurar la cantidad, el tipo de metal que es, y por cuánto dinero lo han vendido. Esas operaciones las pueden registrar en una aplicación informática o remitir una copia del albarán a las autoridades. No hacerlo es motivo de sanción. Además, estos centros de recuperación de residuos no pueden comprar a particulares. Solo a empresas y autónomos.
Hasta hace no mucho casi todas las chatarrerías pagaban en metálico. Ahora, alguna de ellas, y para evitar el cobre de dudosa procedencia hacen el pago a través de transferencia.
Durante las inspecciones a las chatarrerías los agentes comprueban la documentación de lo que han comprado y después, lo comparan con el material que almacenan para detectar alguna anomalía. En ocasiones, la inspección puede prolongarse durante horas para buscar entre la chatarra un objeto robado. “Es como buscar una aguja en un pajar”, dice el sargento al mando del operativo.
También, para detectar material robado, los agentes pueden llegar a controlar los accesos de las chatarrerías. Pero si hay algo clave en cualquier investigación es la colaboración ciudadana: “A veces puedes ir por un descampado y ver trozos del plástico que de un cable. Puede parecer insignificante, pero quizás signifique que en ese lugar se está pelando cable de cobre robado”, explican.
Durante estas inspecciones el ojo experto de los agentes es capaz de distinguir la procedencia del cable: “Por cómo está atado es de un fontanero o electricista”, explica el sargento al mando del grupo. Sabe de lo que habla. Arquitecto técnico de formación, relata que en otras comunidades el robo de cobre exige a los constructores a pagar medidas de seguridad. “El cobre es el oro rojo”.