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Sucesos

La estafa de las zapatillas

Ana María, viuda de 79 años, ha perdido 150 euros con este engaño. Alguien, al parecer procedente de Sevilla, está suplantando el nombre de un programa de televisión dedicado a la teletienda

Ana María, de 79 años con el calzado que recibió, en lugar del que compró.

Ana María, de 79 años, con el calzado que le enviaron, en lugar del que compró.

Actualizada 13/07/2018 a las 11:53

Nueva estafa. Y las víctimas vuelven a ser personas mayores. En esta ocasión, se trata de un particular o de una empresa que suplanta el nombre de otra, y que es conocida por la venta directa de servicios por televisión y online. Sólo esta semana se ha llevado el engaño en tres ocasiones, en Burlada. Las tres víctimas, coincide, son mujeres de más de setenta años y amigas. De las tres una cayó en el fraude y perdió 150 euros. Las otras dos aseguran que no.


El timo comienza de la siguiente manera. Los estafadores aprovechan la confusión de los mayores y el sello de garantía de la teletienda. Ofrecen una serie de productos vinculados a la imagen de este programa y luego envían otros. Una vez que el comercial ha contactado con el comprador, por teléfono, y han acordado el precio, envían el paquete a casa. Siempre a través de la misma agencia de mensajería, localizada en Sevilla, y que cobra a la entrega del paquete, sin permitir al cliente que compruebe el interior.


La sorpresa surge al cerrar la puerta de casa y abrir el pedido. Tal y como le sucedió a Ana María, una mujer viuda de 79 años y madre de tres hijos. Ella sufrió el fraude tres veces consecutivas. Su hijo, Mariano, aún no se lo podía creer ayer por la tarde, y reía de impotencia en la cocina de su casa, con su madre delante. Esta semana ha interpuesto una denuncia en la Policía Nacional de Pamplona.


Con los tres paquetes de la estafa en la mesa de la cocina, el hijo de Ana María mostraba su enfado. “Lo que no entiendo es de dónde saca esta gente los teléfonos de los jubilados...”, lamentaba. Su madre, Ana María, enferma por un derrame cerebral, lleva varios días sin dormir, dando vueltas al tema. “Aquí lo que más me molesta -explicaba Mariano, el hijo- es que la agencia de transportes conoce y colabora con el tema. Aun sabiendo que es un timo, tal y como me lo reconocieron cuando les llamé para quejarme, siguen cobrando en la entrega de los paquetes”. De hecho, “una de las empleadas de la franquicia en Navarra me aseguró que sabían del timo y que el remitente había cambiado de nombre. También me concretó que proviene de la delegación de Sevilla y que pensaba que algún compañero de allí, de la agencia de mensajería, está actuando desde dentro”.

¿Cómo empezó todo, Ana María?


Estaba viendo la televisión y vi que anunciaban unos zapatos que se doblaban muy bien y parecían muy buenos para los pies, y unas rodilleras para los dolores. Y así quedó todo.


¿Entonces?


Al cabo de un mes y medio, me llamó por teléfono un señor, Roberto, me llamaba de parte del programa de televisión. Me preguntó que si quería unos zapatos o unas rodilleras o algo... Y yo le contesté: ‘Anda... qué coincidencia, si el otro día por televisión vi unas iguales y me gustaron’. Y Roberto me explicó que me costarían treinta euros y si compraba las rodilleras cincuenta.


¿Y se los trajo un mensajero?


Pero no me dejó abrir el paquete delante de él... Le pagué y se fue...


¿Y qué encontró dentro?


(Mariano ríe mientras su madre rebusca en los paquetes). Unos zapatos que han recorrido todos los rastros de Andalucía, una caja de crema y un catálogo de una superficie comercial.


¿Y qué hizo?


Llamé al mismo teléfono para reclamar y me cogió una tal Susana, la misma mujer que me había llamado días antes para preguntarme si había llegado el mensajero. Me costó localizarles. Al final lo conseguí. Les dije que esto era una mierda y que me habían engañado. Total, me tranquilizó y me dijo que al día siguiente me mandarían unos nuevos y que reembolsarían todo el dinero, pero que tenía que adelantar otros cincuenta euros para pagar al mensajero. (La segunda entrega resultó ser otros zapatos de segunda mano y unas revistas de sopa de letras).


¿Y por qué no denunció?


No quería que se enteraran mis hijos, pero al final llamé a mi hijo y se lo conté llorando.


¿Y le volvieron a engañar?


Me volvieron a convencer. Me dijeron que pagarían. Y volví a caer, por tercera vez. En total, 150 euros. Es que si no pagas, te amenazan con quitarte el dinero de tu cuenta. Abrí la tercera caja y tiré los zapatos al pasillo. Me puse a llorar.

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