Maneras de vivir
El motivo por el que necesitas dormir con la radio
No es una rareza, sino un mecanismo del cerebro para frenar el «ruido mental» y el sentimiento de soledad


Publicado el 03/10/2026 a las 05:00
No todo el mundo necesita un silencio sepulcral para dormir. Y no hablamos de que no les moleste el ruido, sino de que lo necesitan para caer en los brazos de Morfeo, como dicen los clásicos. No una bocina de un coche reclamando paso, ni los martillazos de un vecino arreglando un mueble, claro, sino otro tipo de ruido: el sonido de una radio o de una televisión. O incluso el de un podcast puesto en el móvil.
Esta costumbre tiene una explicación, no es una rareza (o no solo, si tú eres de los que necesita no oír ni el vuelo de una mosca). “Un sonido estable de fondo puede captar una pequeña parte de la atención, reduciendo la vigilancia sobre lo que ocurre alrededor antes de dormirnos”, señala la neuróloga Celia García Malo, del Centro Integral de Sueño y Neurociencias (CISNe). Consigue desviar nuestra atención de esos pasos en el descansillo o las voces de quienes aún están en la terraza de debajo de nuestra casa apurando sus consumiciones. “Los sonidos continuos pueden enmascarar ruidos imprevisibles como los del tráfico, los vecinos, las puertas y los ascensores, que sí tienen capacidad para alertarnos. En algunas personas, esa combinación de familiaridad, previsibilidad y baja estimulación facilita la relajación”, prosigue la especialista.
El fenómeno ha sido ampliamente estudiado por la ciencia. Uno de los trabajos de referencia es de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Se realizó hace diez años y ya entonces se vio el poder de esos sonidos para ayudarnos a dormir. Sondearon a 844 personas de edades comprendidas entre los 18 y los 94 años, empleando cuestionarios para medir sus hábitos de consumo mediático y descanso. Tres de cada diez participantes reconocieron usar la televisión para ‘planchar la oreja’, otro 26% utilizaba la música. El resto se valía de internet e, incluso, de los videojuegos, dos opciones que ahora, una década después, sorprenden más porque tienen ‘mala prensa’.
SOLEDAD
Más allá de ese papel distractor de los sonidos constantes (y suaves, porque esto no va de poner la música a tope), hay que destacar otra función importante y que explica por qué mucha gente se pone la tele o la radio cuando se va a la cama: la sensación de compañía. “Las voces humanas generan una cierta sensación de presencia: alguien está hablando y el entorno no se percibe completamente vacío. Para quienes atraviesan una etapa emocionalmente difícil o han asociado el silencio con la soledad, esa compañía mediante la palabra ayuda a relajarse en muchas ocasiones”, detalla la neuróloga. Esto es especialmente visible en personas que viven solas y, además, tienen una edad avanzada.
García también reconoce que dormirse al compás de la voz de un locutor o presentador es un buen método para acabar con la rumiación mental y la ansiedad. “Al acostarnos desaparecen muchas de las distracciones del día y los pensamientos pueden hacerse más visibles; estamos mucho más conectados con nuestro mundo interior y nuestro ‘ruido mental’ se pone en primer plano. Un contenido sencillo puede ofrecer a la mente un punto de atención externo y evitar que se enganche a preocupaciones, repasos del día o pensamientos repetitivos”. Vamos, que escuchar el programa deportivo de la noche va a evitar que le des vueltas a esa bronca que has tenido en el trabajo, por ejemplo.
Eso sí, no todos los tipos de contenidos valen. La clave es que acompañen, relajen y no generen un exceso de pensamientos o ansiedad, prosigue la neuróloga: “Un podcast tranquilo y conocido puede ayudar, mientras que una discusión política, una serie de suspense o un programa que obligue a seguir la trama probablemente aumente la activación y, por el contrario, nos angustie y agite”, precisa la especialista.
Todo esto, sin embargo, no quiere decir que quien se ponga la radio para dormir, descanse mejor que el que no lo hace. El sonido no mejora necesaria y objetivamente el sueño. Y esto también quedó claro en la investigación de la universidad belga: los participantes que empleaban ‘herramientas’ para dormir manifestaron niveles mayores de fatiga, una peor calidad del sueño y un menor tiempo de descanso que quienes se iban a la cama sin más.
- ¿Podemos considerarla entonces un problema?
- No siempre es necesario ‘corregir’ esta costumbre. Si ayuda, el volumen es bajo y la persona duerme y funciona bien durante el día, probablemente sea simplemente una manera personal de relajarse. La consideramos un problema cuando el paciente se muestra incapaz de dormir en cualquier otra circunstancia, siente una ansiedad importante cuando no dispone del estímulo o necesita generar más condicionantes de sueño.
Esto último termina convirtiendo el sueño en algo artificial y dependiente de rutinas rígidas, lo que para la doctora contradice su propia naturaleza: “El sueño normal es espontáneo, es decir, tenemos sueño y nos quedamos dormidos. No conviene convertirlo en una batalla. Obsesionarse con dormir ‘de la forma correcta’ puede aumentar la presión y dificultarlo aún más”.
- ¿Cómo encontrar la solución entonces?
- Restaurar un patrón de sueño normal parte de la base de investigar qué hay detrás de ese problema de sueño. Hablamos de un proceso biológico que se autorregula según nuestras necesidades y debe ser tanto reparador como satisfactorio. Si no cumple con esto, ponerse en manos de un especialista sería lo más recomendable.