Sociedad
Sergio Scariolo: "No soy un crack, soy uno que se lo curra"
"En España el triunfo de Meloni lo pintan como si hubiera vuelto Mussolini, yo no veo ese extremismo"


Publicado el 16/10/2022 a las 09:55
El hoy gurú de esfuerzo y la disciplina fue un chaval indisciplinado al que expulsaron del colegio. Scariolo lo cuenta en su libro 'Mi amor por el baloncesto'. Hijo de profesores, simpático, culto y con una labia netamente italiana, el laureadísimo seleccionador nacional admite que le encanta andar metido en mil batallas. "Me las busco, me las busco".
-El libro se lo dedica a su madre, que le demostró "el significado de no rendirse nunca". ¿En qué no se rindió?
-Mi madre, de 93 años, no se rindió ante la muerte de mi padre, su compañero de vida. Han pasado casi 24 años y ha sabido incluso disfrutar. Ella siempre tiene una actitud muy hierática. Su capacidad para relativizar los malos momentos ha sido algo muy inspirador.
-¿Usted es más apasionado?
-No, yo he heredado mucho de ella: esa frialdad en los momentos decisivos o el no caer en la euforia cuando las cosas van bien y mucho menos en la depresión cuando van mal.
-Un oro mundial, cuatro europeos, plata y bronce olímpicos... ¿Se siente un crack?
-De verdad que no. Me veo uno que se lo curra, eso sí. Pero esa faceta del triunfo la he desenmascarado en mi vida. En otros momentos me sentía injustamente infravalorado. Y ahora me siento quizás injustamente sobrevalorado.
-Pau Gasol alaba su forma de involucrarse en los problemas personales de sus jugadores.
-Va en mi carácter. Muchas veces los entrenadores tendemos a ver a los jugadores como máquinas para producir canastas, rebotes... Y no es así. Yo intento ponerme en la cabeza y el corazón del jugador. Hay que saber escuchar. Al final, casi todo es psicología.
-A sus 61 años sigue pluriempleado. ¿Todavía quiere más?
-No es querer más. Es querer reiterar el estado en el que te sientes cómodo y relativamente feliz.
-¿Y sabrá retirarse a tiempo?
-Pueeees... No lo sé. Por ahora no veo el final, me encuentro en el mejor momento. Algún día empezaré a bajar. Y entonces seré yo el que me diga: has perdido la chispa, la energía y la pasión.
-El 11 de noviembre coincidirá un partido del Virtus con otro de la selección. ¿Se piensa multiplicar?
-Ja, ja, ja... Me encantaría. Estaba pensando en Bruce Willis, que encontró la forma de clonarse en esa película.
-Le llaman gurú. ¿Quién le pone los pies en la tierra?
-Intento ponérmelos yo mismo, porque no hay muchas personas que tengan un poder de condicionar desde fuera mi forma de ver las cosas. Bueno, salvo mi mujer, je, je...
-El dueño del Virtus, Massimo Zanetti, fue senador de Forza Italia. ¿Es bueno que el entrenador comparta ideología con quien le contrata?
-No es ni bueno ni malo porque nunca hablamos de política.
-Supongo que no dejaría de entrenar a un equipo por cuestiones ideológicas.
-No, porque no tiene nada que ver una cosa con otra. Entiendo que sobre todo en países latinos se tienda a manchar de política todo lo que se mueve, pero lo veo como una degeneración. No todo es política, como algunos dicen.
-Aun así, ¿se alegra del triunfo de Giorgia Meloni?
-Nunca recibí mis papeletas de voto. No sé si me las habrán mandado a Canadá, a Florida o a Rusia. En España el resultado se ha presentado de una manera gravísima, como si Mussolini hubiese cogido el poder. Es como cuando el PP y PSOE tenían mayoría absoluta, parecía que se pasaba de Mao a Hitler, y era una mentira total. Todo este extremismo ni lo veo ahora ni lo veía cuando la izquierda gobernaba en Italia.
-Su pasión por el fútbol casi le mata a los seis años, cuando se tragó una moneda por ser forofo del Inter.
-Y no me he recuperado de ese forofismo. A pesar de aquel susto, sigo sufriendo por el Inter y mantengo esa irracionalidad típica de los forofos.
-Sus padres entonces le hicieron grabar su testamento, legando sus juguetes. ¿Cambió eso su concepto de la muerte?
-Para nada. Sí que pasé miedo, mientras toda la familia se descojonaba de mí. Aquello lo tengo grabado, pero no me marcó de cara a la muerte. Ahora de vez en cuando me digo: Oye, que tienes ya 61 y la mayor parte de tu vida quedó atrás. Pero tampoco le doy muchas vueltas.