Pelota

Darío mata el Masters B en tres golpes

El riojano y Eskiroz ganan una titánica final en Alsasua

Fotos de la final del Masters B en Alsasua./
Fotos de la final del Masters B en Alsasua./JESÚS CASO

Luis Guinea

Publicado el 13/09/2025 a las 21:20

Darío Gómez acarició la pelota para firmar el dos paredes con el que sentenció la final del Masters Serie B 2025, después de casi hora y media de trabajo y rozando la barrera de los 800 pelotazos. 22-19. E inmediatamente se abrazó y aupó a Iosu Eskiroz, con el que ha hecho muy buenas migas y ha sumado mucho juego. La txapela hace justicia a los dos, y a la propia final, en la que Peio Etxeberria y Morgaetxeberria vendieron muy cara su derrota. Pero es lo que tiene Darío, aparece, la mueve y decide. Como en los últimos 15 partidos, los mismos que lleva ganados de forma consecutiva.

Y eso que los colorados salieron a la final del Masters en el Burunda con una losa que les costó quitarse de encima. Sus rivales, en especial Peio Etxeberria salieron a morder desde el primer pelotazo. Consiguieron un primer parcial favorable de 0-4, 1-5, 2-6 que fue un dolor para Darío y Eskiroz, que no se adelantaron por primera vez en el marcador hasta el 12-11.

PEIO ETXEBERRIA, INMENSO

La final del Masters Serie B tomó el camino de la dureza y el trabajo prácticamente desde el primer pelotazo. Y el culpable en gran medida fue Peio Etxeberria.

El delantero de Zenotz firmó una final incomensurable. Con Morgaetxeberria en la zaga, el más joven e inexperto de los cuatro que afrontaba su primera final, y con dos veteranos de guerra como Dario y Eskiroz, al navarro no le quedó otra que multiplicarse por el Burunda. Y vaya si lo hizo.

Peio Etxeberria fue el encargado de marcar el paso de la final. Le puso mucho ritmo al peloteo, trató de ahogar, y lo consiguió por momentos, a Dario en el juego, apretó a Eskiroz. Pero sobre todo hizo un trabajo defensivo encomiable. Peio le quitó muchísima pelota mala al vizcaíno, le cubrió el hueco allí donde pudo. Y además de todo eso, atacó con intención y por momentos con acierto. Había que arriesgar, buscar los ángulos y lo consiguió. Firmó hasta media docena de ganchos, algunos con tiralíneas.

Aimar Morgaetxeberria se enfrentaba a su primera gran final, y a los nervios propios. Sabía que era el eslabón más débil de la final. Le buscaron en los cuadros traseros, y cumplió con más que dignidad. No es un pegador, no es un rompedor, pero le puso trabajo y esfuerzo.

APARECER EN EL MOMENTO

La final se endureció desde mitad del partido. Ninguna de las dos parejas conseguía ni romper con el juego, ni desbordar en el marcador. Al acierto siempre le acompañaba un error a continuación. Se produjeron siete abrazos en el marcador.

A raíz del último, más de 700 pelotazos, sobrepasada la hora de juego. Darío dio un paso adelante para arriesgar. Rompió con una cortada tras 47 pelotazos que atropelló a un Peio Etxeberria ya cansado. Se la jugó y acertó con una dejadita a ras de chapa, para terminar decidiendo con una dos paredes que vale un Master. Bien merecido.

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