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Entrevista
Pelota

Rubén Beloki: “A la pelota se le está empezando a no dar el valor que tiene”

25 años después de su agitado debut, el pelotari burladés analiza la evolución radical de la pelota, las tempranas alternativas, así como los éxitos y fracasos de una carrera de fondo que se gesta día a día

Rubén Beloki, intendente de Asegarce, posa en los arcos del atrio de la parroquia de San Juan Bautista de Burlada donde pelotaba siendo un crío. Ayer celebró las bodas de plata de su debut.

Rubén Beloki, intendente de Asegarce, posa en los arcos del atrio de la parroquia de San Juan Bautista de Burlada donde pelotaba siendo un crío. Ayer celebró las bodas de plata de su debut.

Actualizada 24/08/2017 a las 10:11

Desde el chaflán que acapara la pastelería Guerra, Rubén Beloki contempla el atrio de la parroquia de San Juan Bautista de Burlada. Allí resonaron sus primeros pelotazos. Un cartel prohíbe hoy jugar a pelota en ese espacio. Ante esa estampa, celebramos junto el exmanista las bodas de plata de su debut como profesional. 25 años ligados a Asegarce.

De usted se decía que era “la promesa más magra y de más fulminante futuro de la mano”
Recuerdo que el profesionalismo no pasaba por su mejor momento, no se llenaban los frontones pese a dos grandes figuras como Retegi y Galarza. En cambio en aficionados, la gente iba a vernos una barbaridad, había un campo aficionado muy fuerte. Coincidimos una generación buenísima, las Olimpiadas del ’92 y teníamos mucha prensa. Tan buenos no sé si éramos pero sí es verdad que Eugi y yo debutamos y en seguida respondimos.

Un bálsamo para la situación de la pelota de aquella época
Hubo un año y medio en el que Eugi y yo salíamos en la prensa más que los profesionales. Teníamos tirón y llenábamos el frontón. La gente tenía mucha ilusión de vernos y para ellos éramos la leche. Era increíble. Las empresas buscaban eso.

Siendo usted aficionado se llegó a acuñar el término “beloquitis”
Con catorce años dejé la escuela de Burlada y en Oberena me desarrollé pronto. Con quince años quedé campeón de España juvenil, con dieciséis empecé a alternar con mayores y de seguido vino el tema del ADO, la Olimpiada… Y sobre todo destacaba en el individual, no había que pelotear tanto, tenía mucho golpe, era muy sacador y me atrevía a hacer dejadas. Durante esos dos años, 1991 y 1992, gané con relativa facilidad. Entre Jon Baceta, Carlos Armendáriz, Patxi Lasa o Javier Salaverri se cocía todo.

¿Qué hizo que su futuro deportivo se apresurase de aquella manera?
La Olimpiada de Barcelona precipitó todo, las empresas se fijaron en nosotros y fueron a tope. Eskulari me llamó muchas veces para debutar con dieciocho años recién cumplidos.

¿Asegarce le llegó a ofrecer un contrato de cinco años y 10 millones de pesetas por temporada?
En aquellos años se nos ofreció y se nos pagó un dinero muy importante. Pero no esas cantidades. Entró la televisión y el mundo del profesionalismo se abrió. No sólo para mí, sino también para los profesionales de Eskulari. Fueron unos meses muy convulsos porque debuté en Eskulari y con contrato todavía en vigor Asegarce vino a por mí, ellos se hacían cargo de las posibles demandas y desde marzo del ‘93 estoy en Asegarce.

Desde luego, Asegarce puso todo su empeño en usted
Con esa edad, dieciocho años, te quedabas impresionado. Recuerdo la final del Manomanista de Segunda que disputé un año después de debutar contra Irazola. Él de Asegarce y yo de Eskulari. Fue la leche. Hasta unos minutos antes no nos dejaban saltar a la cancha, los empresarios estaban discutiendo por la publicidad en las camisetas, pero sobre todo por los derechos de televisión. Me pilló dentro de esa vorágine.

¿Se dinamitó la pelota?
Hasta tal punto que en esa misma final los que iban con entrada de Asegarce entraban gratis y les servían canapés, mientras que Eskulari cobrara la entrada. Fue una lucha de bandos en la que Asegarce entró muy fuerte. La calve de todo fue la televisión. Ese es el transfondo.

Su fichaje y el de algunos de sus compañeros pasó factura a Antxon Ibarra, ¿qué papel jugó?
Era el seleccionador nacional de mano, amigo nuestro y representante de varios pelotaris frente a las empresas. Depositamos la confianza en él y estuvo con nosotros en los contratos con Eskulari. Después Asegarce se dirigió primero a él, luego tanto Carlos Armendáriz como yo optamos por negociar directamente con Asegarce pero teníamos un contrato de representación con Ibarra y se mezclaron muchas cosas.

Una situación muy enmarañada para un debut
Lo recuerdo como años convulsos, en los que no era fácil centrarse. Debuté porque para mi edad era un chaval bastante maduro. Hay cosas que te curten.

Pese a todo, ¿se sentían protagonistas?
No es que fuésemos ni mejores ni peores que otras generaciones anteriores pero tuvimos suerte de coger la mejor época de la pelota ya que disfrutábamos muchísimo en aficionados, nos tocó la Olimpiada, el Mundial de Cuba en el 90; debutamos con los Retegi, Tolosa, Galarza, una generación sobrada; jugué algún partido con Salvador Vergara y Antxon Maiz; y enlazamos con Irujo y Aimar. Sé que he estado en las mejores historias de la pelota.

A partir del 1992 la pelota no dejó de evolucionar
En tres o cuatro años cambió todo absolutamente, los colores de los frontones, la indumentaria de los pelotaris… Fue un boom espectacular. Llenábamos los frontones en todos lados y Asegarce empezó a emitir pelota a nivel nacional.

¿Y el pelotari también evolucionó?
A raíz de Barcelona ’92 los pelotaris que dimos el salto trajimos un aire nuevo que se nos enseño en los Campeonatos del Mundo y en la Olimpiada. El pelotari atleta. Desde entonces todo ha ido hacia un mejor nivel deportivo. También la pelota es más rápida, la gente quiere más velocidad, quiere partidos de calidad de una hora y que sean vibrantes. Antes la pelota era el desgaste, el machaque. Sé que teníamos mérito en cuanto al juego clásico, de aguantar, pero ahora es espectacular.

Usted ha vivido esa transición
Y es cierto que esa espectacularidad hace que muchas veces haya partidos un poco rápidos, que a los zagueros les cuesta hacerse. Antes mandábamos los zagueros, éramos los jefes de la pareja, ahora son los delanteros quienes han pasado de ser pequeños y rematadores a ser más estrellas y dominadores que los zagueros.

También se han invertido las tornas respecto al foco de atención entre aficionados y profesionales
Totalmente, ahora todo es profesionalismo. La gente lleva veinticinco años viendo viernes, sábado y domingo a los mejores en televisión. No digo que se hayan olvidado de los aficionados, pero han perdido la referencia. Muchos tienen que debutar para hacerse un nombre en la pelota.

De hecho, ¿cómo encaja que se les critique a las empresas por hacer debutar a pelotaris tan jóvenes?
Indudablemente la política de las empresas es hacer debutar a la gente que puede cumplir con 18, 19 o 20 años y darles cuatro o cinco años para que demuestren. Se quiere que debuten jóvenes, con ilusión, con fuerza, y es que debutan siendo unos grandes profesionales. Se dice mucho que se tienen que curtir más en aficionados pero es que llega un momento en el que el campo aficionado ya no da más de sí.

No he visto a nadie que por debutar joven no triunfe si realmente tiene calidad. Ya lo han hecho Bengoetxea VI, Altuna III, Irribarria… El propio Aimar debutó con 18. Hay gente a la que le cuesta un poco más como Urrutikoetxea, por ejemplo, y el propio Julián Retegi me comentaba que él también debutó con 19 pero no ganó hasta los 25.

Esos mismo críticos son exigentes con esa juventud
El problema es que queremos muy pronto “Belokis”, “Irribarrias”, “Altunas” y eso es muy difícil. No hay nada de paciencia. Al pelotari, una vez que debuta, hay que mimarle, exigirle en su medida, pero sobre todo tener paciencia cuando llega al profesionalismo. Se trata de asimilar la velocidad y el poder desbordante que impera en el profesionalismo.

¿Cree que cuando un pelotari se retira con las manos vacías tampoco se le reconoce su trayectoria?
Hay pelotaris que han estado siete, ocho, nueve años como profesional y muchos dicen “Ah, ¿y qué ha ganado? ¿No ha ganado un campeonato del mano a mano?”. Un campeonato Manomanista es un Tour de Francia. En la pelota, hoy en día, la exigencia popular en la calle es muy grande y si no ganas lo más grande… Es un deporte muy duro. A la pelota se le está empezando a no dar el valor que tiene.

¿Qué opina del cambio generacional de los últimos dos años?
Ha habido una dependencia brutal de Irujo y Olaizola pero se estaba alargando mucho y se veía que tampoco había un recambio de figuras que viniese por detrás. Entonces se optó por hacer debutar a gente joven. Pero las empresas también han remodelado el cuadro porque, a parte de ser un deporte, hay que vender al pelotari. Tú puedes ser un pelotari vendedor, ser para la empresa rentabilísimo, y no ganar campeonatos. Mucha gente no lo entiende pero es así. Altuna III no tiene una txapela de primera y es el pelotari más rentable de su empresa.

O Pablito Berasaluze…
Pablito no ganó nada y tiene el calor de la gente haya donde va, le recuerdan como si hubiese ganado todo porque son pelotaris que te hacen disfrutar durante una hora. Titín, igual. No tiene un gran palmares y no ha dejado de llenar frontones porque tiene esa magia de los cuadros delanteros. Al igual que en el toreo, hay gente que sin campeonatos llenan la plaza.

De la vieja escuela tan sólo quedan Aimar y Oinatz
Oinatz ha sido un soplo de aire fresco esta temporada. También está Urrutikoetxea que es un grandísimo pelotari que tiene que ocupar el cetro de Olaizola II por edad y por cuajo. Este es su momento y hay que exigirle. Y Aspe tiene tres pelotaris fetiche como son Irribarria, Altuna y Rezusta. La pelota va para adelante y va saliendo gente. En Asegarce tenemos mucha ilusión con Laso, que puede ser el referente en Navarra dentro de cuatro años. Esto no se acaba, siempre tiene su renacer.

¿Cree que las condiciones que se le da a un pelotari debutante son las adecuadas?
Cuando un pelotari debuta hay un sueldo base que lo tienen las dos empresas parecido y las condiciones para que progrese, como son la preparación física, entrenamientos, estar encima de ellos, son óptimas. Otra cosa es que a unos le parezca mucho o poco dinero. Encima del pelotari se está una barbaridad.

¿Qué siente cuando ve que un pelotari no da el resultado esperado?
Es duro porque los chavales debutan con ilusión. Hoy en día, todo el que debuta viene súper preparado y prácticamente saben que esto es una experiencia, una oportunidad, vivir de algo bonito durante un tiempo. Engañar, no se le engaña a nadie. El profesionalismo está complicado y no todos van a ser Irujo u Olaizola. Otra cosa son las expectativas que les genere el entorno familiar.

¿Lidiar con los padres se cobra a parte?
Salvador Vergara siempre me cuenta que durante mis casi veinte años como profesional habría hablado dos o tres veces con mi padre. Ahora la diferencia es que los padres, no todos, están excesivamente encima de sus hijos. Zapatero a tus zapatos. Hay preparadores, técnicos, médicos que le van a asesorar y a ayudar. Qué más quiere la empresa que un chaval sea una figura.

Sus bodas de plata están ligadas a las de Asegarce.
Asegarce me lo ha dado todo, he hecho mi carrera ahí, me han dejado seguir viviendo de la pelota con los trabajos que he desempeñado como comentarista, captador y entrenador, ahora intendente. En estos 25 años ha habido cosas muy buenas, otras no tanto, incluso yo como pelotari tuve mis momentos duros con la empresa, con aplazamientos de meses y meses, y siendo presidente de un sindicato.

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