Montaña
La montaña navarra, de luto por Paquita Bretos
Viuda del emblemático montañero Ángel Olorón, una de las grandes pioneras del montañismo vasconavarro fallecía este sábado 10 de agosto a punto de cumplir 97 años


Actualizado el 11/08/2024 a las 00:57
El mundo de la montaña navarra se tiñó este sábado 10 de agosto de luto. Perdía a una de sus grandes referentes, a una de las pioneras que abrieron este deporte a las mujeres y lo popularizaron. Paquita Bretos Andueza fallecía este sábado a sus 96 años (el próximo 1 de septiembre hubiese cumplido 97). Sin protagonizar grandes gestas ni ascensos emblemáticos sino desde la humildad y la pasión. Dos características que, al igual que cientos de excursiones y salidas, compartió con el carismático pamplonés Ángel Olorón López (1925-2005), otro referente en el mundo de la montaña navarra y, en especial, en la vida y funcionamiento del Club Deportivo Navarra.
Precisamente, Bretos se trasladó al alto de Belagua y a Isaba para participar en los distintos actos del inicio de las obras de reforma, en 2020, en la reapertura en agosto de ese año -a la que acudió sola y en taxi desde Pamplona-, en la reinauguración oficial de la instalación y en la celebración, ya en septiembre de 2021, del 50 aniversario de la construcción del refugio que lleva el nombre del que fue su compañero tantos años.
“Quería estar hoy aquí. No podía perdérmelo y no he podido esperar ni un día más”, aseguraba, a sus 93 años, en la reapertura del refugio Ángel Olorón. “Ha merecido la pena”, decía tras visitar toda la instalación y compartir comida con Martín Montañés y Koldo Aldaz, de la Federación Navarra de Deportes de Montaña y Escalada. “Es una satisfacción enorme. Ha cambiado mucho pero me ha gustado. Y el detalle de mantener el suelo original me parece una maravilla”, reconocía.
Se da la casualidad que su fallecimiento llega durante la celebración del Centenario de la Federación Vasco Navarra de Alpinismo, en cuyo programa ha tenido un peso muy especial las primeras montañeras que abrieron camino al resto, homenajeando entre otras a la propia Paquita Bretos quien, hasta que la salud se lo permitió, siguió quedando para salir a pasear por el monte los domingos y que no dudaba en tratar de acudir a los eventos relacionados con la promoción de la montaña a los que se le invitaba.


Nacida en Pasajes, en Guipúzcoa, de padres navarros. Él fue a la factoría de Luzuriaga, 1.300 trabajadores entonces. Ella, Bibiana Andueza Olaiz, una pieza fundamental en su trayectoria, era maestra, “pero como no era carlista no le dejaban ejercer”. Ella, recordaba en una entrevista a este periódico en mayo de 2018, no fue a la escuela. “Les dijeron que para mujeres no había, pero ella me enseñó a leer y a escribir y a tantas cosas. Y cuando tuvimos perras me mandó a estudiar Comercio. Mi madre nunca tenía a nadie mirando”. Había estallado la Guerra, el padre fue al frente y la madre, con los dos hijos, a Bilbao, a un refugio junto al túnel de Lutxana, de donde los niños salían cuando la madre iba al mercado, y donde les tocó ver el bombardeo de Gernika. “Si hablan de Gernika me viene el olor a humo”, evade la mirada. Cuando las tropas iban a entrar en Bilbao fuimos a Santander, tres meses”, prosigue el relato. “Mi madre siempre procuraba ir cerca de mi padre. Pero a él se lo llevaron a Trujillo. Lo fusilaron. Las guerras son así, un asco”.
Posteriormente, recalaron en Pamplona. “Yo con 12 años ya trabajaba, haciendo sobres de gaseosa”, recordaba en la conversación publicada por Pilar Fernández en la que también reconocía que fueron años de contrabando, en los que madre e hija pasaban la frontera con tabaco rubio, o libras inglesas y en los que, sobre todo, ayudaban a personas a cruzar hasta Francia. “Les alumbrábamos en el alto de Urkiaga con faroles, aún no había linternas”. Explica Paquita que iba en La Montañesa, en el autobús, hasta Eugi. “Dormía en Eroseta, un caserío ahora en la cola del embalse. Caminábamos 20 kilómetros por el monte hasta el Quinto”, apuntaba entonces precisa.


Muy aficionada a la pelota, siempre se sintió cómoda en la montaña. Y en el monte conoció a su marido, Ángel Olorón, con quien no tuvo hijos pero sí pudo recorrer los Pirineos "de punta a punta". Él trabajaba en Istúriz y entablaron relación “por culpa de un paraguas”. Se casaron cuando ella contaba 25 años, a las siete y media de la mañana, con su madre, su hermano, los amigos del monte... Almorzaron en el hotel Baztan, y a la vuelta del viaje se instalaron en la calle Amaya, desde donde años después se trasladarían a la calle del Carmen.

