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Osasuna

Y a pesar de todo, les aplaudes

El peor partido en tiempos en El Sadar termina con una lección de fidelidad de la grada difícilmente de olvidar

Fernando Ciordia.
Fernando Ciordia.
Actualizada 24/02/2020 a las 08:52

Puedes haber visto el peor partido en tiempos en El Sadar. Haberte desesperado con los fallos de concentración de Aridane o las imprecisiones de Nacho Vidal. Haber sufrido viendo a Oier y Darko cómo eran superados por el tremendo centro del campo del Granada. Haberte preguntado qué quedaba de aquel Osasuna de siempre de la presión y de los ataques en oleadas. Haber compartido con el compañero de butaca los motivos que habrán llevado a Arrasate a formar con Iñigo Pérez y Rober Ibáñez en las bandas, y dejar a Roberto Torres en el banquillo. Haber cuestionado por qué tantos balones en largo sobre Enric Gallego cuando delante había tres centrales de altura. O haber recordado en varias fases del partido al Chimy y su influencia en el juego.

No había ni donde agarrarse esta vez a Sánchez Martínez ni era pretexto de la goleada culpar al Granada de su parsimonia cada vez que recibía una falta. A tu equipo le han pintado la cara y ha sido una mañana para olvidar. El técnico rival, aquel con el que nunca conectaste cuando dirigió a los rojos, ha dado una lección táctica. Seguramente hayas pensado en otros planes mejores con este sol de una mañana de domingo. Rara vez se ha visto un Osasuna tan lejos de competir y sin señales para enchufarse.

Pero no. No has tenido en cuenta todo lo anterior ni has seguido a algún pito que se ha escuchado. Con el 0-3, has llegado a corear el nombre de tu entrenador, el creador de este Osasuna conmovedor de los últimos dos años. Has seguido en tu butaca con tu bufanda y en los minutos finales te has dejado la garganta y las manos para corear y aplaudir a un equipo al que no solo acompañas en las alegrías. En El Sadar se viven situaciones así. Acaba el partido y siguen los cánticos, con los jugadores en el círculo central pidiendo perdón en su interior mientras miran a la grada aún entregada. “Esto es impensable que pase en Granada”, comenta sorprendido un periodista desplazado desde la ciudad nazarí. Ni en Los Cármenes ni en ningún sitio. Es parte de la personalidad de El Sadar.



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