x
Osasuna

Lágrimas rojas

El fallecimiento de Fermín Zariquiegui y Javier Martínez de Zúñiga dejan al osasunismo y al periodismo deportivo navarro sumidos en la tristeza

Lágrimas rojas

María Vallejo

Actualizada 28/09/2019 a las 22:18
A+ A-

Fermín, Javier. Chiquito, Zuñi. Demasiados golpes seguidos. Zariquiegui, un amigo leal y un compañero lleno de vida. Martínez de Zúñiga, un referente del periodismo navarro y un cascarrabias de buen corazón. Dos almas rojillas que nos han dejado sin respuesta, sin entender nada. Respetados, queridos. Nos han abandonado para siempre y nos han sumido en la más profunda de las penas. El osasunismo está estos días más vacío.

El jueves nos encontramos de bruces con la trágica noticia de que Fermín Zariquiegui, responsable de Deportes de la agencia Efe en Pamplona, había fallecido. Escalofrío. No podía ser cierto. Porque Fermín, hasta el último de sus días, fue un espíritu alegre, un hombre con alma de niño, un periodista vivaz, un profesional ejemplar. Pero, sobre todo, un ser humano grandioso que sólo necesitaba a su esposa Cristina, la Cristinica, la Chiquita, y a su pequeño Izan para ser feliz.

Fermín era de esas personas que tienen la capacidad de endulzar hasta el momento más amargo. Era el que no podía entender cada minuto de su vida sin hacer una broma, decir una tontería, y por eso, aquellos miles de horas en Tajonar esperando a que el futbolista de turno compareciera en rueda de prensa eran más llevaderos. Se sentaba siempre en primera fila, junto a Perolo. Perolo, Pedro Lanas, compañero de´Diario de Noticias', también se fue antes de tiempo. Entre Fermín y Perolo se disputaban la primera pregunta. Era difícil pillar turno cuando cogían carrerilla. "Míster, ¿prevés un partido abierto?", preguntaba siempre Fermín. Era algo que me hacía gracia, ese interés de Zariquiegui por la apertura de los encuentros.

Pero lo mejor de Fermín no eran sus preguntas, certeras y carentes de peloteo, sino los prolegómenos. Melómano empedernido, amante de la música de Danza Invisible, Duncan Dhu y Los Secretos, conoció casi como un amigo más a Mikel Erentxun, en esos conciertos en familia a los que le seguía por toda España. Y qué contar de esa llamada de Javier Ojeda, cantante de Danza, que le dio la sorpresa, urdida por Cris con todo su cariño, cuando le felicitó para su cumpleaños por teléfono.  Fermín, tú que no parabas de hacer bromas, te quedaste sin palabra. No te lo creías. Ahora, como esa canción del grupo malagueño, nos has dejado “Sin Aliento”.

Fermín, Mintxo (es que no le gustaba su nombre, y menos aún el completo, Fermín Jesús), se desataba en la sala de prensa cuando, para hacer amenas las esperas, encendía el móvil y ponía canciones de su Rey, Elvis Presley. Cantaba, y muy bien, una voz curtida en karaokes con su Cris, y si hacía falta, se subía al estrado, se sentaba en la silla y, gracias al micrófono, sus canciones se escuchaban hasta el vestuario. "We're caught in a trap, I can't walk out, because I love you too much baby", cantabas, cantábamos. "Suspicious minds" era tu canción de Elvis, Fermín, aquél por el que habías viajado a Graceland, tu gran ídolo. Ahora podrás cantar con él, y mira bien por ahí, porque cerquita estará el Orejas, tu padre, Daniel. Don Daniel Zariquiegui, institución del arbitraje y de Osasuna, era para ti El Orejas. No hace falta explicar por qué. Lo adorabas, llevabas ese silbato de oro en el cuello por él. En unos días, hará 20 años que tu padre se fue. Ya estáis juntos. Se quedan aquí tu querida madre, la Lupe, y tus cinco hermanos, tan apreciados todos en Pamplona. ¿Quién no ha entrado en Deportes Zariquiegui? Tú eras el pequeño, el Chiquito. Y vaya si lo eras. Lo mismo te daba hacer un truco de magia a un niño, que bailar como Michael Jackson, que vestir camisetas de dibujos animados pasados los 50 años. Te encantaba ser un friki, eras rojillo, apreciabas a la buena gente, no tenías enemigos. "Es que no me conocen, como soy de agencia", bromeabas. Pero también eras de Anaita, del Xota, de Induráin, de Enrique Martín, del deporte navarro en general. Por eso todos te han recordado con cariño estas últimas horas. Y, sobre todo, eras del baloncesto. Un poco del Real Madrid, para qué vamos a engañarnos. Presumías de haber sido un gran base, prácticamente el sucesor de Corbalán, y fue precisamente en el Navarra Arena, viendo a la que después sería selección campeona del mundo y disfrutando de otro base, Ricky Rubio, cuando pude abrazarte por última vez. Intercambiamos bromas sobre nuestros achaques, ese accidente de moto, qué viejos nos estamos haciendo... Y risas. Había que trabajar y hacerlo rápido, y mandar la crónica, como siempre hacías. No pude decirte adiós, pero ya te imagino dando vueltas con el dedo a un balón de basket, haciendo el Moonwalker, impregnando de felicidad el sitio donde quiera que hayas ido. A nosotros nos has dejado un poco más infelices, Ferminico.

La tribu heterogénea, a veces amistosa, a veces conflictiva, pero siempre peculiar, que forma el periodismo deportivo de Tajonar quedó desolada con la ausencia de Zariquiegui. El club tuvo el precioso gesto de dejar una rosa en su silla. Después, todos quisieron estar en las despedidas. Entre ellos, Uxue Martínez de Zúñiga. La compañera de Radio Pamplona no imaginaba que, horas después de estar en el funeral de Fermín, tuviera que decir adiós a su padre, al padre de todos los periodistas rojillos. Porque Javier era la enciclopedia con patas del osasunismo. Su voz emanaba sabiduría, una anécdota tras otra, entresijos sólo por él conocidos. Es lo que tiene la experiencia, el haberse pateado todos los campos de España de todas las categorías con Osasuna, el haber sido la voz reconocible en la era pre-teles de pago, pre-Tebas, pre-VAR, pre-todo. Cogía el coche, apretaba el acelerador a mil y era el más feliz del mundo, porque iba a narrar un partido de su equipo.

Javier llevaba toda su vida, por lo menos la vida de los demás, metida en los hogares navarros. Nos imaginábamos los partidos con su voz. Entonces no sabíamos si una jugada era conflictiva o no, creíamos a Javier. Si Zuñi decía que era un robo, era un robo. Si Urban estaba jugando de diez, así era. Si Bustingorri estaba ese día dormido, no había dudas, aunque un rato después Bustin marcase y entonces fuera el mejor jugador de España. Era la magia de la radio, que veías los partidos a través de Zúñiga.
Lo que ocurre es que luego veías el partido con tus propios ojos y el robo del árbitro a lo mejor era que Javier era demasiado osasunista. Y los años de penurias deportivas le pesaron demasiado, hasta que sus seres más queridos y compañeros de la radio le decían cascarrabias, porque Osasuna siempre le aburría, o sentía añoranza de tiempos mejores, de cantera y no de cartera. Será que era más rojillo que el león del escudo. Y así seguía, ya jubilado, en las ondas de la SER en Pamplona, dando lecciones de osasunismo y de fútbol, con su voz inconfundible. En una de esas tertulias, Javier habló mil maravillas de Osasuna, de su juego, de Arrasate. “Javier, ¿no te reconozco?”, “¿Por qué?”, “Porque siempre eres un gruñón y ahora te veo tan feliz con este Osasuna”. Y Javier rió ante mi comentario, porque era verdad. Cuando Osasuna iba bien, era otro. Y el año pasado, disfrutó como hace mucho tiempo que no lo hacía con su equipo del alma.

Zúñiga lo había pasado mal los últimos años. En su familia, llena de valientes, la salud había sido esquiva con él, con su esposa, María Jesús, con su hija, Uxue. Eso les hacía más fuertes, más unidos. Resistían a lo que hiciera falta. Eran una sola persona, y ahora Javier se encontraba mucho mejor. Su marcha fue, como la de Fermín, una triste sorpresa. Ahora su familia tendrá que seguir adelante sin el profesor, como lo llamaba su hija.

Ayer, sus compañeros de la SER recordaban sus históricas narraciones, su personalidad, su ejemplo. Difícil llenar su hueco. Difícil escuchar la radio sin esperar que aparezca Zuñi en cualquier momento.

La vida es complicada de entender, pero para los periodistas deportivos navarros, lo es mucho más estos días. Fermín y Javier no podrán seguir contando más lo que ocurre, así que los demás, aunque nos cueste un mundo, lo haremos por ellos.

Hasta siempre, compañeros.

Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra