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Permanencia orgiástica

Catena en el 99 voltea el marcador y permite que Osasuna alcance los 42 puntazos

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Fran Pérez

Publicado el 26/04/2026 a las 20:59

Cinco. Y no son los minutos de alargue que dio Ortiz en El Sadar contra el Sevilla, que esos fueron nueve. Ni los del primer tiempo, que fue uno. Ni tan siquiera son los puntos que sacamos al descenso, esos son bastantes más. Ni las jornadas que llevábamos sin ganar. ¿O sí? Puede ser. El caso es que cinco son los kilos de desfase que La Famiglia ha descubierto, oh, alarde de humildad y transparencia, en las cuentas rojillas. Que nadie lo olvide, porque estas cosas se dejan pasar y como hemos ganado al Sevilla y nos quedamos otro años más en la elite del fútbol español, pasa lo que pasa.

Porque sí. Se ganó. A la heróica. Y eso que tanto rojillos como sevillistas comparten una máxima común. En el Sánchez Pizjuán se puede leer un cartelón que reza "Dicen que nunca se rinde". Y nosotros, pues eso. Que no hay excursión colegial que no cante en el bus lo de "Osasuna nunca se rinde". Y con este nexo común llegaban dos equipos a la Jornada 32, la que se juega después de la 33 (cosas de Tebas y esa mafia cobradora que no sabe qué es el filete estrecho) jugándose la vida al campo pamplonés.

Si, jugándosela ambos. Porque una derrota nos dejaba a los de rojo con 39 puntos y el Barça, que ya piensa en el alirón a cuatro jornadas para bajar el telón, asomando en le horizonte. Y los de García Plaza porque con los resultados del fin de semana, máxime el del Tartiere, les dejaba en descenso y con un panorama más oscuro que el sobaco de un grillo.

Osasuna no jugó ni a moco. Pero lo que pasa con este equipo, y lo ha demostrado todo el año, es que hasta que el pitolari de turno no mande a todos a las duchas, se puede creer. Se puede creer pese a que los laterales tengan suspendido 1º de Defensa, de aquello que se enseñaba en alevines. Ni Rosier ni Galán, señor, que son dos ángeles atacando pero dos cencerros en defensa. Con un medio del campo que gana movilidad con Iker Muñoz, pero donde Rubén no asomó, Oroz está en plan Horror y sólo Víctor Muñoz seguía opositando a pasar un tiempo de verano al otro lado del charco vistiendo la Roja.

Mal Osasuna, no mucho mejor un Sevilla que quería puntuar por lo civil o criminal en Pamplona, llevarse un botín que les subiera la moral e igualara con el cuarto por la cola para afrontar las finales de su estadio con otra cara. De ahí el regalo de 45 minutos más uno, poco añadido para el que gusta más a mi hermana que a mi madre, metáfora de Alessio Lisci.

Como en la primera entrega no pasó nada, o poco, en la segunda pasó todo. Pasó que los laterales rojillos no repasaron los apuntes y en una nueva mala defensa permitieron que Sow, el que casi deja a Iker Muñoz para vender cupones con una fea entrada segundos antes de amarilla oscura, metió un centro y Maupay cabeceaba sólo en el área pequeña con una defensa rojilla casi metida en su meta. De risa, pero para los andaluces.

Estaba la cosa jodida y los de rojo empezaron a despertar en los últimos 20 minutos, pero se topaban una y otra vez con Odysseas, el que parece que los comentaristas apellidan "Lajodimos". Y precisamente eso pensaba la grada, la cagamos, otra vez mal, ya ni marcamos en casa como hacen Bayern, Barcelona y demás grandes de Europa en esa chorriestadística que tanto gusta sacar en las previas porque hay que llenar mucho minuto de retransmisión. El caso es que todo estaba oscuro hasta que el balón salió volando desde la derecha, Budimir, fallón como las últimas jornadas, la mataba y sin querer se la cedía a Raúl García de Haro. Y el exbético lanzó un zurdazo ante el que nada pudo hacer el meta griego. Minuto 80 y empatábamos.

Pero el empate sabía a poco a todos. Los unos querían la permanencia, los otros salir del pozo. Y la grada llorar. Y no hay más que pedir para tener, se lloró, de alegría y de pena. De alegría nosotros, con esa jugada en el minuto 99, ese centro de Moi Gómez, ese salto majestuoso de Catena, Catenbauer, ese cabezazo abajo, ese gol que hacía explotar al público, en un éxtasis orgiástico solo comparable a cuando llega la paga extra. Una permanencia gozosa que hacía llorar de alegría a los osasunistas, de pena a los andaluces.

Osasuna nunca se rinde y el Sevilla, eso dicen, tampoco. Seguro que los hispalenses arreglan en estas cuatro jornadas su situación, equipo no les falta. Nosotros, por el contrario, a celebrar. Que tenemos otra temporada en Primera, que ahora viene el Barça y sería bonito, me perdone mi Amor, mojarles la oreja. Más que nada porque así ellos pueden campionar, que dicen en Argentina, en su casa y contra el Real Madrid. Así nosotros apuntalamos la temporada, con 45 punticos y a falta de tres jornadas. ¿Europa? Chssss, vamos a dejar de mentar la soga en casa del ahorcado que luego nos pasa lo que nos pasa. De momento a celebrar y a cantar, como si fuésemos de excursión con el cole. "Osasuna nunca se rinde...".

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte! 

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