Retrospectiva
El 2024, un año lleno de emociones para Osasuna
La Supercopa, el cambio de técnico y el triunfo ante el Barça, hitos del 2024


Actualizado el 30/12/2024 a las 23:30
Quien tiene la sangre rojilla sabe que su corazón siempre va a bombear más rápido de lo normal, que su capacidad de sufrimiento va a experimentar un aguante ilimitado, que su disposición para sentir frustración y euforia en cuestión de segundos será una norma de vida. Quien tiene la sangre rojilla sabe que verá a su equipo luchar más por sobrevivir que por lograr títulos, pero que cada vez que se acerque a uno se quedará con el sueño y será feliz por ese recuerdo. Donde otros presumen de vitrinas, la afición de Osasuna lo hará de compartir un sentimiento inexplicable. Para todas esas personas a las que les une la misma pasión, pocos años tan llenos de emociones como este 2024 que hoy finaliza. Menudo año, rojillos.
Rabia: luchar por un título en el exilio. Enero fue el mes de Arabia. Parece otra época, pero no, fue este año. El torneo extraño en el que Osasuna parecía un convidado de piedra que molestaba entre los grandes. Pero se había ganado el derecho a estar. Sin apenas apoyo en la grada, pero con todo el mérito, los rojillos se enfrentaron al Barça, que ganó 0-2 con goles de Lewandowski y Lamine Yamal. La final, la que los petrodólares querían, fue la archiesperada Madrid-Barça.


¿Tranquilidad o inconformismo?: otra permanencia cómoda. Sin Supercopa y sin Copa del Rey, donde Osasuna fue eliminado por la Real poco después, el equipo se centró en LaLiga, que concluyó en undécimo lugar. Una nueva permanencia holgada de la mano de Jagoba Arrasate. La afición quedó entre dividida entre satisfechos e inconformistas.
Tristeza: una dura despedida. Con el tiempo, todo vuelve a la calma, pero el anuncio de Jagoba Arrasate de que ponía fin a su etapa en Osasuna fue un puñal en el corazón. Habrá quien estaría deseando que el técnico se marchara, pero su legado deportivo y personal es de valor incalculable. Sus éxitos no se pueden cuestionar, pero él creyó que la motivación no era la misma (y quizá el apoyo interno). Y se fue. No fue el único adiós. Con él se marchó su cuerpo técnico dejando un hueco difícil de llenar. Y también fue el final de la etapa de un emblema: David García. De un plumazo, Osasuna se quedaba sin dos de sus símbolos.


Ilusión y esperanza. La llegada de Vicente Moreno no fue la más sencilla para un entrenador. La sombra de Jagoba era alargada. A pesar de que lejos de casa perdió muchos enteros, Osasuna se plantó en la parte alta contra los pronósticos más cenizos. Y para los especialmente criticones, un argumento para callarse: el colosal partidazo frente al Barcelona. Gracias a alegrones como el de aquella noche de Estopa en el Arena y Osasuna en El Sadar y gracias también a sufrimientos como el de cualquier tarde, noche o mediodía -gracias a los horarios maravillosos de hoy en día- el osasunismo sigue vivo. Más vivo que nunca. Menudo año, rojillas.