Regreso

El regreso de Aitor Buñuel tras ser operado de múltiples fracturas en la cara: “No tengo ningún miedo a ir de cabeza”

El exrojillo, ahora en el Racing de Ferrol, sufrió en septiembre en Riazor uno de los accidentes más aparatosos de la temporada que le dejaba el rostro desfigurado. Este domingo volvió a jugar sin temor a nada. Lleva cuatro placas de titanio.

A la izda., Aitor Buñuel, desfigurado el pasado 1 de septiembre tras el golpe en Riazor. A la dcha., El lateral de Tafalla, sonriente después de haber reaparecido este domingo
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A la izda., Aitor Buñuel, desfigurado el pasado 1 de septiembre tras el golpe en Riazor. A la dcha., El lateral de Tafalla, sonriente después de haber reaparecido este domingo
A la izda., Aitor Buñuel, desfigurado el pasado 1 de septiembre tras el golpe en Riazor. A la dcha., El lateral de Tafalla, sonriente después de haber reaparecido este domingo

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Fernando Ciordia

Publicado el 22/10/2024 a las 05:00

La suya ha sido una de las imágenes más impactantes de la temporada. Aitor Buñuel llegaba al quirófano con la cara hundida y múltiples fracturas. La intervención consistía en levantar todo el macizo facial y colocar cuatro placas de titanio. Se accedió por el paladar y por debajo del párpado. Solo seis semanas después, el futbolista formado en Tajonar volvía a jugar. La recuperación ha quemado los días por la valentía que ha mostrado el de Tafalla, un gladiador de 26 años con más de 150 partidos en el fútbol profesional a sus espaldas y kilómetros en Osasuna, Racing de Santander, Almería, Tenerife y, desde este verano, Racing de Ferrol.

Todo pasó en Riazor...

Fue un centro lateral, que venía un poco llovido. Yo giré bastante la cabeza para imprimir fuerza al balón y despejarlo más lejos. El jugador del Dépor llegó por detrás algo tarde. Intentó disputar el balón e impactó en mi cara. Fue la parte más blanda de mi cabeza contra su parte más dura.

¿Recuerda algo de ese momento?

No recuerdo mucho. No llegué a perder el conocimiento, pero perdí la noción del tiempo y de lo que estaba pasando. Estaba bastante grogui. Cuando me levanté del suelo, fui consciente de todo al ver las caras de mis compañeros. Me sentía bastante mareado y me di cuenta que no podía continuar. Todo el mundo me miraba con mucha preocupación. Pensé: “Tengo alguna avería en la cara”.

Del campo, al hospital.

Me hicieron un TAC y alguna prueba más. Posteriormente, me ingresaron en el hospital materno, donde está la unidad de maxilofacial. Las pruebas revelaron todas las fracturas que tenía en la cara. Prácticamente era toda la cuenca del ojo, el lateral, parte del pómulo, parte de la nariz... Afortunadamente, la grasa del ojo no se estaba perdiendo. Podían operarme con más paciencia y era mejor para el resultado de la operación que bajara un poco la inflamación. Quedé ingresado en el hospital unos cinco días y luego pasé a quirófano.

¿La operación qué tal fue?

Se alargó más de lo esperado. Tuvieron que meter cuatro placas de titanio y soldarme los huesos. Accedieron a través de la propia herida que ya tenía en el párpado, desde el interior del párpado y desde el paladar. Incluso vieron que alguna zona que creían que estaba bien también estaba fracturada. Fue una operación complicada, pero el resultado fue bueno. El trabajo fue excelente.

¿Los días posteriores?

El postoperatorio fue bastante duro. Te preparan y te dicen que la inflamación va a ser importante, pero fue peor de lo esperado. Tenía la tranquilidad de saber que la operación había salido bastante bien. Además, otros futbolistas se habían operado con el mismo doctor por fracturas similares. Salí del quirófano con una inflamación muy importante, prácticamente sin poder ver por ninguno de los dos ojos, con tubos por la nariz, con puntos en la boca que apenas me permitían comer... Fueron unos días bastante duros. Por suerte, tuve a toda mi familia ahí acompañándome. En cuanto pasaron esas primeras 48 horas en las que necesitas tomar más antiinflamatorios y calmantes y consigues que baje ese dolor inicial, el progreso cada día era notable.

¿Se miraba al espejo mucho?

(Risas) Aparte de mirarme al espejo, cada día me sacaba una foto de la misma posición y así veía un poquito la progresión.

¿Se esperaba volver tan pronto a los terrenos de juego?

En todo momento me decían que dependería de la evolución, pero es cierto que los plazos iniciales eran entre dos y tres meses para poder volver a competir. Todo fue evolucionando muy bien. La clave ha sido perder el miedo en cuanto he podido hacer cosas con la máscara en el campo e ir metiéndome con el grupo. Era importante sentir la confianza para poder disputar y golpear el balón de cabeza. Eso lo he hecho desde el primer día y eso le ha dado confianza al cuerpo médico y al cuerpo técnico de poder contar conmigo. Se han acelerado muchísimo los plazos. Estoy muy feliz, aunque todavía quedan unas cuantas secuelas que resolver. Pero no es lo mismo hacerlo mientras te sientes futbolista que hacerlo desde casa.

¿No ha sentido nada de miedo?

Cuando pasan estas cosas, siempre digo que los navarros estamos hechos de otra pasta. Afortunadamente así entiendo el fútbol y es lo que he mamado desde chiquitito tanto en Tajonar como en mi casa. No hay que perder las señas de identidad que tiene uno. No tengo miedo.

¿Cómo fue ese primer balón que le vino a la cabeza?

Ni lo pensé. Llegó el balón y lo despejé. Los que más se preocuparon fueron los compañeros. Incluso alguno se quedó un poco parado: “¿Qué ha pasado aquí si este tío estaba con la cara partida hace nada?”.

¿Le ha dicho algo Pablo Vázquez, el jugador del Deportivo con el que chocó?

Después del partido en Riazor, Pablo se puso en contacto con compañeros para intentar conseguir mi teléfono y el del doctor de nuestro equipo. En cuanto pudo, se pasó por el hospital e incluso volvió otro día más porque el primer día yo estaba en unas pruebas y no pudo estar conmigo. Pero son lances del fútbol. Así como le pasó a él, me podía haber pasado a mí. No hay que guardar ningún rencor por cosas que son completamente fortuitas. Es un gesto y dice de él mucho como persona el detalle de haberse acercado al hospital.

Ha dicho que quedan secuelas por resolver. ¿Cuáles?

Voy pasando revisiones periódicas con el doctor que me operó y vamos vigilando las secuelas que me han ido quedando. Especialmente, me preocupa que tengo visión doble. Del propio impacto la grasa del ojo se te queda dañada y eso hace que el ojo izquierdo lo tenga un poco más metido y que en algunos ángulos de visión no consiga enfocar bien. Luego está la sensibilidad, que requiere tiempo para ir recuperando. He perdido bastante en la parte izquierda. El lacrimal también quedó seccionado por la fractura, aunque este es un tema menos importante.

¿Qué le dicen sobre todo esto?

Requiere tiempo y paciencia. Cada cuerpo es un mundo. En teoría tanto el tema de la visión como el de la sensibilidad se van recuperando solos y el tema del lacrimal si me diera problemas en un futuro habría que hacer una intervención. He tenido la suerte de poder volver a competir muy pronto, pero hay que ser conscientes de que han pasado solo seis semanas de la operación y los plazos que me daban eran más largos. Hay que tener un poco de paciencia para mirarse al espejo y ser uno mismo.

Cristóbal, su entrenador, mandaba mensajes en las ruedas de prensa para resaltar su compromiso “Aitor Buñuel se ha partido la cara por nosotros literalmente”, llegó a decir.

Es muy gratificante que te reconozcan tu implicación, el trabajo que haces en tu equipo y, sobre todo, que te valoren tan bien como persona. Es muy bonito. Pero ya no solo desde que me pasó esto. Desde que llegué al club me he sentido muy querido y muy arropado por todo el mundo. Es una de las razones que me llevó a tomar la decisión de recalar en el Racing de Ferrol, ese interés que pusieron a mí. Pero te pasa un infortunio de estos y en las malas situaciones también se ve mucho cómo reaccionan las personas. Tanto mis compañeros como el personal del club se volcó conmigo. Estoy muy agradecido.

¿Qué le motivó el cambio para hacer las maletas a Ferrol?

Buscaba un sitio para contar con más continuidad y sentirme mejor. Confiaron en mí. Las llamadas de Cristóbal y de Carlos Mouriz hicieron mucho. Me convenció el proyecto. Es un club familiar que está en proceso de crecimiento. Desde el primer momento quedé encantado. He encontrado un buen sitio donde poder trabajar y seguir progresando como jugador. Al principio de temporada pude encontrar buenas sensaciones dentro del campo y ahora estoy deseando volver a coger ese tono de competición.

No podemos terminar sin hablar de Osasuna.

Les sigo siempre que puedo. Están haciendo las cosas muy bien. Incluso ha habido partidos en los que han merecido un poco más. Están como en las últimas temporadas. Deportivamente, se están haciendo las cosas bien. Es un gusto ver las imágenes de El Sadar en la tele. Se pasa un poco de nostalgia y de envidia sana de todos los compañeros que todavía tengo por allí: Pablo, Kike, Unai, Torró, Monca, Sergio... Seguro que me dejo a alguno. Soy un osasunista más y siempre les voy a desear lo mejor.

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