Osasuna 0-1 Valencia
Drama en El Sadar
Un fallo surrealista de Budimir en un penalti en el 96 deja a Osasuna fuera de combate
Actualizado el 16/04/2024 a las 01:06
El último vagón del tren de la Conference League hacía su aparición a última hora en El Sadar. Era el clavo ardiendo al que agarrarse para mantener viva la esperanza de aquí a final de mayo. Se jugaba el tiempo añadido después de un quiero y no puedo de partido. Ante Budimir caía en el área, ese hábitat que tanto le ha dado y donde ayer sufría su peor pesadilla. El héroe de la temporada volvía a ponerse la capa para lanzar el penalti que él mismo había provocado y que Munuera Montero decretó tras un largo suspense con el VAR de aliado.
Otro gol que engordaría su renta y con el valor inmenso de al menos no perder de vista a Europa. El croata tomó carrerilla y optó por esperar al movimiento de Mamardashvili para ver mejor el espacio libre. Pero aguantó tanto que se quedó sin palanca que moviera la pelota del punto en condiciones. Fue lo nunca visto.
Budimir se había encerrado en un lío tremendo que nadie se explicaba, comenzando por él. El balón salió manso en un golpeo de tintes surrealistas hacia el impasible meta georgiano que se había inclinado hacia el lado derecho. El lanzador se bloqueó en un gesto tan natural para cualquier persona. Quizá quiso cambiar y era tarde. La grada no daba crédito ante semejante descoordinación. El brillante goleador de tantas tardes se había convertido en el triste protagonista de una manera dramática.
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Así de cruel terminaba una velada entre la rabia contenida de los aficionados, aplausos de ánimos de otros y el silencio de muchos por lo que había ocurrido. Dos balones al palo durante el partido y esa pena máxima malograda de la que hoy se seguirá hablando en todos los rincones futboleros. Osasuna dejaba escapar esa oportunidad in extremis que se le había presentado. El Valencia queda ya en una posición inalcanzable en la clasificación.
ERRORES QUE SE PAGAN
Había ganas de Sadar. Ganas de volver a ver al equipo. Ganas de coger ese tren de la Conference. Ganas de cantar a Jagoba Arrasate. Un mes después, con todo lo que ha pasado desde entonces, saltaban los rojillos en un ambiente emocional fuerte que el Valencia se encargó de aplacarlo.
El equipo de Baraja se sintió excesivamente cómodo desde que ganara el sorteo de campos y cambiara la tradición. Fue rodando como un bloque ante un rival demasiado contemplativo que no salió de un susto para meterse en un disgusto de verdad.
La noche vivía su primer sobresalto con una acción en la que no se entendieron Sergio Herrera y Juan Cruz en una pelota lanzada para despejar. El meta había salido de su área con la idea de meter la cabeza, pero el toque chocaba con el cuerpo del lateral izquierdo que no se había percatado de su presencia. El balón quedó franco para Hugo Duro sin guardián en el marco de Osasuna, pero con la aparición de un gigante Herrando que se cruzó en su camino. El de Campanas aguantó la respiración y alargó la pierna en el momento exacto. El Sadar lo celebró como si de un gol se tratara pues tenía el mismo valor.
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El problema es que hubo otro episodio a continuación que esta vez acabó en gol. Tocaba fácil el Valencia en conjunto con la movilidad de sus centrocampistas hasta que la jugada acabó en el costado derecho gobernado por un Almeida que sin oposición que le frenara supo mandar el disparo cruzado fuera del área de Herrera. Era el castigo a la permisividad de un Osasuna que no estaba aplicando la intensidad que todo El Sadar esperaba.
Jesús Vázquez, muy presente en la banda izquierda, dispuso de la siguiente llegada. Estaban los rojillos desubicados. Lejos de la portería del Valencia y estáticos para defender y atacar. Maduró la primera parte para su beneficio, hasta que cambió la dirección del viento y entró en escena el Osasuna de verdad. El que embotella a centros y gana rechaces. Se encendió la grada con una ocasión de Moncayola que pegó en un defensa y que estaba anulada, suficiente para calentar el ambiente.
El de Garínoain ofrecía poso y Moi Gómez tomaba la batuta que tanto se ha echado de menos esta temporada. Jugando en campo rival, llegó el peligro. Moi lanzó con la derecha desde fuera del área y su disparo pegó en Javi Guerra para desviar la trayectoria y dirigirse al poste, que repelió la acción. Osasuna olía la sangre después con un latigazo de Rubén García tras una elegante dejada de Budimir, siempre en la jugada.
El Valencia se sostenía como podía. Le ayudaba el marcador a favor y sus continuas interrupciones de varios jugadores en general quedándose en el suelo. Almeida disparó al lateral y Rubén García fuera en un intercambio antes del intermedio.
CON CORAZÓN ANTE UN MURO
Osasuna puso lo que le dio su corazón en una segunda parte contra un rival replegado en su campo que seguía exagerando cualquier contacto. Los rojillos no rompían líneas. Mojica saltaba para dar más profundidad.
A base de insistencia, llegaba una ocasión clara. Tras una combinación rápida, Rubén García ponía un centro preciso para Budimir, que se anticipó bien para golpear con lo que pudo, su rodilla. El remate salía fuera por poco.
Las posesiones eran de Osasuna, aunque sin claridad. Moi seguía enchufado. Arrasate metió de golpe a tres hombres para recargar esa energía que podía faltar. Había que intentarlo con cualquier centro. El tiempo se escapaba. Herrando tuvo de cabeza el empate tras un envío de Peña que mandó al larguero.
El final fue de locos. Budimir se había quedado tendido en el suelo cuando parecía que Mamardashvili se disponía a reanudar el juego de su portería. No es el croata un jugador que finja, así que había que esperar la revisión. Protestaban los jugadores de Osasuna y todo El Sadar. Munuera Montero atendió lo que le decían en el pinganillo desde la sala VOR. La tensión era máxima. El tiempo estaba casi cumplido. El colegiado comprobó las imágenes en el monitor mientras la grada metía presión al verlas en los videomarcadores.
Efectivamente, Guillamón había golpeado por detrás a Budimir. Penalti claro. Minuto 96. Iba a ser 1-1. Iba a ser el gol número 17. No estaba todo perdido. Rebrotaba la ilusión en El Sadar en la misma medida que se desinfló al ver clavado al internacional croata en su mecánica de golpeo. Fue en uno de los momentos más angustiosos de una temporada que debe acabarse lo más digna posible.
