Vivir en El Sadar

Los guardianes de El Sadar

En 2021, las palomas ponían en riesgo el césped de El Sadar. Para alejarlas, se contrató una ‘escuadrilla’ de rapaces: Gavilán o paloma. Sólo puede quedar uno.

‘Jesús’ se posa sobre el guante que le tiende la cetrera Rufina Hernández, donde le aguarda la comida tras hacer la ronda por las vigas de la visera de El Sadar
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‘Jesús’ se posa sobre el guante que le tiende la cetrera Rufina Hernández, donde le aguarda la comida tras hacer la ronda por las vigas de la visera de El Sadar
‘Jesús’ se posa sobre el guante que le tiende la cetrera Rufina Hernández, donde le aguarda la comida tras hacer la ronda por las vigas de la visera de El Sadar

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Fernando R. Gorena

Publicado el 10/04/2022 a las 06:00

Hace unos meses, en noviembre, con el público imposibilitado de asistir a El Sadar, las gradas y voladizos del estadio, recién remodelados, registraron la visita de cientos de palomas, que acudían puntualmente a devorar la simiente de césped que los operarios del club sembraban en el terreno de juego para tenerlo impecable. Muchas incluso anidaron en las vigas más altas poniendo en riesgo la nueva instalación ya que sus deposiciones son altamente corrosivas.

Para acabar con esta plaga, el club contactó con ‘Control Peregrinus’, una empresa dedicada al control de aves con rapaces. ‘Jesús´, un águila de Harris, y sus compañeros, componen la escuadrilla que vigila El Sadar: ‘Peregrina’, un híbrido de gerifalte y halcón, ‘Blanco’, un sacre, e Izan, un danario, cuidan de que las palomas no vuelvan. Estas semanas sólo vuela ‘Jesús’, porque sus compañeros están cambiando la pluma. En noviembre, hasta seis aves volaron al mismo tiempo para realizar un tratamiento de choque necesario para dispersar a las palomas. Ahora, la escuadrilla sale de patrulla dos días a las semana ya que, además de la simiente, las palomas reaparecen después de los partidos para comer los restos de bocadillos, bollería y patatas fritas que deja el público alrededor de sus localidades. El día en que se hizo este reportaje, cuando Rufi Hernández, la cetrera, pisó el césped con ‘Jesús’ en su mano, tres palomas que se encontraban en la visera de grada lateral, escaparon rumbo a Pamplona al ver al águila de Harris. “Siempre quedará alguna porque es un espacio abierto, pero nosotros seguiremos ahuyentándolas. Vendrán pero no se quedarán”, comentaba Rufi. Cada una de las seis aves que sobrevuelan El Sadar tiene su forma de actuar. Los halcones sobrevuelan el campo para que las palomas que viven cerca del estadio no se sientan tranquilas y se alejen, mientras que las águilas Harris recorren las vigas del estadio buscando palomas o nidos. “El objetivo no es que atrapen palomas, aunque alguna vez han cazado alguna. Queremos que no se sientan seguras y que se marchen. La que ve hoy a los halcones, mañana no vuelve, aunque pueden venir otras”, dice Rufi.

DE EL SADAR A GÓNGORA

‘Control Peregrinos’ tiene su origen en Salamanca, pero dispone de un centro zoológico en Valdetorres del Jarama en Madrid. El de la cetrería comercial es un sector en expansión, ya que cada vez les llaman más de aeropuertos, campos de golf, viñas o fincas agrícolas. Han abierto otra instalación en Basauri. Además de en El Sadar y algún trabajo esporádico, ‘Jesús’ y sus compañeros trabajan también en el vertedero de Góngora, donde tienen que vérselas con otras especies menos asustadizas y de mayor tamaño que las palomas como milanos, estorninos, cigüeñas y buitres.

Estas rapaces nacen y se crían en cautividad. Se adiestran en el centro zoológico de ‘Control Peregrinus’. “Mi jefe”, como le llama Rufi, es su hijo, Francisco Rodero Hernández. Abrió la empresa haciendo de su pasión, la cetrería, su oficio. “Los pájaros nos gustaban desde siempre y teníamos algún cernícalo en casa para entretenernos, pero mi hijo le cogió mucha afición y ahora escribe libros sobre el tema”, dice Rufi. Cuando los pollos de rapaz empiezan a echar pluma se les da de comer a la mano. Después se les empieza a hacer saltar desde un posadero a un metro de distancia que después se va ampliando para que hagan vuelos más largos. “Son todos muy dóciles. Los más sencillos de adiestrar los Harris. Son desconfiados pero dóciles. Vuelan mucho y muy rápido. Si se ceban persiguiendo una paloma enseguida están en el centro de Pamplona”, comenta Maxi Barbosa, compañero de Rufi.

MIMADOS COMO LOS FUTBOLISTAS

A pesar del adiestramiento, no son animales domésticos. “Su motivación exclusiva es la comida. No son cariñosos como los perros y si no tienen hambre, no vuelven”. Hace unos días se le escapó el más pequeño y sólo regresó cuando empezó a pasar hambre. En otras ocasiones, no ha tenido tanta suerte y el pájaro desapareció con el GPS incluido ya que se le había olvidado activarlo. Su dieta básica está compuesta de paloma, codorniz y pollo. Para que aprendan a responder al silbato, “el primer día les dejamos que coman todo lo que quieran. Así, cuando les silbamos vuelven más fácil porque saben que les espera mucha comida”, relata Rufi.

Rufi sabe que existen opiniones contrarias a que estos animales vivan en cautividad. Por el amor que les tiene y, también, por el dinero que cuestan, les mima tanto como a los jugadores de la primera plantilla: “No hay animales mejor cuidados que éstos. Los de medio ambiente van mucho al criadero y cada ave tiene su huella dactilar y su documentación. Un pájaro de éstos no se puede tener así como así. Están más protegidos que las personas. Cuestan mucho dinero y están muy cuidados. La normativa sobre su espacio y su desinfección es muy estricta”, concluye Rufi.

DNI

Nombre Jesús

Fecha de nacimiento Valdetorres del Jarama (Madrid), septiembre de 2017

Trayectoria Es un águila de Harris (Parabuteo unicinctus) Trabaja espantando palomas en El Sadar desde noviembre de 2021. Pesa 575 gramos y su envergadura de ala roza el metro de longitud. Los ancestros de la especie proceden de América. Vuela a más de 100 km/h. y su especialidad es saltar de viga en viga por la visera del estadio.

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