Ambiente

La felicidad del mejor estadio

Osasuna y El Sadar ponen toda la intensidad con la permanencia asegurada en el bolsillo y celebran la segunda victoria consecutiva en casa

Panorámica de El Sadar este sábado. En el centro, los jugadores de Osasuna celebran un gol
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Panorámica de El Sadar este sábado. En el centro, los jugadores de Osasuna celebran un gol
Panorámica de El Sadar este sábado. En el centro, los jugadores de Osasuna celebran un gol

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Fernando Ciordia

Publicado el 20/03/2022 a las 06:00

Osasuna está entre los diez primeros a falta de nueve jornadas. Situación idílica que rompe presupuestos de principio de temporada. 38 puntos son muchos a estas alturas. Hablar de que se ha conseguido la permanencia puede saber a poco, pero a ese primer objetivo conquistado hay que darle su verdadero valor. Quedan retos por cumplir de aquí a final de mayo. Entre ellos, vivir más fiestas como la de este sábado en un Sadar entregado.

Equipo y afición pusieron toda la intensidad de su parte. Parecía que la necesidad apremiaba más que a los propios granotas, hundidos en la segunda parte y que ven cerca el descenso pese a disponer de una potente nómina de jugadores. Había ganas de volver a festejar un triunfo de local. Era el segundo consecutivo tras el de prestigio contra el Villarreal. La asignatura pendiente se está aprobando en este punto de la temporada, la del estreno de este nuevo Sadar que hace escasos días era reconocido como el mejor recinto del mundo del año 2021 contando los construidos y reformados.

Qué mejor forma de demostrarlo. La grada se lo pasó en grande, sobre todo cuando llegaron los goles. Graderío Sur fue el epicentro, con ese momento de interacción de cánticos con las diferentes zonas del estadio. Un “hola don Pepito” de los tiempos que corren. Arrasate movió el banquillo. Cálida bienvenida al canterano Iker Benito, lo mismo que para Oier, Torres e Iñigo Pérez en un año duro para ellos. Saltaron juntos.

Cerca de veinte mil espectadores quisieron ver este Osasuna-Levante, dejando a un lado el frío del invierno ya pasado y olvidando anteriores partidos de restricciones. Hasta se puede tomar café en la butaca tranquilamente. Normalidad. Se generó calor en el ambiente previo en los bares de los aledaños. Tarde de cerveza y murmullos por el gentío. Expectación.

La clasificación no apremiaba. Ni al equipo ni a la afición. Pero el binomio inmortal de El Sadar volvió a funcionar. Osasuna no se deja llevar. Solo por celebrar el ritual tan emocionante de las victorias con los jugadores a pie de campo al son de los cánticos merece la pena tomarse muy serio este final de temporada. Los rojillos tendrán ahora días más relajados. La competición se detiene por los compromisos internacionales. El balón volverá a rodar en el Villamarín. Será el 2 de abril.

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