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Afición

El Sadar de toda la vida

La afición llevó en volandas al equipo y el estadio rojillo rugió como siempre desde el inicio a la tradicional celebración final con el equipo

Ampliar Espectacular estampa de Graderío Sur entonando el Vals de Astráin
Espectacular estampa de Graderío Sur entonando el Vals de AstráinGoñi/Urdíroz
Publicado el 10/01/2022 a las 06:00
Osasuna volvió y lo hizo acompañado de su incondicional afición. Había sido una semana dura dentro del vestuario, pero también fuera. Escoció la derrota sin paliativos ante el Athletic de Bilbao (1-3) y no ayudó la eliminación copera frente a un rival de inferior categoría como el Girona (1-0). El partido ante el Cádiz estaba marcado en rojo por muchos motivos. “La plantilla está convencida y sabe lo que nos jugamos”, afirmó Bittor Alkiza en la previa. La afición también cerró filas y sabía que debía ser el jugador número 12.
La magia volvió a El Sadar desde los prolegómenos. Noche lluviosa, frío intenso y tiempo desapacible. 16.292 espectadores acudieron al remozado estadio navarro para ser protagonistas de una tarde que puede servir de punto de inflexión en la temporada. Lejos de probaturas, volvió El Sadar de toda la vida. Los cánticos de siempre. No era día de experimentos.
EL HIMNO, COMO ES TRADICIÓN
Los ganadores del XXXIX Torneo Interescolar sirvieron de teloneros para calentar el ambiente. El colegio Luis Amigó y el centro Juan Bautista Irurzun de Peralta celebraron su triunfo sobre el césped con una afición ya entregada. Hasta dieron media vuelta al campo para enseñar el prestigioso y voluminoso trofeo.
El novedoso juego de luces que permite el nuevo estadio se adelantó unos minutos. No se hizo coincidir cuando ambos equipos saltaron al verde, sino que se realizó antes. Las dos escuadras pisaron el césped con el himno de Osasuna. El sonido de toda la vida que anuncia que los rojillos juegan en casa. Bajo el calor de su hinchada.
El colectivo Indar Gorri hizo de director de orquesta. Bufandas al aire, banderas ondeando el cielo pamplonés y tradicional Vals de Astráin con una espectacular estampa de Graderío Sur. Todo estaba preparado. Los equipos formados y los entrenadores en sus puestos. Bittor Alkiza como primer espada tras la ausencia de Jagoba Arrasate por coronavirus. Un técnico de Berriatua que centró el primer cántico. No hay dudas sobre quién debe ser el capitán del barco rojillo en momentos de crisis deportiva. No las hubo la temporada pasada -en peor situación- y tampoco en este bache de diez partidos sin conocer la victoria.
El cantoral también recuperó sonidos como “dicen que estamos locos de la cabeza” o ese cántico que hace participar a todos los sectores de la grada.
En el terreno de juego Osasuna salió dubitativo el primer cuarto de hora. La grada se encargó de ahuyentar posibles fantasmas. No era día para que el pesimismo invadiera El Sadar. “La gente nos ha metido en el partido”, reconoció Alkiza en sala de prensa.
COMUNIÓN TOTAL
En este contexto se vivió una tarde mágina en el coliseo navarro. 97 minutos de animación sin parar que tuvieron que su punto álgido tras el pitido final. El gran capitán Oier se giró hacia la grada para arengar a los asistentes. El equipo formó una piña sobre el césped y desde Graderío Sur se preparaban para el tradicional ritual. Fue entonces cuando se oyó por toda la capital el “somos un equipo valiente y luchador”. Había ganas y la gente respondió. La última y única victoria como local había sido el dos de octubre ante el Rayo Vallecano con el gol de Manu Sánchez. Ya era hora.
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