Osasuna 2-2 Barcelona
Un Osasuna de guerra
Los rojillos recobran la agitación y empequeñecen a un Barça que se adelanta dos veces en el marcador


Publicado el 13/12/2021 a las 06:00
Osasuna se reencontró consigo mismo en una tarde que acabó con una grata sensación que volvía a brotar en El Sadar. El pulmón social estaba necesitado de alegrías. El equipo respondió con una soberbia actuación, sobreponiéndose a dos marcadores en contra y mandando ese mensaje de confianza que reconforta tras unas jornadas de zozobra.
Un empate contra el Barcelona, aunque sea contra este Barcelona, siempre es bienvenido y más cuando se han ofrecido esas revoluciones sin freno tan propias hasta el final. Puro nervio.
El Chimy puso la dinamita para rescatar un punto con merecimiento en el 86. Osasuna agotaba sus opciones. La pelota rechazada le llegó en la frontal y el argentino conectó un disparo raso certero para el delirio de la afición.
Se echaban de menos momentos así. Los de un equipo más eléctrico y valiente, más allá de sistemas y dibujos, que conecta los cables para enganchar con una grada entregada cuando recibe algo a cambio. En esas idas y vueltas sabe manejarse, aunque tenga delante un rival que busca el control del balón por su calidad.
Esa hambre por recuperar la esencia noqueó a un Barcelona que pese a tener bajas y vivir unos tiempos de angustia, sigue siendo temible. Osasuna pudo por momentos hacer el partido que había visualizado. Salvo un paréntesis en la segunda parte, no se dejó dominar. Siempre dio la sensación de afilar las piernas en la presión para incomodar y salir en estampida. Eso en Pamplona es fútbol.
Nico dio el primer golpe. David García lo igualó. Abde dio el segundo. El Chimy lo volvió a igualar. Conclusión. Se recobró esa resistencia mental para no perder el empuje, y más aun con esos instantes de tensión arbitral producidos en la jugada del 1-2.
REACCIÓN INMEDIATA
Arrasate plantó un 4-2-3-1 con Rubén García de enganche viendo el esquema culé. Juan Cruz fue novedad en el lateral para firmar un partido sobresaliente en condiciones y actitud, ligado a lo que es Osasuna. Manu Sánchez estaba más adelantado. No picoteó tanto, pero sí trabajó. Xavi puso a tres centrales y cuatro centrocampistas de zonas interiores. Quería dominar la posesión con ellos y rematar con su tripleta de ataque tan desigual. Luuk De Jong fue anulado por los García y Dembélé sesteó en El Sadar salvo una incursión en la segunda parte. Torró y Moncayola agarraron esa parcela ancha con enorme vigor.
El martillo para Nacho Vidal fue el marroquí Ez Abde, una auténtica flecha difícil de contener. Sin estos diamantes jóvenes nadie sabe qué habría sido ayer de este Barça en manos de Osasuna. Gavi y Nico se entendieron en el 0-1. Pase preciso a la espalda de la zaga navarra y gol tras el mano a mano con Herrera. El mazazo inicial no afectó a Osasuna para encontrar el objetivo de ser reconocible. Fue un primer tiempo de igual a igual. El Barcelona se encontró ahogado en sus elaboraciones y solo escapó por el costado izquierdo de Abde, insuficiente para encontrar remates claros. Dos minutos tardaron los de Arrasate en empatar el partido. David García, el avión de la Liga, alcanzó por el aire un cabezazo de dirección diagonal perfecta. Moncayola había mandado la pelota al área en una falta lateral. El de Ibero dibujó un bonito gesto, el más académico posible. Piqué y Busquets no se lo explicaban viendo la repetición en el videomarcador. Felicidad para un Sadar que para suerte del equipo nunca se bajó del tren de los altos decibelios.
EL MINUTO LOCO
Osasuna necesitaba tras el descanso mantener ese pulso del que no salía inferior. El partido se oscureció de repente en un minuto 49 difícil de olvidar. En cosa de segundos, una mano de Busquets en el área que no pitó Martínez Munuera y el gol de Abde en la contra posterior. El Sadar se puso de uñas. Los jugadores no lo entendían. El VAR no desautorizó lo que había visto muy de cerca el árbitro. El capitán del Barcelona había tocado la pelota, pero estaba retirando el brazo. Jagoba también protestó. Luego en rueda de prensa asumió su error una vez vista la imagen. No pasa nada por decirlo. No era voluntaria.
El caso es que al colegiado se le empezó a ir el partido de las manos. Aumentó la tensión. Había inquietud. Diferencia de criterio en faltas y tarjetas, y actitudes innecesarias. Osasuna entraba en una peligrosa espiral. Su fuerza no podía perderse en las protestas. La guerra debía ser otra. Esa llama fue un aliado hasta el final. El Barça pasó a tener el control, aunque solo encontró el disparo de Dembélé que salió desviado.
ACIERTO EN LOS CAMBIOS
Arrasate pegó el volantazo. En dos ventanas seguidas agotó los cambios. Pasó a jugar con tres centrales y dos carriles (Moncayola y Cote). Arriba, artillería pesada (Chimy y Budimir). Más piernas. Centros y remates. Xavi se protegió con un defensa, Mingueza.
Osasuna no perdió la fe. Empujaba y empujaba. La grada tampoco cedía. Quedaba tiempo. Nadie daba tregua. Llegó la explosión. David García forzó un córner. Tras sus carreras box to box, Juan Cruz seguía teniendo fuerzas de agitar los brazos hacia Graderío Sur. La pelota acabó en los dominios del Chimy, paciente en la media luna del área para apretar el gatillo. Como para pensar estaba. Moncayola lanzó un fallido golpeo al aire y el argentino enganchó el misil por tierra directo a la red azulgrana.
Osasuna acabó el partido con la mirada de querer ganarlo. Hubo una opción de contragolpe con Darko que pudo redondear la fiesta. El empate y esa sensación de equipo reconocible ya eran de por sí un valioso tesoro.


