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Entrevista
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Pablo García: "¿Entrenar a Osasuna? Lo tengo en el corazón"

El uruguayo, ex de Osasuna y del Real Madrid, repasa los momentos más personales de su trayectoria como futbolista y ahora como entrenador en el PAOK griego

Pablo García da órdenes a sus jugadores durante un encuentro del PAOK griego.
Pablo García da órdenes a sus jugadores durante un encuentro del PAOK griego.
PAOK
Actualizada 01/05/2021 a las 06:00

Cada palabra de Pablo García cae a plomo. Se expresa pausado y contundente. No hay un ápice de euforia pese a que su equipo, el PAOK griego, acaba de clasificarse para la final de la Copa. El uruguayo de 43 años, leyenda de Osasuna, se abre paso en su primera experiencia seria en los banquillos. Cogió al equipo en octubre y le quedan dos años de contrato. Disfruta. Es feliz. Sin más ruido del estrictamente necesario. Nacido en la pequeña ciudad de Joaquín Suárez, al lado de Montevideo, ofreció días de gloria en Pamplona. Tanto, que fichó por el Real Madrid en 2005. Una decisión que marcó su carrera. Eran otros tiempos. Otro fútbol. La experiencia ha moldeado su forma de ver las cosas. Descuelga el teléfono para atender a Diario de Navarra antes de la visita de Osasuna al Madrid, donde no encontró su hogar. El camino le sitúa ahora en Grecia. Simplemente, Pablo García.

¿Cómo le va en Grecia?

Estoy contento, llevo 12 años aquí. Terminé de jugar y empecé en la academia como entrenador. Después de cuatro años me dieron la oportunidad de dirigir al equipo. Lo cogí poco armado, pero es una linda oportunidad. Trato de aprovecharla y poco a poco organizar el bloque que yo quiero.

¿Cuáles son los objetivos?

Queremos ganar la Copa de Grecia y terminar segundos en la clasificación. Después tocará pensar la planificación en verano. A ver si me dejan armar el equipo que yo quiero. Pero tal y cómo está el fútbol hoy…

¿La pandemia lo condiciona todo?

Sí. La pandemia lo complica todo. Fichajes, jugadores que se van y que vienen. Hay muchos futbolistas en la plantilla y hay que adaptarse. El resultado es importante. Si ganas eres el mejor y si pierdes eres un desastre. No hay equilibrio.

¿Cómo lleva ese foco sobre el entrenador?

Suma todo. Cogí al equipo cuando estaba en marcha, yo traía mi idea de juego y tienes que adaptarte. La plantilla estaba hecha para otro sistema, he movido piezas. Hay que darle cosas al jugador para que esté cómodo. Es lo que estoy haciendo. Parches aquí y allá. Y buscando ganar porque si no lo haces hay poca paciencia. Entonces tienes que hacer un balance de todo. Se duerme poco, la cabeza trabaja mucho. No es como un jugador, que se preocupa de entrenar, de estar bien físicamente y hacer su juego. Tengo que pensar en todo. Cada jugador tiene su carácter y hay de distintos países. Es una suma de todo… (ríe). Pero estoy contento.

¿Es feliz allí?

Sí, mi familia y yo somos felices. La vida es buena aunque con la pandemia sea más complicada. No nos podemos quejar. Me siento querido e importante. Nos integramos bien a la vida en Grecia.

¿Cuáles son sus ideas como entrenador?

Todos queremos ganar. Es fundamental para seguir mejorando y trabajando. Como entrenador me gusta presionar alto, ser protagonista, salir a ganar. No me encierro en una idea fija. Me gusta defender cuando toca. Puedo acoplarme bien, con los sistemas lo mismo. Trato de adaptarme al jugador aunque siempre intentando ganar.

¿Qué hay del Pablo García jugador en esta versión del banquillo?

Como entrenador tengo que tener más psicología. No puedo ser como era de jugador. Soy tranquilo. Hay que saber manejarlo. En ese sentido he cambiado y la experiencia me ha ayudado. Los entrenadores me han enseñado y he sacado lo mejor de cada uno. Soy frontal, me gusta que sean así conmigo, que me digan la verdad. Así soy yo, voy de frente.

¿Qué técnicos le han marcado?

Tuve muchos entrenador. En juveniles, en Uruguay, tuve a Víctor Púa. Aprendí mucho sobre respeto y la educación. Después Javier Aguirre fue un gran apoyo para mí cuando empecé a jugar en Europa.

¿Cómo funciona el VAR en Grecia?

El VAR… La verdad es que no lo entiendo. Ves una imagen y parece una cosa y luego es otra. Creo que hay confusión en el mundo del fútbol. No se entiende. En España tienen esas líneas del fuera de juego, aquí son un poco más gruesas (risas).

¿Qué es lo que no le gusta?

Tardan mucho en decidir. Tendría que ser más rápido. ¡Si hay cinco personas mirando las cámaras! Tienen que avisarle y ya está. Fue penalti o mano. Ha cambiado el fútbol y hay que tratar de acostumbrarse. Espero que lo analicen y mejoren el sistema.

¿En el fútbol actual pierde fuerza esa relación que había antes en una plantilla?

Sí, esos asados que hacíamos en Osasuna siempre quedan en el recuerdo. He estado en muchos equipos y me guardo esos recuerdos y los amigos. Queda grabado para toda la vida. Esa chistorra, la panceta y el pan. La verdad que se extraña todo eso.

¿Cómo era ese vestuario?

Era sagrado. El grupo siempre tiene que estar unido y dejar trabajar al entrenador. Eso para uno que viene de fuera es importante el apoyo. Te hacen sentir uno más. Hay personas que vienen de otra cultura. Yo era más cerrado y se hace difícil la adaptación. El jugador navarro mete en el grupo a los nuevos y eso es importantísimo.

¿Cuál fue su momento más feliz en Pamplona?

Disfruté mucho cada domingo. Jugar en El Sadar con el ánimo de la gente era puro disfrute. No hubo una palabra mala de la afición. Eso era disfrutar del fútbol. En otros campos se gritaba a los jugadores y se metían con ellos. Muchos no aguantan esa presión. Fallas dos o tres pases y no juegas más. En Osasuna siempre se sentía el apoyo. Hicimos buenas temporadas, fue una lástima la final de la Copa que perdimos. Pero fue un ejemplo de comportamiento por parte de nuestra afición. No es fácil perder. Fue una fiesta.

No quiso la medalla.

Sí, no quería medalla ni nada. Era la calentura. Golpeó fuerte. Merecíamos ganar. Por equipo, entrenador y afición. No se pudo dar. Hace poco me la mandó mi gran amigo Pedro del Villar.

¿Cómo recuerda aquel fútbol? Había más contacto y tensión.

Eso era para mí la esencia del fútbol, como tiene que ser. No digo de hacer daño al rival, sino jugar fuerte y hacerle sentir al contrario que estás en casa y vas a por todas. Eso tiene que ser el fútbol.

¿Sigue a Osasuna?

Siempre que puedo miro el fútbol español, salvo cuando tengo partido. Estoy informado.

¿Qué le llama la atención del equipo de Arrasate?

Se ve que es un equipo unido y que trabaja con alegría. El entrenador está haciendo un buen trabajo y lo apoyan. Ese es el Osasuna que viví hace unos años. Debe ser un equipo. Tuvieron un bache malo, ajustaron, estuvieron juntos y ahora está bien y ya salvado. Toca disfrutar de lo que queda.

¿Osasuna o Real Madrid?

Siempre quiero ser respetuoso con los equipos que estuve. Me gané el pan, me dieron de comer y soy un agradecido. Es verdad que estuve más años en Osasuna. Me sentí uno más y tuve mis mejores años de fútbol. Sé como trabajan y sé que hay mucha gente que sufre por el equipo. También tuve como compañero a Zidane, le deseo lo mejor. Creo que son injustos con él. Ha ganado tres Champions y lo critican. Está por encima de Guardiola diría yo. Es una gran persona. ¿Si no critica y no habla ya no es buen entrenador?

¿Cómo ve el partido?

Osasuna puede ganar porque el Madrid está un poco revuelto por el calendario, el cansancio y las lesiones.

El paso al Real Madrid no fue fácil.

Fue difícil, incluso mi salida de Osasuna. Lo que pasa que en ese momento pasó todo muy rápido. Hay muchos intereses, representantes de uno y otro. Siempre fui legal con la gente que me representó. Ahora desde mi experiencia lo miro con más tranquilidad. No hubiese hecho muchas cosas que hice, pero ya no puedo volver atrás.

¿A qué se refiere?

Eso es la vida, la toma de decisiones. Ya está. Cometemos errores y aciertos. Pueden pasar estas cosas. Tampoco me puedo quejar. Fue una experiencia enorme, era uno de los mejores equipos del mundo. No lo pasé bien, la verdad. Sufrí. Y en Osasuna disfrutaba.

¿Tuvo roces en Madrid?

No solo por los roces. Era otro ambiente. Yo siempre he sido de pueblo. Soy más de chistorra o panceta que de caviar. Esa es la realidad. Todos nos equivocamos pero fue una experiencia única. Soy un agradecido. Con mis aciertos y fallos siempre camino con la cabeza alta y tranquilo. Siempre intento hacer las cosas bien.

Osasuna intentó que se quedara por todos los medios.

Sí, Fernando Vera (fue directivo), que es un gran amigo, quería que me quedara como fuera. Pero en ese momento se nubló la mente y todo. Intereses de uno y otro, no fue nada agradable. Me quedo con lo mejor, los amigos que hice y los recuerdos buenos.

Formó una gran pareja con Patxi Puñal.

Fue un orgullo. Qué gran jugador Patxi. Hicimos buena pareja. Y Josetxo, Cruchaga… Había gente buena. Lo disfrutamos.

No ha escondido que le gustaría entrenar a Osasuna.

Ahora pienso en hacer un gran trabajo aquí. Que me dejen hacerlo, que tengan un poco de paciencia. Y después no hay ni que hablar, lo que quiero lo tengo guardado en el corazón. No me gusta decirlo para fuera. Lo importante es ser buen entrenador y aparecerá alguna oportunidad.

¿Si lo tiene guardado eso significa que le gustaría?

El fútbol da vueltas, lo primero es el día de hoy. Estamos en buen camino. Escríbelo como quieras (bromea).

Terminó su carrera en el Celta, Murcia y Grecia. ¿Cómo lo vivió?

Difícil. El primer partido con el Celta tenía molestias, no jugaba y el entrenador (Fernando Vázquez) me quiso poner. Le dije que me iba a romper. Me lesioné. Estuve un mes fuera. Volví a recaer. No jugaba. Perdíamos y la culpa siempre era mía. Problemas con uno y con otro… ¡Pero si no jugaba nada! En todos los años de mi carrera, no sé por que, siempre pasaba algo y era García. Es la verdad. Quizá por mi carácter. En Grecia también tuve algún problema. Pasaba algo y decían que era García (ríe). No tengo explicación. Conviví con ello. Momentos feos.

¿Discusiones?

Sí, un poco de eso. Es lo que hay.

Suele decir que no le gusta nada perder.

Eso lo lleva uno desde pequeño. Jugaba en el campo descalzo y siempre querías ganar. Si no te calentabas y acababas a puñetazos. Siempre querías ganar a todo. Jugábamos hasta la noche. Perdía y estaba una semana sin hablar con nadie. Ni con la mujer. Ahora entiendo que lo hice mal. Ella te apoya, te acompaña, cuida a los niños si no estás y encima va uno enojado y no quiere hablar. Mi mujer se ganó el paraíso.

¿Ha cambiado el chip?

Sí. Paso muchas horas entrenando y preparando cosas. Cuando estoy en casa me desenchufo y me centro en la familia aunque los hijos son mayores y no te dan ni bola (tiene dos hijos de 22 y 12 años y una hija de 19). Hay que conversar y tomar un mate. Dejo de lado el fútbol.

¿Esos momentos se viven como antes?

Si ganas disfrutas una hora y ya estás pensando en el próximo. Es la vida. Ya no se puede cambiar. Veo a muchos jugadores que pierden o ganan y se van a cenar, a tomar unas copas. No entiendo cómo pueden hacerlo, ojalá yo pudiera, pero ni puedo ni lo entiendo. Uno no cambia nunca.

Y el fútbol sí. Por ejemplo con el uso de las redes sociales.

Hasta las mujeres de los jugadores escriben en las redes sociales. Ahora todo el mundo escribe lo que quiere. Todo el mundo opina y dice lo que quiere con impunidad. No piensan un poco. Estamos en una mala situación con el virus y a veces no pensamos las cosas que escribimos. Y hacen daño. Hay cosas más importantes. El mundo está un poco loco.

¿Cómo siente el fútbol sin público?

(Suspira). No tiene gracia, no es fútbol. Tiene que estar la gente en la tribuna. Ojalá se solucione primero esta situación para que se empiece a ir al campo. Pero en la vida también. Uno no puede estar con un amigo. Otros no pueden ver a la familia. Un padre, un abuelo. Y esa gente que enferma y está sola, eso es lo peor. Un amigo mío lleva cuatro meses encerrado en Uruguay. Está solo. La salud está por encima de todo.

¿Dedica tiempo a su afición por la pesca?

Ya no. Estoy deseando marcharme al campo, estar cuatro o cinco días con la caña de pescar, el mate, algún amigo y un pedazo de cama para escuchar solamente los pájaros y el río. La verdad que sí. Ojalá pueda hacerlo algún día. Ahora hay mucho trabajo, partidos y planificación. Tengo la cabeza como un bombo. Pero esto es lo que me gusta. Me encanta este trabajo.

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