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Capitán en su regreso

Unai García, que lució el brazalete y el número 4, volvió a disputar minutos después de la lesión de cruzado que sufrió hace seis meses en Alcorcón

Unai García, contundente al corte durante el amistoso.

Unai García, contundente al corte durante el amistoso.

OSASUNA
15/11/2019 a las 06:00
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Arrasate anunció en la previa que Unai García iba a tener minutos en el amistoso ante la Real Sociedad y el técnico de Berriatua cumplió su palabra. Lo que nadie se esperaba fue ver al central de Esquíroz en el once titular y, mucho menos, con el brazalete de capitán. La ocasión lo merecía. El navarro volvió a jugar un partido seis meses después de destrozarse la rodilla izquierda en Alcorcón, tras una jugada fortuita con el atacante alfarero Juan Muñoz.

Esta es la cronología de una historia de superación y un ejemplo para cualquier futbolista que tiene que afrontar una lesión temida en el mundo balompédico. Desde ese fatídico 4 de mayo han pasado 194 días. Un tiempo récord si tenemos en cuenta el largo periodo de recuperación que requiere una rotura de ligamento cruzado. Seis días después del encuentro en el estadio de Santo Domingo, Unai García fue operado por el doctor Valentí y su equipo. Los servicios médicos no quisieron señalar un tiempo de baja, pero siempre se estima que está en torno a seis-ocho meses. El central trabajó desde el primer día en la sombra, siempre con una sonrisa. Sorprendió el 11 de julio, el primer día de la pretemporada en Tajonar, al saltar junto al resto de sus compañeros y hacer carrera continua. “Está como un toro”, decían en el seno de la entidad navarra. Con el paso de las semanas, el de Esquíroz fue aumentando la carga de trabajo de forma progresiva. De correr pasó a los ejercicios con balón en solitario y hace medio mes ya era uno más en la dinámica del primer equipo. Una barbaridad. Tanto que ha sorprendido a sus propios compañeros, al cuerpo técnico e incluso al jefe de los servicios médicos de Osasuna.

Toda esta odisea metió Unai García en su mochila y el central tenía ganas de cerrar la cremallera y comenzar una nueva fase en su recuperación, la última. Los entrenamientos le habían dado la seguridad necesaria para volver a la competición, pero siempre queda cierta duda como comentó el propio protagonista al término del encuentro. “Estoy contento. Tenía muchas ganas, pero también incertidumbre porque llevaba varias semanas con el grupo, pero jugar un partido es otra cosa. No he notado nada en la rodilla, pero me falta todo lo demás. Necesito más entrenamientos para llegar al nivel que quiero”.

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Media hora antes del encuentro saltó al césped en Zubieta decidido a alejar cualquier tipo de fantasma. Calentó con normalidad y se ajustó en varias ocasiones el brazalete de capitán. Sergi Pérez, el segundo entrenador, y Juantxo Martín, el preparador físico, no perdían ojo. Era un día importante. Clave. Saltaron ambos equipos con la equipación de juego y Unai García, además del brazalete de capitán, portaba el dorsal 4. Su antecesor, Miguel Flaño, sonreía desde la grada.

El pitido inicial emparejó al navarro con William José, mal día para hacer probaturas con la rodilla. Formó pareja en el eje de la zaga junto a David García, la misma que aquel fatídico día en Alcorcón. Pero ahora estaban los dos en Zubieta y cualquier comparación era odiosa. “El pasado domingo hice seis meses y todo ha sido gracias al trabajo diario. Es cierto que la rodilla me ha respondido desde el principio y eso me ha permitido estar más cómodo. Pero todavía necesito más entrenamientos y las semanas me ayudarán a coger ritmo porque noto que me falta”.

Sin el alta médica oficial, el mejor parte de recuperación que pudo tener fue sus acciones defensivas. Rápido al corte, atento por alto y con buena salida de balón. De hecho, a la media hora protagonizó una galopada de área a área para hacer ver que está en perfectas condiciones. En el tramo final de la primera parte se le notaba algo cansado, porque Unai García, a pesar de esta meteórica recuperación, es humano. Arrasate no quiso correr ningún tipo de riesgo y dejó al central de Esquíroz en el vestuario tras la primera mitad. 45 valiosos minutos para descontar una muesca más en su camino hacia los terrenos de juego. Se lesionó en Segunda y, pronto, volverá al verde en Primera.

 

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