

Actualizado el 22/06/2019 a las 08:13
A mediodía, Osasuna difundía una de las noticias más esperadas por su hinchada. Rubén García, de 25 años, es jugador en propiedad hasta 2023 y se desvincula por completo del Levante, que le quería incorporar a sus filas el 1 de julio. Arrasate va a poder seguir contando con el que ha sido su jugador franquicia para el ascenso.
Por la mañana se terminaron de cerrar todos los términos con el Levante, toda vez que horas antes su consejo de administración había dado por buena la oferta trasladada por el presidente Quico Catalán procedente de El Sadar. Se pagarán 3 millones de euros y sendas variables de 0,5 si se logra la permanencia en cada una de las dos siguientes campañas.
Osasuna ha conseguido a un jugador referencial por un precio que se lo permite su economía y que es sensiblemente inferior a lo que marcaba su cláusula de rescisión con el Levante. Era de 7 millones en el momento en que se abriera el plazo de repesca, a coste cero, del 1 al 5 de julio. La decisión estaba tomada por el Levante.
Mientras perteneciera a Osasuna, hasta el 30 de junio, existía una cláusula de 3,5 millones que podría ser pagada por “un tercero”, decía el contrato, repartiéndose las dos entidades a partes iguales el dinero. Osasuna valoró esta vía pero dudó de su legalidad y que una instancia superior le obligara a indemnizar al Levante con una cantidad bastante mayor.
Detalles de la operación
El club navarro optó por la negociación. En esos 3 millones, dicen fuentes del club, está incluida la cantidad obligaba a pagar por el ascenso a Primera, algo que no había trascendido hasta ahora. Son 300.000 euros. En este sentido también por subir, al Cádiz se le paga otro medio millón por Aridane y al Valencia una cantidad similar por Nacho Vidal, que vino libre como el propio Rubén.
En esta nueva etapa el de Xátiva tendrá una cláusula de rescisión de 7,5 siempre que el equipo milite en Primera. En caso de descenso bajará. Hay que añadir que el Levante se guarda un pequeño derecho en caso de una futura venta. Será un 10% sobre la plusvalía, es decir del dinero que pase de los 3 millones que ingresara Osasuna.
Aquel día del ascenso
La operación tuvo ayer por fin su último episodio. El proceso se abrió en agosto del año pasado cuando, en una buena maniobra, Osasuna convencía al jugador para su proyecto. No le costó tiempo para convertirse en un futbolista diferencial por su juego y entrega, y acabar el campeonato con unas cifras de matrícula de honor: 7 goles y 13 asistencias. Llegó sin coste alguno pero con la condición de que el club granota lo pudiera recuperar si lo estimaba oportuno en los dos veranos siguientes.
Su entrenador, Paco López, lo tuvo claro viendo el rendimiento. El Levante comunicó su decisión al representante del jugador, y éste a Osasuna, por lo que el futuro en Pamplona de Rubén García se complicaba sobre manera. En este asunto ha habido un día que ha podido marcar el curso de los acontecimientos. Fue coincidiendo con las celebraciones del ascenso.
El jugador tenía un dilema porque el Levante no es un club cualquier para él. Se ha formado allí, es de Valencia y ha jugado más de 100 partidos en Primera. Veía, y eso pesó, que en Pamplona era un futbolista de plena confianza para su entrenador, compañeros y aficionados. “No depende de mí, lo que tenga que ser será”, declaró a los medios minutos después del Albacete-Granada de aquel lunes y antes de que hiciera explotar una traca como valenciano que es.
Al día siguiente, el martes 21 de mayo, dos altos dirigentes de Osasuna se dirigieron hacia él de forma informal. “¿Quieres quedarte en Osasuna?”, le preguntaron mientras en sus oídos retumbaba uno de los cánticos más populares, “Rubén, quédate”. Fue pronunciado no solo por los aficionados, también por el vestuario.
Su respuesta abrió el camino. Trasladó que en Osasuna era un actor principal y que en el Levante iba a ser un secundario. “¿Lo intentamos?”, le propusieron los rectores rojillos. Adelante. Fue entonces a partir de ese día cuando el club comenzó a mover ficha, aunque en aquellas semanas no trascendieran los movimientos.
En primer lugar se valoró pagar la cláusula de 3,5 millones, cuya mitad iría a manos del Levante y la otra se quedaría en Osasuna. Es un mecanismo por el cual el jugador compra su libertad, pero el contrato daba lugar a las interpretaciones. El club no se arriesgó a dar un paso en falso o, dicho de otro modo, pagarse así mismo la cláusula. Rubén además no quería fricciones con el Levante y Osasuna tampoco abogaba por estropear las relaciones entre clubes.
Había que alcanzar un acuerdo antes del 1 de julio, fecha en la que iba a volver al Levante y su cláusula subía a 7 millones. Las negociaciones con el presidente catalán, Quico Catalán, han sido duras.
De vacaciones
Rubén García se marchó de vacaciones con su decisión tomada y con sus pertenencias en Pamplona. El día de las celebraciones del título en El Sadar, en el último partido contra el Oviedo, se le vio disfrutar al máximo con baile incluido. No había marcha atrás. Estaba convencido de lo que le decían su cabeza y sus sentimientos.
Horas después se mostró encantado de grabar un vídeo emitido por el club ayer junto a la noticia de su fichaje. Quería expresar a toda la hinchada todo lo que ha sentido y comunicar la idea de seguir. Al Levante también le ha dado sus explicaciones con total normalidad. El jueves por la tarde quedaba todo prácticamente desbloqueado y así se lo transmitía a sus compañeros. El 10 de julio estará en Tajonar para la pretemporada.