Tokio 2020
Una medalla olímpica muy compartida
El navarro Eduardo Gurbindo fue recibido ayer por la familia a su llegada a Pamplona tras el bronce logrado en Tokio
Actualizado el 10/08/2021 a las 19:51
“Esto es lo más grande, lo mejor de todo. Hay veces que se gana, otras que se pierde… pero lo que no falla nunca es la ilusión y la alegría cuando regresas a casa. Y más aún si es un recibimiento así”. Eduardo Gurbindo Martínez, lateral pamplonés de la selección española de balonmano, bajó este martes minutos antes de las 15.00 horas del tren en la estación de Pamplona después de más de dos semanas de estancia en Tokio. En la mochila, su primera medalla olímpica a los 33 años y la cuarta en la historia del balonmano navarro, un bronce que nada más llegar -y justo antes de abrazarse a su madre Blanca Martínez Pérez y a su padre Eduardo Gurbindo Iturri, se encargó de colgar del cuello de su ahijado, Iker, de 6 años.
Él, nervioso, la esperaba impaciente -junto a los también sobrinos del deportista Xabi y Mai- aunque, también, algo cohibido por la cantidad de personas reunidas en el andén. “Pesa un poco, es grande y chula”, se atrevía a decir sonriente al haber sido el primero a la que su tío se la dejó. Fue el primero pero no el único. No es fácil tener la oportunidad de tocar o fotografiarse con una medalla olímpica y todos quisieron un recuerdo con el ‘hispano’ y su trofeo. Lógico y normal.
Una celebración familiar en la que estuvo también su hermano Javier (el mayor, Daniel, no pudo por compromisos laborales), sus tíos (Ana, María Jesús, Miguel Ángel, Carmen, Jesús, Juan Miguel, Arantxa, Miguel o Satur), primas (Patricia Barba, Naroa Arocena y Maider Seminario) así como los pequeños Alain, Irai, Leo, Naroa, Julen, Aimar, Aroa, Unax, Aimar y Aret...


ESTE MIÉRCOLES HACIA MACEDONIA
Quienes no pudieron estar este martes en Pamplona, ya que se han desplazado ya hasta Skopje (Macedonia), nuevo hogar del lateral en las próximas tres temporadas, fueron su esposa Elena Mileva y el pequeño Liam, su hijo y que el pasado día 6 (la víspera de que su padre se colgase el bronce) cumplió 4 meses. “Uf. Les he echado muchísimo de menos. Es lo que peor he llevado. Tengo unas ganas terribles de volver a verles. Al final me mandaban vídeos, hacíamos videollamadas… pero no verles en todo este tiempo… Liam aún es muy chiquito y ya en los vídeos le he visto cambiado de cuando lo dejé, así que ahora cuando lo vea de nuevo…”, reconocía Gurbindo que, este miércoles mismo, tiene previsto volar ya hacia Macedonia tras esta visita ‘relámpago’ en Pamplona. “Esta vez me llevo esta medalla tan especial para allí. Tenía previsto dejarla en Pamplona, porque al final aquí está la base de todo, pero este bronce me lo llevo. Tengo ganas de hacerle una foto al pequeño con ella y enseñársela a Elena, a su familia…”, reconocía orgulloso.
Como también “muy orgullosos y felices” se mostraban sus padres al ver lo conseguido por su hijo pequeño. “Al final casi se les escapa, eh. No estuvo fácil”, apuntaba su padre Eduardo, al recordar el minuto final del duelo final por el bronce frente a Egipto (31-33). “Es un orgullo tremendo lo que ha conseguido. Ahí hemos estado en todos sus partidos, viéndolos pese a los madrugones… Se lo merecía. Al final con el año y medio que lleva el pobre - una lesión en la rodilla le obligó a pasar dos veces por quirófano -”, recordaba el progenitor. “Nos llamó nada más acabar el partido. Estaba como loco. Feliz. No es para menos”, explicaba.
"LA PUNTITA DEL ICEBERG"
“La medalla es lo bonito. Parece fácil de conseguir. Pero detrás ha habido muchas horas de trabajo, de sufrimiento y de lágrimas. Como bien dice Jordi (Ribera, el seleccionador), esto es sólo la puntita del iceberg. Pero para conseguirla hay otras mil y una historias mucho menos agradables ni bonitas”, reconocía el jugador, quien debutó en la elite nacional con 15 años y que en pocos días se incorpora al Vardar, su sexto club profesional tras San Antonio, Torrevieja, Valladolid, Barcelona, Nantes. “Está siendo todo un poco locura. Ya antes de irme de Nantes lo veía venir. He intentado no pensar demasiado y centrarme en lo que tocaba. Al final, paso a paso, parece que vamos logrando todo bien aunque a veces se vea algo oscuro. Ha tocado así. Un año de cambios y nuevos retos. Superar la lesión, el nacimiento de Liam, la mudanza al salir de Nantes, los Juegos, ahora ir a Macedonia… Aún no sé ni dónde voy a vivir allí, tampoco tengo coche, nuevo club, nuevo entrenador…”. Y un nuevo éxito a su palmarés. Un bronce olímpico que, ayer, estuvo muy compartido.

