Baloncesto

La navarra Naiara Díez, una alero para siempre en Gernika

La jugadora Naiara Díez se ha ganado un hueco en el pabellón de Gernika, donde hace unos meses retiraron su camiseta y su número, el que ha vestido durante ocho años. Ya retirada de la competición, quiere seguir formándose como entrenadora

La navarra Naiara Díez, ex jugadora y capitana del Lointek Gernika Bizkaia, en la Vuelta del Castillo
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La navarra Naiara Díez, ex jugadora y capitana del Lointek Gernika Bizkaia, en la Vuelta del Castillo
La navarra Naiara Díez, ex jugadora y capitana del Lointek Gernika Bizkaia, en la Vuelta del Castillo

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Laura Villanueva

Publicado el 20/05/2022 a las 06:00

El número seis siempre será un referente en Gernika. Desde lo alto de su pabellón, el Maloste, la camiseta de Naiara Díez manda fuerza a quienes fueron sus compañeras y a las futuras generaciones que comparten su pasión por el baloncesto.

La altsatsuarra colgó las zapatillas la temporada pasada, pero hace un mes se convirtió en la capitana para siempre del Lointek Gernika Bizkaia. “Fue un orgullo tremendo, no me esperaba el homenaje ni que retiraran mi camiseta. El pabellón estaba lleno, como antiguamente, y eso me emocionó. Sentí el apoyo de todo el mundo y ni en mis mejores sueños me hubiera imaginado que algún día retirarían mi camiseta de la máxima categoría del baloncesto español. Soy una chica súper afortunada”, cuenta Díez, que cree que nunca dejará de sentir esa pasión por el baloncesto. “Siempre que puedo voy a ver a mis compañeras de equipo, sigo en contacto con todas, pero ahora sufro desde la grada o desde la tele. El día del homenaje estaban allí y me sentí muy querida por ellas, además volví a recuperar el cariño del público, del baloncesto femenino, de ambos equipos... Me emocioné, alguna lagrimilla se me escapó, es inevitable. Le tengo mucho cariño a Gernika, al club, al pueblo, a los aficionados y a su baloncesto, tengo como un sentimiento de pertenencia con ellos”, añade la ex capitana.

Ese día fue el broche a muchas temporadas de esfuerzo y dedicación. Con dieciséis años comenzó a formarse en Ardoi como entrenadora, allí dirigió hasta los veinte años a diferentes equipos, ese era uno de sus sueños cuando empezó, pero su carrera profesional no le permitió continuar con ello. Esa espinita ha seguido ahí y ahora tiene la oportuniad, con más tiempo, de seguir formándose como entrenadora. “Es complicado, creo que ahora me toca aprender a desaprender de lo que yo he sido como jugadora. Tengo la oportunidad de trasladar esos años de experiencia”, cuenta.

ÉPOCA DE CAMBIOS

Ha sido un año diferente para la alero, que todavía no ha tenido tiempo de echar mucho de menos el baloncesto. “Cuando acabas de jugar, después de tantos años a un nivel tan exigente, la cabeza se despeja de ese cansancio psicológico. Amo mi deporte, pero tener algún fin de semana libre, que antes era casi imposible, se agradece. El baloncesto me encanta, ha sido mi vida, pero ahora que he aterrizado en el mundo normal todo cambia, aunque quiero seguir ligada al basket”, apunta. “Ahora estoy trabajando, en otro ámbito, es completamente diferente, pero sigo muy puesta en el deporte, sobre todo en el femenino. He vuelto al mundo de los mortales, fuera de la burbuja del deporte profesional, porque nuestra profesión es muy corta y el mundo femenino, lamentablemente, no te da como para retirarte y vivir de ello. Se tienen que mejorar muchas cosas, vamos en buen camino. Estoy muy satisfecha por la carrera que he tenido y también por empezar una nueva vida cerca de mis compañeras, mis entrenadores y la liga. La mejor victoria que he podido tener en mi carrera son esas cosas, amigas y contrincantes que me han ayudado a evolucionar. Ahora no nos vemos en las pistas, pero tomarme un café con cualquiera de ellas es mi gran victoria”.

A pesar del cambio de vida, Naiara sigue siendo la misma persona que comenzó hace ocho años en el Lointek Gernika Bizkaia. “No sé si he cambiado, me gustaría y supongo que sí, aunque más que cambiar es evolucionar. Creo que esa evolución tiene que ser constante, es algo bueno y espero hacerlo siempre, no solo como deportista, también como persona. Las vivencias, la gente y los momentos te aportan cosas que hacen que cambies, aunque lo que sé que no cambiará es la esencia de Naiara, jugadora y persona, espero que nunca lo haga. No busco ser de ninguna manera, pero creo que mi forma de ser me ha ayudado a ganarme el cariño de la gente y me siento feliz porque me han agradecido el esfuerzo que he hecho en los clubes”, cuenta.

Eso será lo que más echará de menos Naiara Díez, el grupo humano que ha formado en cada equipo. “Nosotras estamos acostumbradas a estar lejos de nuestra familia y al final el equipo acaba convirtiéndose en eso, en nuestra segunda familia. Con las compañeras compartes todo, lo bueno y lo malo, vivimos muchas horas juntas, viajamos cada fin de semana, y creo que esa rutina, que ya no tengo, la echaré en falta. Ahora las veo menos, las voy a visitar, pero vivir el día a día sin todas ellas será raro, aunque también echaré de menos el gusanillo de competir, que es algo único. Creo que nada en este mundo se puede igualar a lo que se siente en un partido con el pabellón lleno y con la gente animando”.

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