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Atletismo

Emoción y bengalas para recibir a Asier Martínez

No esperaba a nadie en la estación de tren de Pamplona, adonde llegaba después de 20 horas y media de viaje desde Torun, la ciudad que le llevó a la gloria europea. Pero estaban todos: sus padres, sus amigos y su grupo de entrenamiento

Recibimiento a Asier Martínez a su llegada a Pamplona
Recibimiento a Asier Martínez a su llegada a Pamplona
Asier Martínez ha sido recibido entre aplausos y cánticos por sus familiares y amigos a su llegada a la estación de tren de Pamplona.
María Vallejo
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Recibimiento a Asier Martínez a su llegada a Pamplona
Actualizada 09/03/2021 a las 17:56

Asier Martínez no tenía ni idea de lo que le esperaba en Pamplona. Llegaba a la estación medio zombi, agotado tras un viaje eterno. A la 1 de la madrugada del domingo al lunes emprendió su regreso a casa. Salió de Torun, la ciudad que le elevó a la gloria el domingo en la final europea de 60 m vallas, y tomó un vuelo hasta Varsovia, capital de Polonia. Desde allí viajó de noche a Frankfurt, punto de partida para volar a Madrid, donde se quedó la selección española. Ya solo, el navarro tomó un tren a Zaragoza, donde esperó varias horas hasta poder enlazar el deseado destino a a casa. A las 21.38, cansado, ausente, anónimo entre los viajeros, Asier caminaba por el andén. Y se desató la locura.


Su gesto cambió por completo. Atónito, empezó a recibir abrazos. Estaban todos: sus compañeros y compañeras de entrenamiento (Nerea Bermejo, Laila Lacuey, Teresa Abascal, Iker Alfonso, Martina Wiafe, Jorge Illarramendi, Ander Iriarte... ), su entrenador François Beoringyan, emocionado. Asier alucinaba.


A escasos metros, en segundo plano, Jesús Martínez y Elena Etxarte, esperaban a que su hijo les viera. El vallista no sabía que iban a recibirle en la estación. “No sé si vendrán, pero si no los veré en casa. No tengo ningún problema”, había confesado a este medio Asier a media tarde, cuando aún aguardaba en Zaragoza. Y las lágrimas salieron de sus emocionados ojos. Sus padres, por el estilo.


Y es que el atleta de Zizur no se olía nada. “Me apetece llegar a casa, cenar, ducharme y a la cama, que llevo un día entero despierto. No sé si la ama, que me cuida como nadie, me habrá preparado algo. Sólo sé que quiero comer y descansar”, decía por la tarde. Afortunadamente para él, Elena confesaba que le iba a preparar una cena especial, fuera de la dieta habitual. La ocasión lo merecía.


PANCARTA Y BENGALAS


Y cuando ya creía que lo había visto todo, llegó la explosión. Y nunca mejor dicho. La cuadrilla de Asier encendió unas bengalas y las afueras de la estación se iluminaron. Engulleron a su amigo, que desapareció entre los abrazos de sus colegas. Cánticos ensayados en honor a su héroe. Asier ya estaba en casa, de verdad. “No me esperaba nada de esto. Solo te esperaba a ti”, decía con voz entrecortada el joven atleta a este periódico, para quedarse después con su gente, aquellos cuya felicitación colectiva tras ver juntos la final recordaba con más cariño.


Horas antes, cuando nada se imaginaba, reconocía estar “más cansado que en la competición”. 24 horas después de su final, seguía sin asimilar lo ocurrido en Torun. “Aún no, se me hacía muy difícil de un año a otro soñar con acceder a esta competición, verme cada vez más cerca de los mejores y estar en una final. Ha sido muy rápido. Fui pasando rondas, en semis ya estaba contento, pero luego vi las marcas y pensé en que matemáticamente podía pasar. Cuando me clasifiqué ya estaba feliz, sin presión, nada nervioso. Parecía que estaba entrenando o compitiendo en Larrabide. Ver que en el marcador era cuarto y había ganado a medallistas olímpicos o al actual campeón del mundo en pista cubierta, Aurel Manga, era increíble”, explicaba Asier.


VOLAR SIN VER LAS ALAS


El atleta de Zizur, miope, corre sin gafas ni lentillas. Vuela sobre las vallas por instinto, por entrenamiento y por genética. Podría hacerlo con los ojos cerrados. No sabía que había sido cuarto. “No me di cuenta. Al ir en la calle 8, me enteré de todo de golpe, que era 7.60, récord de España otra vez, que había quedado cuarto. Estoy muy muy feliz”, reconocía.


En la cita decisiva, salió a dsifrutar. “En semifinales, sí que estaba nervioso, porque era consciente de la gente que tenía al lado. Tenía presión, tensión, nervios, malestar. De ahí mi expresión negativa. En la final, no. Había un nivel muy muy alto, pero no tenía presión, estaba tranquilo y disfrutando”, narraba.


Tantas personas a las que agradecer, tantas bonitas palabras de un chico humilde, una estrella modesta. “En mi caso, es determinante François (Beoringyan), no sólo por el trabajo. Es como un padre para mí, trabaja día a día y las horas que paso con él no las paso con nadie. Es una figura muy importante para mí”, valoraba Asier.


Se le notaba feliz recordando a sus figuras referentes. “Mis padres me ayudan diariamente, porque además son atletas. Siempre han estado detrás de mí, no sólo como aficionados que siguen lo que hace su hijo. No pueden ver mis finales en directo, ni mis grandes citas. Mis hermanos las ven, pero mis padres tienen tanta tensión que son incapaces, por los nervios”. Y, por supuesto, la crew. “Mi cuadrilla y mi grupo de entrenamiento siguen mi competición. Y acaban siendo entendidillos del atletismo”. Y todos ellos a los que quiso recordar estuvieron en la estación. Magia.

AQUEL NIÑO DE ZIZUR


Hijo de la gran atleta Elena Etxarte, que también saltaba vallas y tuvo el récord de España cadete, y Jesús Martínez, atleta máster de velocidad, Asier lleva el atletismo en los genes. Su madre dejó el deporte para estudiar Medicina. “Mi padre no era bueno, pero lleva viendo atletismo toda la vida. Para él es un plus ver a su hijo competir con gente que ha seguido. Ese punto de magia lo comparto porque son atletas que hemos idolatrado desde siempre”, relataba el vallista.


Su hermano Aitor estudia 2º de Bachiller, juega al fútbol y hace atletismo. De momento, se decanta por el primero. Su hermana Nagore trabaja en RTVE . Asier estudia Ciencias Políticas en Bilbao y es un apasionado de este tema. Como curiosidad, es primo de Tiko, ex jugador de Osasuna y Athletic. “Me ha dado otra perspectiva profesional. He hablado cosas con él que otra gente no me podía aportar. Tenerlo al lado siempre me ha ayudado”, afirmaba.


¿Y cómo era aquel niño de Zizur antes de medir más de 1,90 y ser una figura del atletismo? “Desde pequeño he sido un saco de nervios. Nunca he podido parar quieto. Estudiaba en la Ikastola San Fermín. Nunca he sido muy estudioso pero he tenido el recurso de leer y hablar bien, así que he sacado todo sin problema”.


Su primera casa deportiva, Ardoi, es clave en el éxito sin paliativos del deporte zizurtarra. “Yo entrenaba con José Miguel Lozano, Piti. Creo que es determinante que en Ardoi y estos clubes se trabaja mucho la cantera. Es clave apostar por lo que viene de abajo”. Y poco a poco, Asier ha llegado al cielo.

 

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