ARTE

Crítica de Pedro Luis Lozano: "Densidad contenida"

'DENSITÉS', de Ariel Elizondo Lizarraga. La Puerta Gótica. Hasta el 13 de abril. De lunes a viernes (10-14 y 16-20 horas)

Ariel Elizondo posa junto a varias de sus esculturas en La Puerta Gótica
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Ariel Elizondo posa junto a varias de sus esculturas en La Puerta Góticawww.eduardobuxens.com
Ariel Elizondo posa junto a varias de sus esculturas en La Puerta Gótica

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Eva Fernández

Publicado el 10/02/2026 a las 05:00

Palabras como resistencia, cambio, renovación, memoria, fuerza, herencia o confrontación son claves definitorias en el periplo vital de Ariel Elizondo y, a mi entender, resulta interesante que todas ellas y algunas más, se vean reflejadas en su obra escultórica. Como sucede con las rocas metamórficas, surgidas tras intensos momentos de presión, la vocación artística de este escultor se ha visto impulsada tras un importante momento de crisis y posterior renovación. Aún así o justo por ello, en su obra no renuncia a su ser pasado, sino que lo asume con aceptación, reflejando elementos biográficos que más o menos podemos llegar a intuir cuando observamos el origen de los materiales con los que trabaja, su sentido del dibujo o el equilibrio entre lo dado y lo transformado.

La exposición actual que presenta en la Puerta Gótica lleva por título 'Densités', lo que me permite recordar la famosa frase de Ortega y Gasset: "Hoy se hace estilo y así como el artista oculta la falta de densidad humana con el artificio, los toreros de hoy ocultan en el estilo la falta de arte." Es cierto que el filósofo madrileño se refería al mundo taurino, pero creo que esta reflexión concuerda bien con la idea de Elizondo.

Lógicamente el peso y la presencia de la escultura vasca en nuestra contemporaneidad nos lleva de inmediato a integrar a aquellos autores que usan el acero, la piedra y la abstracción geométrica justamente en un estilo que clasifica/cosifica, a veces de manera injusta, una labor personal. Creo que es el caso de este escultor. Siguiendo la frase de Ortega y el propio título de la exposición, Ariel Elizondo no parece interesarle en realidad el estilo, sino que su arte surge de manera necesaria como expresión de una razón personal, densamente humana.

En su caso, el uso de la piedra y el metal tiene una razón práctica y también biográfica, que no nace de una corriente estética, aunque existan conexiones, sino de una voluntad interna. Esta sinceridad personal es clave a la hora de valorar su trabajo. A ello se suma una clara vocación por el dibujo, lo cual se refleja de manera indudable en el gesto de sus formas que a buen seguro tendrían también una interesante vía de expresión en lo pictórico, que le convendría explorar.

El movimiento además se vincula con la danza, que, de nuevo, en su caso, tiene una conexión biográfica. Dicho esto, creo que una de las características de su obra es el equilibrio. Un equilibrio que se evidencia en varios ámbitos. En primer lugar, en la dualidad entre piedra y metal. En ella, cada materia tiene su espacio y no se ve reducida por su antagonista, sino que se respetan mutuamente en su diferencia. Se complementan y se suman, a veces en un abrazo, a veces en apoyos, pero siempre sin llegar a imponerse uno sobre el otro.

Ese mismo equilibrio se da entre masa y línea, y también entre forma y expresión. Esto le concede a su obra una sensación de contención, de tal manera que ninguna escultura llega a invadirnos, sino que se nos presentan como creaciones que ocupan un espacio, pero no van mucho más allá de él. Son respetuosas en ese sentido y concentradas, incluso a veces rotundamente compactas.

En definitiva, entiendo este equilibrio como un respeto. Ariel respeta sus materiales, pero también sus significados, no busca una imposición, pero tampoco reniega a su manipulación. Esto se ve también a la hora de cómo trata sus obras, aceptando a veces el material tal cual se presenta o, por el contrario, interviniendo sobre él, hasta doblarlo, escuadrarlo o retocarlo, pero sin llegar a salirse del marco. Siempre domina una sensación de contención. Su densidad está contenida.

En ocasiones creo que tanto respeto y equilibrio puede llegar a ser excesivo, tal vez debería soltarse de manera más expresiva. Lo cual me lleva a pensar que también hay un factor que puede ser curioso de observar, y es cómo la evolución en el tiempo puede llegar a modificar sus obras por la erosión o corrosión de sus materiales expuestos a la intemperie, lo que podría llevar a que sus equilibrios se modifiquen más allá de su voluntad inicial, dotando a sus piezas de otros elementos de expresión. Paradójicamente la misma naturaleza que le ha dado gran parte de sus materiales, puede seguir modificándolos como un escultor inexorable.

Pero volviendo al equilibrio, creo que esto concuerda con el hecho de que Elizondo ha llegado a la escultura en un momento de madurez personal, tras un periplo además de experiencias diversas que le permiten recopilar distintas fuerzas y referencias, de tal manera que hay una síntesis que se expresa, ahora. No creo que considerar su obra como juego sea válido ni tampoco como búsqueda, sino más bien como encuentro o reencuentro. De hecho, sus obras, a pesar de ser objetos, son más bien lugares, espacios de convivencia material y de agrupamiento.

En definitiva, este autor ha alcanzado una hermosa expresión plástica, plenamente madura. Ahora bien, en el futuro veremos si se mantendrá en ella o por el contrario evolucionará hacia obras y vías de mayor desequilibrio, que le ofrezcan, en contraposición, otras formas de expresión. Es decir, creo que hasta ahora su creatividad latente ha encontrado una salida, pero casi apostaría al decir que su valentía personal es muy probable que le permita adentrarse, además, en otros horizontes aún por explorar que, a buen seguro, enriquecerán tanto su obra como su persona.

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