Txuspo Poyo reivindica los derechos humanos con una intervención artística en una iglesia desacralizada de Viana
El suelo de la iglesia de San Francisco se transforma en una gran pizarra en la que se escribirán los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos


Publicado el 19/10/2024 a las 05:00
La barbarie que se vive hoy en tantas partes del mundo, en Gaza, en la guerra o con la inmigración, no sólo genera víctimas humanas, también afecta a las palabras. El artista alsasuarra Txuspo Poyo se dio cuenta de que en la política y en los medios muchos conceptos se utilizan hoy vacíos de contenido. Especialmente los recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus 30 artículos. Es la idea detrás de la instalación que presenta en la iglesia de San Francisco de Viana hasta el 17 de noviembre, con el literario título de 'El péndulo y la campana. Una extraña aventura romántica entre un péndulo y una campana, solo el amor es el único arma contra la barbarie'.
“Todos creemos que conocemos todos los derechos y cuando los empiezas a leer son realmente lápidas, son lápidas de lo realmente fuerte, las palabras”, expresa Poyo, que reivindica los derechos humanos sobre todo para que sean incorporados en el plan de estudios de las escuelas. Se trata de un proyecto experimental que tiene tres ingredientes principales: un péndulo, una campana y el suelo de esta iglesia desacralizada de Viana.
León Foucault demostró en 1851 que la Tierra rotaba a través de un enorme péndulo colgado a más de 60 metros de altura. Aunque el péndulo se movía, realmente era el espacio el que giraba. Poyo ya trabajó antes con un péndulo en exposiciones del Artium de Vitoria y La Panera de Lleida, ambas veces en torno a las Naciones Unidas. La sede de este organismo tiene un péndulo en su hall. “Es un elemento que además tiene algo de dialogar, de establecer un tipo de relación entre la gente que está alrededor, creo que por eso en las Naciones Unidas funciona muy bien, porque habla de lo que se está generando allí, de los discursos sociales, políticos, económicos, que de alguna manera están generándose”, expresa.


En el exterior de ese mismo edificio la ONU conserva una campana cedida por Japón que sólo se toca una vez al año, en el aniversario de Hiroshima. Txuspo Poyo incorpora ambos elementos por su valor simbólico. “La campana es un elemento de sonido, de sonoridad, y tiene mucho que ver con el espacio, con el lugar”, dice. La que presenta él en Viana, concretamente, está fundida con monedas, igual que la de Hiroshima, y mantiene las características y el tamaño de las campanas de las ermitas. Está en el suelo, carente de badajo, pero conecta con el imaginario de lo que es una campana, con su relación con el tiempo y las horas que marca, con la idea de fiesta, la de alerta en un pueblo, las campanadas a muerto o incluso las que suenan en la Bolsa. “Tiene esa relación de algo que nos conecta como comunidad”, expone el autor. Pero allí no suena, aunque se oigan las de las otras iglesias del pueblo.
Pero donde la gente va a participar es en el suelo. Allí intervendrá tanto el alumnado de los colegios e ikastolas de la localidad como los visitantes (el horario es todos los días de 12.30 a 13.30 horas).“El suelo funciona como una gran pizarra donde se van a escribir todos los artículos de la Declaración de los Derechos Humanos”, explica. “Habrá participación de personas de todas las edades, incluidos niños pequeños que quizá no escriban, pero sí participarán con dibujos”, señala.


Lo harán en el propio suelo de una madera oscurecido por el paso del tiempo, y con tiza. “Es un suelo por el que ha pasado muchísima gente, tiene un peso histórico muy relevante y a su vez la madera habla del tiempo, tiene que ver con la campana y también con el péndulo, que hablan del tiempo y del movimiento”, explica. El suelo además es algo que nunca se interviene artísticamente, algo que parece reservado a las paredes, lo que también motiva al artista.
La idea es que acabe todo el suelo escrito o pintado, como un gran graffiti. Habrá una especie de caminito para que la gente pueda andar, pero a la vez van a pasear entre ellos sin orden. “La gente se va a ir llevando los textos en los zapatos cuando vaya paseando por el propio lugar”, aventura Poyo, quien ve la instalación como una especie de laboratorio pedagógico. “Si van los más jóvenes esto se va a contagiar a sus familias, con lo cual hay muchas posibilidades de que los padres pasen también por el lugar, espero que sea una bola que vaya creciendo”, confía Poyo. Además un grupo de teatro realizará lecturas de los derechos todos los domingos a partir de las doce y media.
La exposición forma parte de Fluxu, el circuito de arte contemporáneo en Navarra, de la Dirección General de Cultura, que pretende descentralizar el arte contemporáneo fuera de Pamplona y presentar intervenciones artísticas en espacios donde se escuche la arquitectura, el paisaje cercano o a las personas que vivan en localidades como Viana.
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