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Cine

El arca de Txuspo Poyo

El festival Zinebi de Bilbao y la Galleria Nazionale de Roma presentan la película ‘Love Needs Time to Kill’, en la que el artista de Alsasua investiga el simbolismo y el sentido de los gabinetes de Ciencias Naturales de los colegios religiosos

Fotograma de Love Needs Time to Kill, la película de Txupo Poyo sobre los gabinetes de Ciencias Naturale
Fotograma de Love Needs Time to Kill, la película de Txupo Poyo sobre los gabinetes de Ciencias NaturaleTxuspo Poyo
Publicado el 02/11/2021 a las 06:00
En Alsasua hay caimanes, y pelícanos, pero están quietos. Permanecen detenidos en el tiempo, metidos en vitrinas de un colegio que cerró sus puertas hace un tiempo ya. Los vio el artista de la localidad Txuspo Poyo en una visita que realizó al colegio de los Capuchinos y sintió entonces que todos aquellos animales disecados le remitían a la época de las misiones y a unos sistemas pedagógicos que han ido desapareciendo a medida que cerraban los internados de esas órdenes religiosas.
En gabinetes de ciencias naturales de ese tipo rodó después la película 'Love Needs Time To Kill', con la que compite en Zinebi, el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao que abre su 63ª edición el 12 de noviembre, y ha sido además seleccionada por la Galleria Nazionale de Roma para ser expuesta en una de sus salas durante el mes de noviembre.
Tras aquella visita al colegio de Alsasua Txuspo Poyo se percató de que no era algo puntual. “No era solo que los franciscanos o capuchinos tenían en sus colegios sus gabinetes de ciencias naturales, sino que los jesuitas también tenían los suyos, los agustinos también, y luego hablando con mucha gente te cuentan que los maristas también tenían sus pequeños gabinetes, los corazonistas... Los colegios religiosos tenían una relación muy directa con esos gabinetes que utilizaban como modelos educativos”, explica el artista. Es más, ni siquiera era algo propio de Navarra y el País Vasco, donde la educación del siglo XX fue principalmente religiosa, sino que los gabinetes y todo lo que les rodeaba podían encontrarse en España o Europa también.
CURAS TAXIDERMISTAS
Los gabinetes empezaron reuniendo minerales, luego fósiles, más tarde empezaron a tener animales disecados y herbolarios; la mayoría de las piezas procedían de las misiones o de las colonias que tenían esas órdenes tanto en América como en África o Asia. “Eran los propios curas quienes se traían los animales, las pieles, y hacían ellos las taxidermias”, relata Txuspo Poyo.
Al cerrarse esos seminarios o colegios las colecciones han quedado abandonadas en vitrinas o se han ido llevando a otros sitios. Uno de los edificios que tiene una colección más importante es el colegio de Urdaneta, que está en Loiu, al lado de Bilbao, que además de la colección propia que crearon los agustinos ha ido recibiendo fondos de otras órdenes; otra es la del seminario de los capuchinos de Lekaroz, que formó una de las colecciones más grandes que los capuchinos donaron en los Noventa a la Universidad de Navarra para su Museo de Ciencias.
La colección de Lekaroz empezó a final del siglo XIX y estuvo activa hasta el 2007/8. “La actividad que han tenido con sus colonias, muchas de Venezuela, han tenido una conexión muy interesante porque todos estos animales como herbolarios procedían de esa zona”, explica Txuspo Poyo. “Ellos eran muy autónomos en cuanto a la educación”, destaca el artista alsasuarra, que destaca la relación que los capuchinos tenían con Francia y Alemania en cuanto a microscopios, cosas de ciencia o la propia taxidermia. “Eran colegios religiosos, pero había colegios religiosos con la ciencia muy presente”, subraya. “Al ir desapareciendo estos modelos pedagógicos se han quedado solamente en el imaginario de varias generaciones que todavía perdura, gente que se acuerda de que en sus colegios había pájaros exóticos en los pasillos”.
La película ha sido rodada en el seminario de los capuchinos de Alsasua y el colegio Urdaneta de Loiu. Y juega también con la relación entre taxidermia y taxonomía, la ciencia que trata los principios de la clasificación, en particular dentro de la biología y en las bibliotecas. “Antes, las bibliotecas y los laboratorios pedagógicos estaban todos unidos, no es que fueran cosas separadas, en un lado estaban las bibliotecas y en otro las vitrinas, pero todo estaba conectado”, señala Poyo. En la película la cámara recorre esos rótulos sobre “ascética”, “apologética”, “dogmática” o “historia profana”, que dominan las estanterías desahuciadas de contenidos, por las que apenas se pasea alguna araña.
Poyo compone un gran bodegón con los animales, los pájaros petrificados en el aire, monos que han pasado a la posteridad con la boca abierta o corales marinos, y lo mezcla con los sonidos de la selva y sus hábitat naturales. También muestra cómo se mantienen con bastoncillos o cepillos.
Los proyectos de Txuspo Poyo en realidad son los de un investigador a largo plazo que a medida que los va obteniendo va vertiendo los resultados de sus pesquisas en distintos formatos, en películas, publicaciones o como mejor encajen. Y la investigación además abre más y más puertas, nuevos planteamientos que nacen de un mismo origen. Está el relato biológico pero también tiene un relato religioso, pensando un poco en la idea de arca, de la educación, del impacto de estos gabinetes dentro de lo que ha sido el imaginario infantil en un momento dado o de las relaciones con la diáspora o con las colonias.
La película es una historia dentro de una historia, “una película que se ha construido con residuos de otras historias”, explica Poyo, que trabaja con un formato entre el documental y la ficción. “Voy generando esa serie de relaciones entre las diferentes capas que se van generando tanto históricas, como sociales o culturales dentro de nuestra cultura; yo creo que es interesante cómo la mirada que teníamos antes de los gabinetes es interesante ahora, cómo las nuevas generaciones tienen una mirada completamente diferente, la mirada cultural ha cambiado en menos de cincuenta años”, afirma.
La investigación ha fructificado también en un libro que aún no ha salido al público. “Siempre hay más por llegar”, asegura Poyo. “Cada vez que vas investigando más cosas te va llevando a nuevos lugares, a la vez se abren nuevas puertas y sobre todo ves que todo está conectado, las cosas no están aisladas, hay una conexión”, concluye. Entre las nuevas inquietudes que le quedan por reflexionar queda, por ejemplo, responder a por qué los gabinetes estaban sólo en los colegios masculinos.

Una ballena por las calles de Roma

Txuspo Poyo se encuentra actualmente en Roma, con una beca de ocho meses en la Academia de España. Allí este proyecto en torno a los gabinetes de Ciencias Naturales ha dado un giro sorprendente. Poyo está trabajando sobre el primer colegio público y gratuito que se fundó en Europa, en concreto por José de Calasanz en 1630, el Colegio Nazareno.
El colegio empezó a formar en el siglo XVIII una gran colección con minerales y luego con herbolarios y fósiles, pero después de cuatro siglos de actividad educativa en 2014 vendieron el edificio a un lobby hostelero con la intención de abrir un hotel de lujo y abrieron así una nueva dimensión en el proyecto de larga duración de Txuspo Poyo: la especulación con el patrimonio eclesiástico. “Se da la circunstancia de que dentro de ese bloque estaba la sede del Partido Demócrata y el de Berlusconi, ambos escribieron a [el entonces Primer Ministro] Monti para que mantuviera el edificio para la educación y no se vendiera para un hotel, había unos momentos turbios políticamente y Monti, que era el ministro, dimitió y aquella reivindicación desapareció, se acabó vendiendo a un lobby hotelero”, explica Poyo. Actualmente están construyendo allí el hotel.
Pero lo que interesaba en el proyecto eran las colecciones, la de arte, la biblioteca, el gabinete de Ciencias Naturales. Cuando el colegio cerró todas ellas fueron a parar a otras sedes de los escolapios, dentro y fuera de Roma. Y entre todas las cajas que emprendieron su salida, Poyo consiguió que le dejaran la que contenía el esqueleto de una ballena capturada en 1843 en Groenlandia, que destinaron al Istituto Calasanzio en Roma.
Poyo la introdujo en una furgoneta y después de pasearla por sitios emblemáticos de Roma. “Son lugares que también tuvieron su importancia social y política en su momento, pero que ahora con el turismo se han vaciado de algún modo de contenido, lo mismo que el colegio nazareno, que se ha convertido en un cascarón, es un lugar para hacerse la foto turística”. Después del tour por la ciudad, llevó la ballena a la Academia de España, en cuyo salón de retratos la reconstruyó para hacer una serie de clases pedagógicas con colegios. Un vídeo muestra todo este proceso, pero se convertirá en otra película, Gran hotel nazareno.
De momento ha hecho una edición corta para presentarla en Roma, y tienen también en preparación una exposición que luego se llevará a España.
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