El Festival de San Sebastián premia al director navarro Mikel González Beorlegui por un corto sobre la ELA
A sus 24 años el cineasta obtiene el primer premio en la nueva sección dedicada a los cortometrajes de temática social


Actualizado el 28/09/2024 a las 10:04
Había hecho antes algunos cortometrajes más pequeños, más caseros, pero Mikel González Beorlegui tiene claro que 'Antón' es el primero que ha dirigido de un modo y con una factura más profesional. En apenas dos días el director pamplonés redujo su duración de 18 a 10 minutos para competir en la nueva sección que ponía en marcha este año el Festival de San Sebastián. González recibió la convocatoria de este nuevo apartado que se llama Cortometrajes Loterías (creado por el certamen junto con las Loterías del Estado), una sección dedicada a los cortometrajes de temática social, y pensó que su historia en torno al ELA y a la fragilidad humana encajaba bien ahí.
“No nos esperábamos para nada ser seleccionados, competíamos contra muchísimos otros cortos y muchísimos profesionales con una trayectoria importante”, señala González. No solo les seleccionaron, sino que el pasado lunes subía al escenario a recibir el primer premio de la nueva sección de manos de Emma Suárez, la presidenta del jurado. “Fue una alegría y una emoción muy inesperada, y también una motivación para seguir haciendo cosas”, asegura. “Estar ahí con la gente, que todo el mundo te pregunte por el corto, cuando no estás acostumbrado a que nadie lo haga... Fue increíble”, relata el director y guionista pamplonés. “Lo que más me llenó es que muchísima gente nos vino a decir que le había gustado, que se había sentido identificada o que le había recordado a un momento familiar o una situación; yo escribo para conseguir eso, para conseguir remover al espectador”, asegura.


Antón nació hace un par de años a raíz de una noticia que el cineasta leyó sobre la Esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Empezó a documentarse y descubrió que el 95% de las personas que padecen esta enfermedad no pueden permitirse un cuidador. “Ahí encontré el tema de las dinámicas familiares y lo complejo que puede llegar a ser una enfermedad dependiente”, explica. La película traslada al espectador la situación de Antón, un hombre mayor que tras recibir el diagnóstico de que tiene ELA decide ocultárselo a su hija, que vive en el extranjero.
Todo el corto se desarrolla prácticamente en una casa que buscaron por plataformas de alquiler. Finalmente la encontraron en Beinza-Labayen. “No estaba preparada para rodar ni nada, simplemente contactamos con los dueños, les contamos el proyecto y les gustó y la alquilamos para rodar durante tres días”, explica el director. El corto lo rodaron con los mínimos recursos y la casa posibilitaba además ahorrarse el alojamiento del equipo porque volvían a Pamplona al terminar cada jornada.
El actor protagonista lo encontró en Sevilla, Juan Carlos Sánchez. “Es un hombre maravilloso que lleva toda la vida dedicada a la interpretación, al teatro, ha fundado una escuela de teatro y fue la primera opción que tenía en la cabeza, estoy super agradecido con él”, apunta. La hija, por su parte, está interpretada por la pamplonesa Noelia García Rueda.
La primera vocación de Mikel González Beorlegui fue la fotografía. Más tarde descubrió que la fotografía en movimiento era mucho más potente para contar historias, y se empezó a fijar en las películas, en los planos, en los movimientos de cámara, el color o la estética en general. “Fue un proceso descubrir películas que me emocionaban o que me llenaban, que me movían por dentro”, asegura. “Ahí es donde dije: ‘Me encantaría conseguir esto, hacer o expresar algo o contar una historia que mueva a los demás”, dice.


Cuando acabó Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra tenía claro que se quería dedicarse a contar historias, pero no sabía desde qué punto. “Siempre me ha llamado mucho la atención la dirección de fotografía, el contar historias a través de la luz, de los planos, de los movimientos de cámara, pero por otro lado también siempre me ha encantado escribir, contar historias también de esa forma, a nivel de un guion”, comparte. Y como no sabía muy bien por dónde tirar, decidió hacer las dos cosas. Se formó primero en la ESCAC en Barcelona, a nivel más técnico, en un posgrado de dirección de fotografía, de cámaras e iluminación, y ya trabajado en rodajes, pero a la vez nunca ha dejado de escribir.
“Nunca he tenido prisa, pero sí he tenido la vocación y la ambición de no parar, levantarme por la mañana y estar pensando ideas, estar pensando todo el día”, señala. Lo que se ha dado cuenta es de que siempre le salen historias humanas y sociales. Hay muchas películas que le han marcado. 'La eternidad y un día', de Theo Angelopoulos o 'Amor' de Michael Haneke, por ejemplo. Y hoy observa que lo que prima es el entretenimiento, que ve bien, pero a él le van más los dilemas humanos, lo que emociona.
En la universidad, además, conoció al colectivo El Rayo Verde. “Aparte de compañeros de profesión, que estamos en el mismo punto, son amigos míos que hemos coincidido en la carrera, que también están creciendo a nivel personal, haciendo sus proyectos, estamos todos empezando, con muchísimas ganas y motivación de hacer cosas sin parar”, explica. Cuando escribió Antón se lo presentó a ellos y les dijo que le encantaría que lo produjeran.
González tiene varios cortos escritos que le encantaría sacar adelante. “Obviamente también me encantaría escribir un largometraje, pero tampoco tengo prisa porque estos procesos son lentos y merecen la pena hacerlos con calma y hacerlos bien”, explica. Antes, espera mover Antón, porque no lo han distribuido ni mandado a festivales aún. El primero sitio donde se ha visto ha sido en San Sebastián, el festival que lo ha lanzado. El segundo premio de la nueva sección además también fue a parar a una producción de animación navarra, Cafuné, dirigida por Carlos F. de Vigo y Lorena Ares, de los estudios pamploneses Dr. Platypus & Ms. Wombat.
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